Los efectos insospechados de la ketamina


La ketamina goza de gran popularidad entre los jóvenes en Asia | Reuters

La ketamina goza de gran popularidad entre los jóvenes en Asia | Reuters

LONDRES – En septiembre de 2006, Peggy Sau-Kwan Chu, uróloga del hospital Tuen Mun de Hong Hong, vio a un paciente de unos 30 años que se quejaba de serios problemas de vejiga. Los síntomas incluían dolor al orinar, incontinencia y ganas de ir al baño cada 15 minutos. El mismo paciente le comenta, sin darle mayor importancia, que durante los últimos 10 años había consumido ketamina (lea el primer reportaje sobre esta sustancia que legalmente sirve de anestésico para caballos)

Dos meses después, unos recién casados –él de 25 y ella de 22 años- llegaron con síntomas similares. Chu, que sospechaba la influencia de factores ambientales, les preguntó si habían crecido en la misma zona, pero la respuesta fue negativa. Tampoco eran primos, lo cual descartaba un posible problema genético. Sin embargo, ambos había consumido ketamina por un tiempo prolongado.

Sintoma común

Chu, ya con la corazonada de que la ketamina (una droga también conocida como K y Special K, entre otros nombres) era la causa del problema, habló con otros urólogos de Hong Kong y descubrió que ellos también se estaban encontrando con jóvenes con síntomas similares, propios de la cistitis. A través de una clínica de rehabilitación, Chu envió una encuesta a 97 ex consumidores de ketamina para saber si padecían los mismos síntomas: un 30 por ciento lo confirmó.

"Fue entonces cuando me di cuenta que algo no estaba bien", declara Chu, que presentó el mes pasado un estudio sobre el tema en un encuentro de la Asociación de Urología de EEUU, en Chicago. Chu descrubrió que el uso frecuente de ketamina en altas dosis provocaba la inflamación de la vejiga. También la resecaba y reducía su musculatura, con lo cual no podía contraerse correctamente.

Cuando Chu y sus colegas publicaron el estudio, rápidamente comenzaron a recibir llamadas de urólogos de todo el mundo que se habían encontrado con pacientes con síntomas similares. El uso de la ketamina –y los problemas de salud que provoca- aumentan en todo el mundo.

En el 2001, sólo dos países declararon tener personas con ataques por ketamina (que puede ser inhalada, inyectada o ingerida en pastillas) mientras que en el 2006 la cifra llegaba a 20, entre ellos países como Argentina, Australia o Canadá. En Asia, su consumo está particularmente extendido y se han registrado pacientes con problemas en China, Hong Kong y Taiwán.

"La ketamina aumenta mucho en algunas partes del mundo y en otras tiene mucho potencial, pero simplemente no tenemos toda la información", afirma Jeremy Douglas, de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD). "Tenemos que prestarle atención y seguir el rastro".

La ketamina circula con gran facilidad porque en países como la India se compra sin receta médica. Normalmente se usa como tranquilizante para los caballos y en algunos países en desarrollo se utiliza en el quirófano porque es relativamente más barata que otros anestésicos.

Fácil de transportar

La sustancia atraviesa las fronteras en forma de líquido sin gran complicación ya que es incolora e inodora. Ha habido casos en que los traficantes la introducen de manera líquida en algún país con el argumento de que es agua de rosas o aceite para masajes. La preocupación internacional es tal que el año pasado la ONUDD lanzó el programa SMART, para analizar, supervisar y registrar las tendencias de las drogas sintéticas y ayudar a los gobiernos a informarse y rastrearlas.

"Se puede hacer mucho dinero con la ketamina, que proviene o se desvía de la industria farmacéutica tradicional, [de modo que] no está claro el interés del sector farmacéutico y los gobiernos por regularla", declara Douglas, director de SMART. "Como existen muchos mercados en los que la ketamina no está regulada, los traficantes sólo necesitan desviar una parte del comercio legal; y al final pueden ganar mucho más dinero con un consumidor en Londres que con su uso quirúrgico en Malawi".

Resulta irónico que los grandes consumidores de ketamina tengan que someterse a una cirugía para extirparles la vejiga, como ha sucedido en cientos de casos en el mundo. David Gillatt, urólogo de Bristol, en Gran Bretaña, dice que últimamente ve al menos un paciente a la semana con problemas de vejiga relacionados con el consumo de ketamina.

"La cirugía afecta el control urinario, puede conducir a incontinencia, obligar a usar una bolsa de colostomía e incluso puede afectar la vida sexual", explica Gillatt. "No es un problema grave si se tienen 65 años, pero cuando se extirpa la vejiga a los 25, es probable que esta gente tenga enormes problemas en el futuro".

Karen Joe-Laidler, socióloga de la Universidad de Hong Kong que ha investigado el uso de la ketamina, indica que las autoridades tendrían que crear grupos de trabajo para educar a la población sobre este problema.

"Uno de los programas de mayor éxito en Hong Kong fue obra de un doctor que envió a trabajadores sociales a las discotecas para que repartieran folletos invitando a realizarse un control rutinario", explica. Cuando los pacientes se presentaban para el examen, se aprovechaba la oportunidad para que trabajadores sanitarios les explicaran las consecuencias del consumo de drogas.