Los productos químicos llegan hasta el último rincón


Los osos de peluche que Barack Obama recibió como regalo para sus hijas pueden llevar productos químicos nocivos para la salud | Reuters

Los osos de peluche que Barack Obama recibió como regalo para sus hijas pueden llevar productos químicos nocivos para la salud | Reuters

GINEBRA (Suiza) — Mientras usted se preocupa por la transmisión de la nueva gripe, quizás esté pasando por alto los peligros que le acechan ya en el propio salón de su casa, según se desprende de lo visto en la Conferencia Internacional sobre la Gestión de Productos Químicos celebrada la pasa semana en Ginebra, Suiza.

Un amplio abanico de nuevas amenazas, desde nanotecnologías experimentales (elementos microscópicos) hasta sustancias químicas inusuales utilizadas en microprocesadores y ordenadores portátiles, pueden resultar letales para la salud. “Están en todo lo que nos rodea”, asegura Matthew Gubb, coordinador del secretariado del Acercamiento Estratégico al Manejo de Productos Químicos (SAICM en sus siglas inglesas), organizador del evento.

Desde comienzos del siglo pasado se han firmado unas 200 convenciones internacionales sobre el uso de los productos químicos. En la reunión de Suiza, a la que acudieron 140 gobiernos, 60 organizaciones no gubernamentales, 20 organismos internacionales y los presidentes de ocho de las principales compañías químicas mundiales, se intentó dar el primer paso para establecer unos estándares universales sobre estos productos. La medida resultaría de particular importancia para los mercados emergentes, que en muchos casos siguen usando químicos peligrosos que ya han sido descartados en el mundo desarrollado.

Amplitud de productos

Los niños en los países en desarrollo son particularmente vulnerables a los efectos de los químicos peligrosos, pero estas sustancias también pueden aparecer casi en cualquier producto comercializad,o gracias a la economía globalizada. Ese adorable oso de peluche que ha comprado para su hijo quizás sea de una marca norteamericana, pero los componentes que se utilizaron para fabricarlo fácilmente podrían proceder de China, México o de cualquiera de las economías emergentes, cada una con sus propios puntos de vista sobre lo que significa riesgos para la salud. La reciente alarma sobre los juguetes hechos en China recubiertos con pintura de plomo es sólo un ejemplo.

“La realidad es que cuando compras un juguete en una tienda no tienes ni idea de dónde provienen sus materiales”, explica Alexandra Caterbrow, de Women in Europe for a Common Future, una ONG que está presionando a los gobiernos para que se endurezcan los controles y la transparencia en el etiquetado de productos. Caterbrow asegura que algunos de estos químicos pueden producir efectos negativos como agudizar el autismo de un niño o dañar su sistema endocrino. El problema, indica, es que cuando se establecen las restricciones, a continuación también se establecen excepciones, y a menudo éstas se basan en factores que no tienen nada que ver con evidencias científicas.

La nanotecnología más reciente, que se basa en moléculas modificadas que pueden llegar a ser 50.000 veces más pequeñas que un pelo humano, plantea también nuevos peligros. La nanotecnología promete avances milagrosos en todo tipo de productos, como filtros portátiles para el agua, cristales que pueden eliminar la contaminación por arsénico en los pozos o prendas de vestir que repelen la suciedad. Un ejemplo un tanto frívolo pero revelador sobre el potencial de este tipo de avances es la corbata que se limpia por sí misma y que unos fabricantes chinos le regalaron orgullosamente en su día al ex presidente de EEUU George W. Bush.

Ausencia de estudios

Al no haber aún estudios extensos y profundos al respecto, todavía no está claro si las nanotecnologías pueden producir efectos indeseados, especialmente si los países que están experimentando con estas técnicas carecen de los controles rigurosos que se han ido implantando gradualmente en las naciones más desarrolladas. “Dado su tamaño y sus propiedades físicas, existen posibilidades de que estas tecnologías logren entrar en el cuerpo y dañen los órganos humanos”, afirma Leslie Onyon, de SAICM. “Tenemos que conseguir estar al tanto de cuáles son estos químicos y saber en qué productos se utilizan”, añade.

Los químicos inusuales que se utilizan en circuitos electrónicos son también otro motivo de preocupación. En el mundo actualmente hay en torno a 1.500 millones de ordenadores portátiles, y se espera que ese número se duplique en breve. Si bien los vertederos de productos tóxicos son un problema, el reciclaje de los químicos usados en los portátiles más viejos para su uso en modelos nuevos también planeta un problema, porque se está prolongando su peligro potencial.

Transparencia y educación son factores vitales a la hora de decidir qué materiales se usan en la fabricación de productos. La clave está en conseguir que tanto las empresas químicas como el público sepan cuáles son las alternativas disponibles.

Dado que la combinación de materiales es un proceso extremadamente complejo, SAICM (que tiene el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y de la Organización Mundial de la Salud) trabaja para establecer una asociación que reúna a gobiernos, sector privado y organizaciones no gubernamentales, en la que compartan información y puntos de vista, y para que después apliquen el sentido común y su responsabilidad para hacer lo correcto. Mientras tanto, es el consumidor quien tiene que estar alerta y mantenerse informado.

*William Dowell es el responsable de Europa para GlobalPost. Ha sido corresponsal de la revista Time y de NBC, además de productor de ABC News y National Public Radio