Camboya ajusta cuentas con los jemeres rojos


Los jemeres rojos usaron como centros de tortura antiguos templos budistas|Jerry Redfern

Los jemeres rojos usaron como centros de tortura antiguos templos budistas|Jerry Redfern

Kaing Guek Eav, alias Duch, toma asiento dentro de las frías y cavernosas salas del tribunal que le juzga. Un espeso muro de cristal separa a este anciano de una audiencia en su mayor parte demasiado joven para recordar el régimen de terror de Pol Pot. El juicio determinará si Duch es el responsable de la muerte de al menos 12.000 prisioneros que estaban bajo su mando en el centro de torturas de Tuol Sleng.

“Por favor, dejen una ventana abierta para que pueda encontrar el perdón”, pide en el comienzo del mayor juicio de este tipo celebrado en Camboya. “Estoy muy arrepentido y muy avergonzado”. Durante el régimen comunista de los Jemeres Rojos, entre 1975 y 1979, el país perdió cerca de un millón de sus habitantes por ejecución, enfermedad, exceso de trabajo o hambre.

Un joven estudiante de periodismo, Chan Soratha, está escribiendo su tesis universitaria en relación con el juicio. Por ello ha realizado una encuesta entre varios cientos de profesores de enseñanza secundaria con preguntas básicas, como el nombre del tribunal y el principal acusado. “La mayoría de los profesores se negaron a contestar a mis preguntas”, dice Soratha. Pero algunos docentes le dijeron a Chan Soratha que en cierto modo envidiaban a Duch, ya que recibe buena comida, tiene aseos limpios y unos sitios decentes donde vivir. “Mientras, las víctimas están en la calle”, le comentaron.

Poco seguimiento

El mundo ha esperado tres décadas para escuchar a Duch, aunque muy pocos camboyanos aseguran estar siguiendo el juicio. “A la mayor parte de las personas no les importa porque están muy ocupadas con sus vidas”, dice Ly Bun Hai, un agente de policía en un pueblo pesquero próximo a los templos de Angkor.

Es una sensación generalizada. Camboya es un país habitado mayoritariamente por agricultores y pescadores, muchos de ellos en el umbral de la pobreza. Cubrir las necesidades básicas es la primera prioridad, ya que la renta per cápita anual no supera los 1.600 euros. Casi el 70 por ciento de la población ha nacido después del régimen del Jemer Rojo, y muchos de ellos saben poco o nada sobre esos años. Además, ese periodo no se suele estudiar en las escuelas.

La batalla por la supervivencia diaria es una larga lucha de generaciones de camboyanos entre décadas de guerra y paz. “Luché contra el Jemer Rojo”, dice un veterano de 46 años llamado Sok Samat que recuerda los frentes de batalla de una guerra civil que se alargó 19 años. “Pensaba que tenía que disparar a los jemeres. Si yo no disparaba, ellos me disparaban a mí. Disparaba un montón”. Son recuerdos duros para Sok Samat, si bien dice que “lo tuve que hacer para proteger mí país”.

Estos días Sok Samat sólo piensa en necesidades más inmediatas y de una naturaleza bien distinta. “Sólo pienso en conducir mi moto-taxi y en mantener a mi familia”. En principio está a favor del tribunal, aunque quiere que se enfrenten a un juicio “todas las personas que estuvieron conectadas con los Jemeres Rojos”.

Duch ha dicho ante el tribunal que una consigna fundamental del Jemer Rojo era “aplastar a la clase opresora”. Hoy en día, la sociedad camboyana vuelve a estar dividida entre quienes tienen dinero y la gran mayoría que “no tiene comida y no tiene tierra”, según afirma el monje Muny Van Saveth.