Los indígenas de Ecuador buscan una compensación millonaria de la petrolera Chevron por vertidos tóxicos


Las comunidades indígenas dicen que los vertidos han afectado gravemente a su entorno | Reuters

Las comunidades indígenas dicen que los vertidos han afectado gravemente a su entorno | Reuters

BOGOTÁ (Colombia) — En el medio de la selva amazónica está a punto de concluir una larga batalla judicial de 15 años entre Chevron y un grupo de ecologistas ecuatorianos que buscan la mayor compensación en la historia en un caso de este tipo.

Los demandantes, representados por abogados ecuatorianos y estadounidenses, dicen defender los intereses de  30.000 residentes de la región amazónica ecuatoriana, en el noreste del país. Sostienen que la producción petrolera de Texaco, que operó en Ecuador entre 1964 y 1990 y que fue adquirida por Chevron en 2001, envenenó sus tierras, ríos y aguas freáticas con productos tóxicos. También indican que la contaminación obligó a las comunidades indias a abandonar sus tierras y produjo un incremento de los casos de cáncer y abortos espontáneos.

Son miles de millones de dólares los que están en juego en un juicio que se desarrolla en una humilde sala del tribunal de Lago Agrío, un pueblo en la frontera con Colombia que se ha beneficiado del auge del petróleo. Si Chevron pierde, podría verse obligada a pagar hasta 27.000 millones de dólares (cerca de 20.000 millones de euros) en indemnizaciones.

“En este momento, se trata probablemente del peor caso de contaminación por petróleo de todo el planeta”, declara Steven Donziger, un abogado de Nueva York que representa a los demandantes y que ha realizado más de 100 viajes a la zona.  “Es horrible y es, por lo menos, 30 veces más grande que el vertido del Exxon Valdez (derrame de un petrolero en Alaska en 1989)”, afirma en una entrevista telefónica.

Chevron, que no tiene operaciones en Ecuador, argumenta que Texaco realizó una profunda limpieza de 160 áreas de evacuación de desechos en los años 90, en los que gastó 40 millones de dólares (30 millones de euros). La petrolera quedaba así eximida por el gobierno ecuatoriano de cualquier responsabilidad futura por daño ambiental.

Acusaciones de fraude

Chevron se presenta como la víctima de abogados oportunistas, un sistema judicial corrupto y del presidente ecuatoriano Rafael Correa, un hombre de izquierdas que no ha tenido pelos en la lengua para hablar contra la petrolera y que recientemente ha sido reelegido.

“Esto es un fraude”, afirma Donald Campbell, portavoz de Chevron, durante una entrevista reciente en Bogotá. “Es producto de un pacto ilícito entre el presidente de Ecuador y los abogados estadounidenses que esperan sacar  tajada del caso”.

Texaco comenzó a perforar en el Amazonas ecuatoriano en 1964 y encontró petróleo tres años más tarde. En 1972 se inició la producción a gran escala tras la creación de un consorcio con la petrolera estatal ecuatoriana, conocida posteriormente como Petroecuador. Si bien Texaco era el socio minoritario, la multinacional estaba a cargo de las operaciones y, por lo tanto, era la responsable de las decisiones importantes, afirman los demandantes.

A lo largo de los años, Texaco produjo unos 1.700 millones de barriles de crudo, pero la mayor parte de los beneficios quedó en manos del gobierno ecuatoriano. En la actualidad, Ecuador es uno de los principales exportadores de América Latina y el petróleo representa casi la mitad de sus ingresos por exportación.

Sostienen que entre 1967 y 1990 Texaco vertió directamente en las tierras y ríos del noreste de Ecuador más de 26.000 barriles de crudo, miles de millones de galones de aguas tóxicas y todos los desechos de las actividades de perforación. La empresa contaba en el área con 356 pozos petroleros.

Según un informe de Richard Cabrera, un experto designado por el tribunal, una gran parte de los desechos acabó en 900 pozos sin permeabilizar, que filtraban químicos tóxicos como el bario, benceno y tolueno en la selva y las reservas freáticas.

Cabrera señala en su informe que las tasas de cáncer y abortos espontáneos eran más altas de lo normal entre la gente que vivía cerca o en los terrenos de la concesión de Texaco. Los ejecutivos de Chevron cuestionan enérgicamente ese argumento y afirman que expertos independientes determinaron que la tasa de cáncer no es mayor en la región amazónica que en el resto del país.

El caso ha llamado la atención mucho más allá de las fronteras de Ecuador. El 28 de abril, Jim McGovern, representante demócrata por Massachusetts,  organizó una audiencia en el congreso para analizar el tema. “Lo que encontré fue espantoso, un lugar abandonado del tamaño del estado de Rhode Island en el Amazonas ecuatoriano, lleno de desechos tóxicos”, afirmó  McGovern.

“Estuve con una comunidad indígena que se había trasladado tres veces para tratar de escapar de la contaminación del crudo. La polución está matando los peces, los ánimos, las plantas medicinales y enfermando a la comunidad, incluyendo a los niños. A pesar de los traslados, no han podido escapar de las repercusiones del petróleo”, declaró el representante.