España volverá a una cumbre del G-8 siete años después de la foto de Aznar


Silvio Berlusconi, primer ministro italiano y anfitrión de la próxima cumbre del G-8, que reúne a los líderes de los países más industrializados del mundo, ha invitado a José Luis Rodríguez Zapatero a participar, así como también al primer ministro holandés así como seis economías emergentes. La reunión tendrá lugar entre los días 8 y 10 de julio.

Aunque no han trascendido los motivos de la invitación, podría deberse al papel que asumió el Gobierno español al inicio de la crisis financiera mundial mediante otra invitación, en aquella ocasión a las reuniones del G-20; no obstante, fuentes diplomáticas señalan a la colaboración española en l’Aquila, escenario donde tendrá lugar la reunión y donde hace meses tuvo lugar un terremoto que mató a centenares de personas, como motivo real de la invitación.

En cualquier caso, la decisión de Berlusconi ha llamado la atención debido a que las relaciones diplomáticas entre ambos países no han sido fluidas desde que Roberto Maroni, ministro del Interior italiano, dijo que los gitanos estaban emigrando “a la España más permisiva de Zapatero” a causa de las medidas tomadas contra los inmigrantes por el Ejecutivo transalpino.

Además, los intereses de España e Italia chocan frontalmente en el G-8 ya que cuando hace años el PIB español superó al italiano, algo que negó el entonces primer ministro Prodi aunque luego lo confirmaron las autoridades europeas, algunos sugirieron que nuestro país les sustituyera en el selecto grupo, algo que ya hizo el ex presidente José María Aznar.

Fotografía: Aznar con el G-8 en 2002 (Archivo).

Esta será la segunda ocasión en la que España esté presente en una cumbre del G-8. La primera vez tuvo lugar, precisamente, bajo presidencia de Aznar, cuando participó en una reunión en Estados Unidos, pero no como invitado por España sino porque nuestro país ocupaba la presidencia de turno de la Unión Europea.

De aquella cumbre, celebrada en julio de 2002, se recuerda fundamentalmente la imagen del entonces presidente del Ejecutivo español sentado junto a George W. Bush, ex presidente de EEUU, ambos con los pies sobre la mesa y fumando un puro. Las relaciones entre ambos países gozaban de muy buena salud gracias al apoyo que el Ejecutivo popular brindaba a la Casa Blanca respecto a la invasión de Irak, relación que se esperaba que propiciara la entrada definitiva de nuestro país en el club de principales potencias del mundo, algo que no sólo preocupó a Aznar, sino también al propio Zapatero.