La jungla de motos de las ciudades vietnamitas se ensaña con los niños

  • Ho Chi Minh (Vietnam), 24 mar (EFE).- Ho Chi Minh y otras grandes urbes de Vietnam son una peligrosa jungla para los niños que viajan de pasajeros en los millones de motocicletas que se adentran en sus calles, donde a diario pierden la vida unas diez criaturas por no llevar casco.

La jungla de motos de las ciudades vietnamitas se ensaña con los niños

La jungla de motos de las ciudades vietnamitas se ensaña con los niños

Ho Chi Minh (Vietnam), 24 mar (EFE).- Ho Chi Minh y otras grandes urbes de Vietnam son una peligrosa jungla para los niños que viajan de pasajeros en los millones de motocicletas que se adentran en sus calles, donde a diario pierden la vida unas diez criaturas por no llevar casco.

Han, una niña de ocho años, viajaba con sus padres en ciclomotor, cuando un motorista ebrio les arrolló y segó la vida de la criatura en el acto.

Los padres, que portaban casco, sobrevivieron a la colisión, pero no Han, que iba desprotegida "para que no se le estropeara el peinado".

La muerte de Han ilustra la matanza que casi a diario se produce en las congestionadas calles de las ciudades vietnamitas, donde la moto es casi un símbolo nacional.

Las estadísticas oficiales aseguran que más de 5.000 niños pierden la vida anualmente en el país indochino a causa de los accidentes de tráfico, una cifra que la Asociación Asiática de Prevención de Lesiones considera que se queda corta.

"Sólo cuentan los que fallecen en el acto y en los hospitales. La realidad es que, a menudo, las clínicas están saturadas. Les envían a sus casas y mueren allí porque no estaban recuperados del accidente. Pensamos que la cifra es en realidad dos veces más alta", explica Mirjam Sidik, directora ejecutiva de la asociación.

De acuerdo con esta organización, muchas de estas tragedias cotidianas se evitarían con una medida tan sencilla como el casco, protección que únicamente portan cerca del diez por ciento de los pequeños y el dos por ciento de los menores de tres años.

El problema no es baladí en un país de 86 millones de habitantes en el que a finales de 2008 había registradas 25,4 millones de motocicletas, el medio de transporte por excelencia.

Durante el día, hordas de ciclomotores se mueven por las caóticas calles de las grandes urbes como Ho Chi Minh, donde residen siete millones de personas; o Hanoi, la capital, con 3,5 millones de habitantes.

A cualquier hora, resulta habitual ver subidas en una misma moto a familias de cuatro ó cinco miembros, casi todos ellos sin el casco protector.

En Vietnam, el empleo del dispositivo es obligatorio para los adultos desde diciembre de 2007, pero conseguir implantarlo entre los más pequeños se antoja difícil si la legislación no lo impone.

"Antes de que entrara en vigor la ley, ni siquiera el diez por ciento de los adultos llevaba casco. Pero de la noche a la mañana, todo el mundo se lo puso", explica Sidik, habituada a escuchar excusas como que "estropea el peinado" o "da una apariencia estúpida".

Antes de que las autoridades declararan obligatorio su uso para los adultos, algunos padres protegían la cabeza de sus hijos con el casco, pero dejaron de hacerlo cuando creyeron la teoría difundida por la prensa local de que el excesivo peso de la cobertura podía provocar daños en la columna del niño.

"Fue un rumor que se expandió a raíz de un artículo periodístico. El periodista intentó corregirse después, pero fue demasiado tarde. La realidad es que existen cascos especiales para niños, ligeros y resistentes", asegura la directora de la asociación.

Nguyen Hoa, maestra de enseñanza primaria, explica el negativo efecto que supuso el artículo publicado en los medios locales.

"Recuerdo que cuando salió la ley, todos los niños venían con el casco y, después de dos semanas, dejaron de traerlo. Solía tener discusiones con mis compañeras, que dicen que el casco es malo para los niños porque pesa mucho o porque da calor. Para mí es incomprensible que no lo lleven, quizá le suponga mucho gasto a una familia comprar uno para cada hijo", explicó.

El vacío legal es otra de las causas de que no lo lleven, dado que la normativa establece que todo pasajero de una motocicleta debe ponerse el casco, pero no especifica a partir de que edad es obligatorio y descarta la sanción policial para el menor de 14 años o el conductor del vehículo en el que vaya como pasajero.

Es decir, que el casco es obligatorio para todos, pero no es posible hacer cumplir la ley a los menores.

"Muchos padres creen que no es necesario porque la Policía no les dice nada", apunta Sidik.

A la espera de que el Gobierno modifique la ley, la AIPF lleva a cabo diversas campañas en las escuelas para inculcar su uso.

"Hemos desarrollado un casco especial que se adapta a la cabeza de los niños asiáticos", afirma Sidik, que se declara satisfecha con la respuesta de los niños, aunque reconoce que le queda la tarea más ardua por delante: convencer a los padres.

Antonio Romeo