El miedo llega impreso en Colombia


Bogotá (COLOMBIA) - Recibir un panfleto con amenazas causa pánico en Colombia, un país que en la últimas cuatro décadas ha sufrido la violencia del ejército,  la guerrilla, el narcotráfico y los paramilitares. En un nuevo intento para aterrorizar a la población se han distribuido 100.000 textos amenazantes, sin que hasta ahora se conozca el autor.

Anderson Cárdenas es un profesor y activista de los derechos humanos de Soacha, barrio pobre del sur de Bogotá. Recientemente, recibió un mensaje con la silueta de un hombre disparando una ametralladora. En el papel se podía leer: “ha llegado la hora de la limpieza social. No seas una de sus víctimas”.  Anteriormente, había recibido las mismas palabras en un e mail.

“Se trata de una situación de miedo total”, dice Fernando Escobar, trabajador de derechos humanos. Las amenazas tienen especial gravedad, porque 19 jóvenes desaparecieron en Soacha en enero de 2008. Los cadáveres fueron encontrados pocos días después. Las víctimas habían sido  calificadas como “bajas en combate”, término usado para asociar a los fallecidos con la guerrilla.  Posteriormente, se supo que se trataba de ejecuciones extrajudiciales a cargo del ejército y que los fallecidos no tenían relación con los grupos terroristas. La investigación, todavía abierta, costó el cargo al jefe de los militares de Colombia y a 27 oficiales. El diario colombiano El Espectador acusó a los soldados de cometer los asesinatos para lograr unos días extra de vacaciones.

“Horas contadas”

Las nuevas amenazas aconsejan no estar en la calle a partir de las diez de la noche. Intentan asustar a los jóvenes, drogadictos, prostitutas, ladrones y vagabundos. El mensaje para las personas de “baja moral” es que “sus horas están contadas”.  El final del texto es todavía  más siniestro: “No somos responsables si mueren inocentes”.

Los sospechosos de intentar esparcir el miedo son los paramilitares y la guerrilla. Según Ascanio Tapias, representante del turno de oficio de los abogados de Bogotá, la mayor parte de los mensajes llevan el emblema de las Águilas Negras, un grupo que recogió el testigo de los paramilitares desmovilizados recientemente. Además, Tapias señala que los cerca de 100.000 panfletos están llegando a zonas de Colombia en los que nunca se habían recibido.

Por ejemplo, Raúl Montana, un estudiante universitario, recibió el texto en su casa de El Carmen, un barrio del sudoeste de la capital. En total, los mensajes han llegado a más de 16 estados del país suramericano. “Las amenazas están coordinadas a nivel nacional”, comenta Fanny Morales, una coordinadora de ONG en Cazuca, otro de los barrios pobres que junto a Ciudad Bolivar y Soacha son presa del pánico.

En un paseo por una calle sin asfaltar de Cazuca,  el visitante encuentra una lista de nombres. Morales explica que dos jóvenes han sido asesinados después de que su nombre se hiciera público.  Sin embargo, Escobar no ha encontrado  relación entre las muertes y las listas. Los asesinatos son algo habitual en estos barrios, comenta.  De cualquier manera, este luchador por los derechos humanos explica que la gente ha reaccionado volviendo antes a casa y evitando estar en la calle.

Es el caso de Blanca Nubia. No deja volver a su hija de 17 años más tarde de las siete de la tarde desde el día en que la menor regresó con un panfleto. Su objetivo es no perder a otro familiar, después de que uno de sus vástagos -de 19 años- desapareciera y su vida acabara a manos de los militares.