La estudiante de la UR Ainhoa Reyes obtiene la suficiencia investigadora y el título de DEA para desarrollar su tesis

LOGROÑO, 28 (EUROPA PRESS) La estudiante de Doctorado del Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad de La Rioja (UR), Ainhoa Reyes, ha obtenido la suficiencia investigadora y el Diploma de Estudios Avanzados (DEA) tras la defensa de su trabajo titulado 'Relaciones entre Japón y Europa (siglos XVI y XVII)' en el que revisa la historiografía de esta relación entre el país del sol naciente, Portugal, Inglaterra, Holanda e, incluso, España entre 1543 y 1641. Según se indica en una nota, esta estudiante, mejor expediente de su promoción como licenciada en Humanidades en el curso 2006-2007, obtiene así la suficiencia investigadora para desarrollar su tesis doctoral. El trabajo ha sido dirigido por José Luis Gómez Urdáñez, catedrático de Historia Moderna de la UR. LLEGADA DEL PRIMER EUROPEO A JAPÓN En 1543, a bordo de una pequeña embarcación china, llegaba el primer europeo a Japón. Apenas cuatro años más tarde, San Francisco Javier escribía maravillado que era aquella tierra tan contraria a la europea que parecía que el Señor se había esforzado en la creación de un país totalmente opuesto al mundo que el navarro conocía. Aquellas tierras que tanto entusiasmaron al jesuita y a cientos de misioneros, comerciantes, marineros y diplomáticos occidentales se hallaban agitadas entonces por un conflicto civil que había de durar más de un siglo, y que provocó una total transformación en las estructuras políticas, sociales y económicas. Los portugueses habían irrumpido en una de las eras más importantes de la historia japonesa, alterando el equilibrio de poder entre los señores feudales de Japón gracias a un trato comercial que iba siempre unido a la predicación evangélica. EL INTERÉS DEL IMPERIO ESPAÑOL Los españoles no tardaron en surcar las olas del Océano Pacífico, y desde su base filipina algunos de los gobernadores de Manila no dejaron de soñar con la posibilidad de conquistar por la fuerza todo Oriente, lo que incluía el imperio chino, Japón y las míticas islas Rica en Oro y Rica en Plata, conocidas como El Dorado Oriental. Al tiempo que el Imperio de Felipe II alcanzaba sus mayores cotas de expansión, el dirigente japonés Toyotomi Hideyoshi trazaba una agresiva política de conquista en el Pacífico, que provocó los primeros contactos oficiales entre Japón y España. Era el tiempo de las dobles embajadas, el espionaje, las conjuras, y la primera vez que los españoles sintieron auténtico pánico por el poderío militar de un enemigo que consideraban claramente superior en fuerza y técnica militar. Por ello, desde Manila jamás se les ocurrió planear una campaña de represalia cuando comenzaron a ser crucificados misioneros europeos o japoneses cristianos. SIGLO XVII La muerte de Hideyoshi dio paso a un breve lapso de anarquía y confusión zanjada por Tokugawa en la batalla de Sekigahara de 1600. A partir de entonces, los cristianos comenzaron a reunirse en torno al bando de Hideyori, hijo de Hideyoshi, legítimo heredero al puesto de sogún, que había sido usurpado por Tokugawa. Este último supo aprender de la historia más inmediata, y comprendió que el manejo de los nanban (literalmente, "Bárbaros del Sur", nombre que recibieron los europeos) podía determinar la política interior japonesa. Abrió las puertas de Japón al comercio de ingleses y holandeses, cuyos mercaderes no iban acompañados de ministros de Dios, tal como ocurría con españoles y portugueses. Logró que ingleses y holandeses enseñaran a su pueblo cartografía, y el arte de construir grandes embarcaciones y de surcar los océanos, con la idea de emplear dichos barcos en comerciar directamente con América prescindiendo de los españoles, que siempre fueron sospechosos de expandir su imperio por las islas japonesas, especialmente aquellas cuyo subsuelo estaba cargado de plata. EL PELIGRO DEL CRISTIANISMO A partir de 1614, y más aún tras la campaña de Osaka de 1615, Tokugawa se convenció de que el cristianismo era letal para su proyecto político. Conocía la deslealtad a su persona por parte del bando del cristiano Hideyori, fue advertido por holandeses e ingleses del peligro español, y entendía que el cristianismo minaba las bases tradicionales de la religiosidad japonesa, lo que repercutía negativamente en la legitimidad de su cargo. Como consecuencia de una estrategia política, el cristianismo fue prohibido bajo pena de muerte, lo que provocó el martirio de miles y miles de personas. A partir de 1641, Japón permaneció casi hermético frente al resto del globo hasta su reapertura en la Era Meiji, en 1853. FRACASO DE UNIÓN El impulso evangelizador unido al espíritu de conquista español que tan buenos resultados había dado en América, junto a una diplomacia desastrosa, no hizo posible la unión de dos grandes imperios que, de haber finalizado con éxito, podía haber provocado un vuelco en la historia de la Humanidad. Por ello, el fenómeno merece ser estudiado con rigor científico, ampliar el conocimiento histórico con nuevas aportaciones documentales y la comprensión de un fenómeno mundial desde una perspectiva no local, pues para nuestros intereses, lo importante es que los nanban llegaron en uno de los momentos históricos más cruciales de la historia nipona y nos permitieron un conocimiento que exige, de una vez, una nueva interpretación abierta al fenómeno mundial que se estaba produciendo en los siglos XVI y XVII.