Pueblos que desaparecen bajo el agua en Tailandia


Los canales son un motivo de atracción para los turistas que visitan Tailandia|Flickr

Los canales son un motivo de atracción para los turistas que visitan Tailandia|Flickr

Bangkok es una gran urbe basada en una estructura de canales|Flickr

Bangkok es una gran urbe basada en una estructura de canales|Flickr

Las estructuras de edificios ya sumergidos de Khun Samut Jen aparecen con la marea baja|GlobalPost

Las estructuras de edificios ya sumergidos de Khun Samut Jen aparecen con la marea baja|GlobalPost

El cambio climático hace peligrar el modo de vida y las casas de los tailandeses que habitan cerca de ríos y mares|Flickr

El cambio climático hace peligrar el modo de vida y las casas de los tailandeses que habitan cerca de ríos y mares|Flickr

KHUN SAMUT JEEN (Tailandia) — En este pueblo engullido por el mar se ven los estragos por doquier. Las olas golpean los cimientos de las casas abandonadas, medio hundidas en el terreno pantanoso, mientras los percebes se sujetan a postes de teléfono que surgen en medio del mar. Con la marea baja, los peces campan a sus anchas entre las ruinas.

Khun Samut Jeen es una localidad de 1.000 habitantes en retroceso. Es también la prueba siniestra de que el nivel de las aguas está subiendo en Tailandia, y amenaza con hacer estragos en Bangkok, 20 kilómetros al norte. Se calcula que partes de Bangkok podrían estar cubiertas por el agua en el año 2030.

Los efectos del agua en esta comunidad fundada hace siglos han sido estudiados a fondo por investigadores llegados desde la capital, que han construido diques. Las barreras artificiales intentan sustituir kilómetros de vegetación costera destruida y que antes ayudaba a contener el avance del mar.   Los científicos también han dejado la frase lohk rorn, que significa calentamiento global, y que es el causante de que el mar haya invadido el pueblo.

"No sé mucho sobre lohk rorn, pero sí sé que ahora hace un calor endiablado", dice Somkuan Taengurai, de 72 años, madre del líder electo del pueblo. Abanicándose el rostro, se sienta con las piernas cruzadas en el suelo de madera de su casa elevada. Avance del agua

Su casa, al igual que las otras del pueblo, está construida como un palafito, sobre postes de cemento. Su porche delantero es un embarcadero renqueante. Somkuan y su marido, Pramern, han elevado tanto el suelo del salón que las ventanas se abren ahora a la altura de los tobillos. "El mar se ha tragado mucho", dice. "Mucha gente se ha tenido que marchar". Y quienes se han quedado, se tienen que adaptar.

Los habitantes se abren camino hacia el mundo exterior en lanchas motoras, que atraviesan las caldosas aguas marrones de los canales. Al caer la noche, farolillos iluminan las rutas fluviales.

Una frágil red de puentes de madera enlaza los grupos de casas de madera que, elevadas sobre pilares, se acumulan en los pedazos de terreno que sobresalen sobre las aguas. La mayor parte del Khun Samut Jeen vive del marisco. Los más ancianos señalan hacia el lugar en donde se levanta la vieja escuela, que se ve a lo lejos cuando la marea está baja. Más allá, dicen, hay un viejo templo, hoy totalmente sumergido.

A medida que las aguas avanzan, los habitantes simplemente retroceden y vuelven a construir sus casas. Algunas familias se han mudado seis e incluso ocho veces. Todavía tienen los títulos de sus propiedades sumergidas, que pueden verse cuando baja la marea. "De momento no damos ninguna compensación si una propiedad es arrasada por el agua", dice Anond Snidvongs, director del Southeast Asia Regional Research Center. "El gobierno no concede indemnizaciones por las acciones de Dios". Templo a punto de desaparecer

Un templo del pueblo, sin embargo, desafía al mar. Sus cinco monjes budistas se han negado a cambiar de ubicación, y el templo se ha convertido en una isla como de otro mundo, unida a tierra firme por un pequeño camino peatonal que sobresale sobre el agua. "Nunca pienso en irme", dice Phra Athigarnsomnuk Adibanyo, el abad del templo.

Por la noche los monjes duermen sobre plataformas, para evitar el agua. Dentro del templo, manchado de color gris a causa del salitre, el suelo ha tenido que ser elevado varias veces. Al igual que otros muchos habitantes de Khun Samut Jeen, los monjes tienen que agacharse para abrir las ventanas.

Paseando descalzo a lo largo del camino que rodea el templo, el abad muestra el lugar en donde se levantan las barreras artificiales para frenar el avance del mar. Una fue construida por la Universidad de Chulalongkorn, en Bangkok. Otra más nueva la han hecho  albañiles contratados por los monjes gracias a una donación. Pero la mejor defensa, asegura, es la repoblación de los manglares, dice. Destrozados hace tiempo por los habitantes de la zona, los manglares retienen la tierra. Phra Athigarnsomnuk y sus monjes recogen frutos de los árboles y los cultivan en macetas para después plantarlos en los terrenos pantanosos al lado del templo.

"Los investigadores me hablaron del calentamiento global, sobre el hielo de los polos que se derrite y cómo eso hace que el nivel del agua crezca alrededor de nuestro templo", dice el abad. "Lo único que sé es que debo seguir plantando árboles". A medida que cae la noche en Khun Samut Jeen, la marea cambia y avanza el agua. El atardecer provoca destellos dorados sobre las aguas. Incluso los peces, grandes como ratas, comienzan a retirarse antes de que el nivel del mar alcance su punto más alto a medianoche.

"Estamos un poco perdidos, pero no estamos tristes", dice Somkuan, que ha comprado más terrenos tierra adentro. "Seguiremos retirándonos; no tenemos otra opción".

*Patrick Winn cubre Tailandia para GlobalPost. Posee una amplia trayectoria internacional y ha publicado en medios como USA Today y Village Voice.