Ruta por siete islas de Filipinas (y aún quedan otras mil por ver)


Filipinas no es especialmente turístico y esa es quizá una de sus principales ventajas. Es un país barato para el viajero occidental (un paquete de tabaco cuesta siete veces menos que en España, por ejemplo) y la primacía del euro favorece al viajero. Las opciones son muy variadas: desde el turismo urbano de corte humano (recorrer la ciudad, visitar sus iglesias y monumentos postcoloniales y mezclarse por los lugareños) hasta el de resort (algunos auténticamente lujosos y enclavados en entornos de ensueño), pasando por el natural (flora, fauna, actividades al aire libre o deportes acuáticos).

A continuación, una propuesta de ruta de ocho días para tener una visión general del país:

  • Día 1 La desventaja de volar contra el sol es que pierdes un día en el viaje, pero llegas a primera hora de la mañana, con todo el día por delante en Manila. La ciudad ofrece algunos monumentos interesantes, como la catedral, la tumba de Magallanes o el fuerte en el que retuvieron y ejecutaron a José Rizal, héroe nacional filipino. Pero lo más interesante de Manila, sin duda, es salir a la calle y empaparse. No hay una sensación especial de peligro en la zona centro de la ciudad, pero conviene tener la precaución propia de las zonas aglomeradas.
  • Día 2 Madrugón y al coche: salida hacia Tagaytay, ciudad situada a unos 50 kilómetros al sur de Manila. Consejo: no intentes entrar ni salir de Manila por carretera en fin de semana, porque puede llegar a ser desesperante. Junto a Tagaytay está el lago Taal, abierto al mar hasta la erupción del volcán que da nombre a la zona, el más pequeño del mundo, que cerró el paso. Es posible viajar a la isla en el centro del lago y subir hasta el volcán, todavía activo: el olor a azufre y las columnas de humo dan fe de ello.
  • Día 3 Con un vuelo doméstico podemos viajar a Cebú, isla situada en la zona central del país. En la ciudad se puede ver el pacto de sangre que firmaron los indígenas con Magallanes y, sobre todo, pasear por el mercado del carbón, una experiencia recomendable para sumergirse en el caos urbano filipino. Eso sí, los turistas no son frecuentes por la zona, así que no evitarás sentirte extraño al ver cómo te miran todos.
  • Día 4 Es el día del buceo, y Cebú es un buen lugar para hacerlo (aunque no el mejor, porque hay reservas privadas). Peces payaso, estrellas de mar y coral bajo un agua cristalina y sobre arenas blancas: un buen lugar para enfundarse las aletas.
  • Día 5 Cambiamos de isla: un ferry nos lleva hasta Tagbilarán, ciudad al sur oeste de Bohol. Desde allí cambiamos de vehículo, pero no de medio: otro barco para cruzar el río, visitar las cataratas y conocer las danzas de las comunidades locales, hasta llegar a uno de los pocos lugares donde crece en cautividad uno de los monos más pequeños del mundo, el tarsier. Recomendable visitar las Chocolate Hills, unos montículos cuya vegetación adquiere un color marrón intenso en la estacíon fría (al menos para la temperatura de la zona). Existe un mirador desde el que divisar toda la zona, un paisaje inusual para lo que nosotros entendemos por montañas
  • Día 6 Seguimos con nuestro periplo y, desde Cebú, volamos a Mindanao, la mayor isla del país. Situada al sur, tiene activo un foco terrorista al suroeste del país. Conforme más al sur, más crece la población musulmana. Pero al sureste está Davao, una ciudad tranquila aunque de enorme tamaño: es la tercera con mayor extensión del planeta, aunque es así porque cuentan como zona urbana grandes extensiones sin urbanizar. Recomendable visitar para comer Marina Tuna, una marisquería con muy mal aspecto externo, un regular aspecto interno, pero una materia prima excelente. Muy recomendable su atún rojo.
  • Día 7 En unos pocos kilómetros podemos abandonar la ciudad y la línea costera para adentrarnos en la montaña, justo enfrente del Monte Apo, el más alto del país. A medio camino de lo que fue en su día la montaña más alta de la región (hasta que una erupción destruyó parte del monte) está el Eden’s Nature Park, una extensión natural que nos ofrece un entorno bien diferente, tirolina incluida. Atención a las enormes arañas que cuelgan del techado junto al restaurante. Para cerrar nuestra visita podemos visitar la Eagle Foundation, donde podemos ver al águila filipina, una de las más grandes del mundo.
  • Día 8Último día en Manila antes de dejar el país. Es el momento de las últimas compras. Hay varios centros comerciales en la ciudad (con mercadillos vendiendo ropa de imitación en su interior), entre ellos el segundo más grande de Asia y el tercero del mundo. Si te apetece algo más auténtico y tranquilo, date una vuelta por el centro y pásate por Tesoros, una tienda de varias plantas donde comprar un barong (la camisa ceremonial filipina, que da un look muy ibicenco) o algún otro objeto autóctono. Un consejo: aunque el tejido más valorado sea la piña, busca la banana (o mezcla), porque la piña es demasiado frágil.

Dónde alojarse

-Luzón / Taal

  • Hyatt Hotel & Casino Junto al paseo marítimo y en pleno centro de Manila se levanta el Hyatt, un impresionante hotel que, gracias a su altura, ofrece espectaculares vistas de la ciudad. Para los que basan su bienestar en un hotel en su cuarto de baño, el de las habitaciones del Hyatt merecen punto y aparte. Aseo aparte y ducha separada con bañera elevada por escalones y dos duchas, todo ello con una mampara traslúcida que capta luz desde la habitación sin que se vea nada desde ésta. Comer en este hotel es un auténtico placer, especialmente su comida asiática. Dentro de su impresionante estructura alberga también un casino y un pequeño y moderno pub con precios europeos y servicio discreto.Lo peor del hotel: su iluminación nocturna exterior, digna de David Bowie.
  • Sofitel Philippine Plaza Manila En Manila, junto al segundo mayor centro comercial de Asia (y tercero del mundo) se levanta el Sofitel, un hotel de auténtico lujo. Habitaciones de corte ejecutivo con vistas sobre la bahía de la ciudad y unos baños funcionales y elegantes, los auténticos fuertes del local son tanto sus imponentes instalaciones (con un destacable spa entre ellas) como su abundantísimo buffet, ubicado bajo una gran escalinata circular a los pies del hall del hotel. El tamaño del edificio es tal que tiene varias entradas y varios accesos a su parking.
  • Taal Vista Hotel A unos 60 kilómetros al sur de Manila (lo cual supone unas dos horas de desplazamiento en coche gracias al tráfico de la ciudad) está Tagaytay, la entrada desde el norte al lago Taal. En una de las laderas que rodean la zona está el Taal hotel, un hotel moderno (líneas rectas, colores claros…) con una impresionante vista sobre la bahía del lago. Desde su terraza y las habitaciones se puede ver el volcán más pequeño del mundo y las aguas que la rodean, antaño abiertas al océano, y las pequeñas granjas acuáticas que florecen junto a la costa. Sus habitaciones son confortables y sobrias, dejando como único punto más deslucido el buffet, abundante pero discreto (especialmente cuando se encuentra una ‘paella valenciana’ con huevo duro).

-Cebú / Mactan / Bohol

-Mindanao / Samal

  • Pearl Farm Beach Resort Lo más parecido al paraíso. Levantado en la costa de Samal, una isla prácticamente virgen en su interior (entendiendo virgen por “sólo hay algún nucleo habitado y una plaga de monos”), se esconde un resort con habitaciones instaladas en cabañas sobre el mar. Eso si no te alojas en una de sus villas para un mínimo de seis personas, auténticas mansiones sobre el agua y sin más paredes que las del baño para disfrutar del entorno, las aguas cristalinas y el sonido de la brisa entre las palmeras. Acercarte al spa a que te den un masaje (o que vayan a la habitación a hacértelo) es otra de las ofertas tentadoras del complejo. Lo peor: las habitaciones en las cabañas son pequeñas y el baño es bastante rudimentario; además, les falta desarrollar más una infraestructura adecuada para poder bucear en condiciones, a pesar de que el entorno es inmejorable.
  • Eden’s Nature Park La opción más agreste de todas las propuestas se encuentra al oeste de Davao, a unos 30 kilómetros montaña arriba (más de una hora de camino gracias al tráfico de la zona). Levantado en la ladera de lo que fue la montaña más alta del país (hasta la última erupción en la zona), ofrece unas fantásticas vistas, un entorno natural muy cuidado y algunos grados menos de temperatura, lo cual es muy de agradecer. Eso sí, puestos a ir a Filipinas, mucho mejor alojarse en una playa paradisíaca que en un parque natural construido por la mano humana.

Cosas que no puedes dejar de hacer

  • Un paseo sorprendente. Visitar el mercado del carbón, en Cebú, una de las mayores islas de la zona central de Visayas es toda una experiencia. En él se vende fruta con un aspecto impresionante, fruta fresca, pesca recién capturada, caracoles crudos, gallos para pelea, se tasan joyas, se cortan las uñas… incluso en algún rincón del mismo se esconde uno de los dentistas tradicionales de la zona. Entendamos tradicional por “sin anestesia”. A diferencia de mercados de este tipo en otros países, la atmósfera no es tan asfixiante ni el olor tan intenso. Eso sí, te sentirás como un extraterrestre por cómo te mira la gente, nada acostumbrada a los turistas en la zona.
  • Buscando a nemo. El Pacífico en general y esta zona al sur del mar de China en particular esconde unas aguas transparentes y cálidas, con arenas blancas… un paisaje idílico para todo buen buceador. En los fondos marinos se pueden encontrar desde peces payaso a coral pasando por estrellas de mar azules y tortugas. Con un paisaje así ¿quién puede resistirse?
  • De copas. El ron por excelencia es centroamericano, pero no es patrimonio exclusivo. En casi todas las áreas tropicales y subtropicales del planeta con una humedad importante se pueden encontrar grandes plantaciones de caña de azúcar, y donde hay azúcar hay ron. En el caso filipino el ron local por excelencia es Tanduay, de gusto fresco y suave. Para paladares más exquisitos, Tanduay Blue o el reserva, de 12 años. Pero si lo tuyo es algo más ligero, tómate una San Miguel. Sí, has leído bien, es la cerveza estrella de la zona. Pero no tiene nada que ver con el sabor que conocemos en España. En dos variedades (light, más suave, y pielsen, más fuerte), es la reina indiscutible de las mesas. No se te ocurra pedir otra cerveza.
  • Comer fruta. El mango es delicioso, como la piña y la banana. Su sabor es suave y fresco y se encuentra con suma facilidad. Si tienes sed, entonces piensa en cocos: en el sur del país no será difícil que encuentres a alguien que te baje un coco de una palmera y desenfunde su ‘bolo’ para abrirlo. A eso se le planta una pajita y voilà, agua de coco bien fresca. Para los paladares más avezados, en Davao podrán probar el durian, la fruta que huele como el infierno y sabe como el cielo (o eso dicen). Su aspecto es feo (grande, llena de pinchos y al abrirla parece de todo menos una fruta), su olor es terrible… y su sabor no deja indiferente.