¿Tiene futuro la socialdemocracia? Schulz, Costa y Macron, los brotes verdes de la izquierda europea


Lainformacion.com|
  • La alianza de izquierdas en Portugal, que encabeza Antonio Costa, y que muchos aventuraban que sería un desastre, muestra sus logros 16 meses después de su formación y la izquierda europea gira la cabeza hacia Lisboa y el Tajo.

  • El alemán Martin Schulz y el 'verso suelto' escindido del Partido Socialista francés, Emmanuel Macron, también ponen, ¡en marcha!, a una socialdemocracia que se hundía en la Europa del bienestar que ayudó a crear.

El Primer Ministro portugués, Antonio Costa

El Primer Ministro portugués, Antonio Costa

El 7 de enero de 2016, apenas diecisiete días después de las elecciones generales del 20D, el por entonces Secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, viajó a Lisboa a entrevistarse con el Primer Ministro portugués, el socialista Antonio Costa. Costa gobernaba en solitario con el apoyo del Bloque de Izquierdas, el Podemos portugués y del Partido Comunista. Sánchez pretendía lograr algo parecido en España con Ciudadanos y Podemos. La incapacidad de Sánchez y la vanidad de Pablo Iglesias llevaron a España a unas nuevas elecciones el 26 de junio, que acabaron con Rajoy continuando en la Moncloa, Sánchez... Sánchez acabó como acabó, el PSOE roto y Podemos estancado y en medio de feroces luchas intestinas.

Lisboa Lisboa

Lisboa

El milagro de la izquierda portuguesa

Mientras pasaba todo esto en España y en la izquierda española; la izquierda portuguesa, en lo que muchos llaman ya "el milagro de la izquierda portuguesa", se mantiene en el poder configurando uno de los gobiernos más estables de la historia democrática de Portugual, exhibiendo sus logros y convirtiéndose en un ejemplo a seguir para el resto de correligionarios europeos.

Costa está demostrando que 'sí se puede' y sus colegas europeos giran la cabeza hacia las riberas del 'padre Tajo', 'o Tejo', entre incrédulos y admirados, al ver cómo el gobierno de izquierdas ha logrado, al mismo tiempo, implementar políticas que reviertan los recortes sociales de los últimos años, implantados por la derecha y los 'hombres de negro' de Merkel y Lagarde, que ahogaban a los 10,5 millones de portugueses, crear empleo, ampliar el espectro de los derechos sociales y, a la vez, reducir el déficit público hasta el 2,1%, la tasa más baja de la historia de la democracia portuguesa desde que el dictador Salazar fuera fuera derrocado en la 'revolución de los claveles'  de 1974. En fin: La cuadratura del círculo, que tiene admirada a media Europa y sorprendida a la otra media.

Estos son sus logros

Y es que durante 2016 la economía de Portugal creció 1,4%, una cifra que superó las previsiones del gobierno y de los organismos internacionales. Y, aunque persisten las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública, el gobierno de izquierdas ha logrado reactivar la economía y mejorar los indicadores sociales, sin abandonar la preocupación por la estabilidad macroeconómica.

El gobierno de Costa, nacido tras negociaciones del PS con el Bloque de Esquerda y el Partido Comunista -que históricamente han mostrado reticencia uno hacia el otro- desbancaron a la derecha e impusieron algunas condiciones que no siempre van juntas: aumentar los salarios, mejorar los indicadores sociales y continuar reduciendo el déficit de las cuentas públicas.

La reducción del IVA hizo pasar su tasa básica de 23% a 13%; los sueldos de los funcionarios públicos, recortados en 2011, fueron restaurados y el salario mínimo pasó de 505 euros a 557 en 2017. Además, las pensiones y jubilaciones incrementaron su valor, y se aplica una tarifa social en la energía a 700.000 familias. El presupuesto en salud y educación creció más de 250 millones de euros cada uno, el de cultura creció 30 millones, y el de ciencia y tecnología unos 75. Estas políticas generaron la reactivación del nivel de actividad que cogió por sorpresa a la troika.

Medidas sociales

Otras medidas sociales muy deseadas y bien acogidas por lo portugueses, además de la subida de las pensiones y el aumento de los salarios de los empleados públicos, beneficiados además con la aplicación de una jornada laboral semanal de 35 horas, han sido la recuperación de la inversión pública, muy retraída en la pasada legislatura, especialmente en Sanidad, y en educación, con la gratuidad de los libros de texto en educación primaria, la decisión de no sufragar la enseñanza privada allí donde existan centros públicos y una política de incremento de becas y disminución de tasas universitarias.

Por último, está la decisión del gobierno de paralizar las medidas privatizadoras puestas en marcha por el anterior gobierno de la derecha, las de los transportes públicos urbanos, autobuses y metro (gratuitos para los menores de 12 años), las redes periféricas y la compañía nacional de aviación, TAP, en la que el Estado vuelve a ser el accionista mayoritario.

El problema de la deuda pública

La puesta en práctica de las reformas del gobierno y sus socios está dando resultados visibles: el déficit público se ha reducido por primera vez en años, la tasa de desempleo se sitúa en un 10,5% y el crecimiento económico se ha hecho realidad, a pesar de una deuda pública corrosiva, superior a los 244.000 millones de euros –cerca del 133% del PIB–, obstáculo para el desarrollo futuro y punto de fricción entre las fuerzas de la izquierda, en lo que hace a su reducción y en lo que implica a la relación con las instituciones europeas. 

Por otro lado las 'cuestiones espinosas y fracturantes' entre los socios de Gobierno lisboetas se han resuelto con relativa facilidad en este primer año y medio de gobierno de la izquierda. Así, se ha admitido el derecho a la adopción por parte de las parejas homosexuales; han desaparecido los obstáculos que puso el gobierno de la derecha a la práctica del aborto –el pago de una cuota y la obligación de recurrir a un psicólogo previamente- y ha entrado en trámite parlamentario la propuesta para despenalizar la muerte asistida, o ley para la eutanasia.

Una imagen de Lisboa Una imagen de Lisboa

Una imagen de Lisboa

En fin, un éxito para un Gobierno* que es cada vez mejor valorado por los portugueses y que ha situado al Partido Socialista al borde de la mayoría absoluta según las últimas encuestas. Un auténtico 'brote verde' en medio del marasmo de la socialdemocracia europea, que se hundía en la Europa del bienestar que ayudó a crear. 

[*(Hay que tener en cuenta que el gobierno socialista que encabeza el Secretario general del PS, António Costa, se apoya en sus 86 diputados, a los que se suman los 19 del Bloco de Esquerda (BE), los 17 del Partido Comunista Português (PCP), coaligado con el partido de los Verdes y el representante del Partido Personas, Animales, Naturaleza. Los 123 diputados resultantes representan la mayoría absoluta de la Asamblea de la República, formada por un total de 230. Fue suficiente para rechazar y obligar a dimitir al primer intento de gobierno tras las elecciones de octubre de 2015, el continuista presidido por Passos Coelho, que se apoyaba en la minoritaria suma de 107 diputados (los adscritos al PSD y al Partido del Centro Democrático y Social, CDS)].

En caída libre pese al paréntesis de Zapatero

Volviendo a España, los socialistas españoles sufren una caída prolongada después de alcanzar su máximo en 1982 (con un 48%), siendo las dos victorias de Zapatero en 2004 y 2008 una especie de paréntesis temporal. En cualquier caso, el PSOE estuvo por encima de la media europea de la socialdemocracia europea durante el periodo 1982-2011, si bien el impacto de la crisis (y de la reacción de los socialistas ante la misma) ha sido tan enorme que en las últimas elecciones el PSOE aparece ya por debajo de la media europea

Brandt, Miterrand y González Brandt, Miterrand y González

Brandt, Miterrand y González

Los socialistas llegaron a copar el 35% de los escaños del Parlamento Europeo en 1994 y hoy apenas tienen el 25%. La crisis socioelectoral va, además, acompañada de la ausencia de liderazgo porque nadie está a la altura de lo que supusieron Willy Brandt en Alemania, Olof Palme en Suecia, François Mitterrand en Francia, Felipe González en España o el que fuera Presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors.

Sin banderines de enganche

Parece que conseguidos los grandes objetivos históricos de la socialdemocracia como son las pensiones, la universalización de de la sanidad y la educación públicas, la democratización de la universidad..., la izquierda moderada se ha ido quedando poco a poco sin sus grandes banderines de enganche, hasta toparse con el siglo XXI carente de un relato claro y consistente sobre el sentido de la socialdemocracia.

Lo cierto es que los partidos socialdemócratas acumulan dos décadas de deterioro y ponen en riesgo la viabilidad del proyecto que alumbró la Sociedad del Bienestar. Populismos de ultraderecha, rupturismos de izquierda y centristas devoran su electorado en Alemania, Francia, España, Holanda o Grecia.

Las dos 'esperanzas blancas'

Pero cuando más negra era la situación para la izquierda moderada, además del portugués Costa, en los últimos meses han aparecido en el horizonte otras dos 'esperanzas blancas', tomando un símil boxístico, para la socialdemocracia del viejo continente: el alemán Martín Schulz, ex presidente del parlamento europeo, que parece en disposición de disputar la cancillería a la todopoderosa Ángel Merkel, y el otrora ministro de economía francés, Emmanuel Macron, que escindido del tronco común del PS francés, y al frente de su movimiento, ¡En marcha!, se sitúa, en primera fila de la parrilla de salida de la carrera que conduce al Elíseo, según todas las encuestas, y el preferido, a día de hoy, por los ciudadanos franceses para frenar el ímpetu de la extrema derecha populista y antieuropea de Marine Le Pen.

Schultz desata la 'martinmanía' en Alemania

La 'martinmanía' se apoderó este domingo 18 de abril de Berlín. Martin Schulz ha logrado lo que hace poco parecía imposible: devolver el optimismo a la socialdemocracia europea. Su figura era omnipresente en cada uno de los rincones del recinto donde el ex alcalde de una pequeña ciudad fue coronado como la gran esperanza de su partido, el SPD, para las elecciones de septiembre.

En plena crisis del centro-izquierda europeo, cuyo último episodio experimentaron los holandeses hace unos días, Schulz se eleva y mira ya de tú a tú a la otrora invencible Angela Merkel. "Estamos de vuelta. Es una buena noticia para Alemania, para Europa y para la democracia", dijo en un ambiente de euforia el domingo el recién ungido líder.

El ex presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, fue elegido por unanimidad presidente del Partido Socialdemócrata (SPD) y nominado oficialmente como candidato a las elecciones legislativas del 24 de septiembre.

Schulz, de 61 años, obtuvo el cien por cien de los votos de unos 600 delegados reunidos en un congreso extraordinario en Berlín con el encargo de poner fin a 12 años de hegemonía de la canciller Angela Merkel, democristiana.

"El comienzo de la conquista de la cancillería de Berlín"

"Creo que este resultado es el comienzo de la conquista de la cancillería", dijo un emocionado Schulz.

"Si no velamos porque en este país haya más justicia, no lo hará nadie", proclamó Schulz, considerado el rival de mayor peso para Merkel, quien busca su cuarto mandato.

"Justicia, respeto y dignidad"

En un discurso previo a la votación, y en el que fue ovacionado durante varios minutos, el líder de la centro-izquierda anunció que presentará a finales de junio un programa electoral de "justicia, respeto y dignidad", pero no entró en detalles.

El dirigente que ocupó un escaño en el Parlamento europeo durante 22 años y medio, formuló un fervoroso alegato a favor de la Unión Europea, que calificó del "mejor regalo que ha recibido la República Federal de Alemania en su joven historia".

"La AfD es una vergüenza para Alemania"

Schultz también arremetió contra los populistas de derechas de Alternativa para Alemania (AfD). "La AfD no es una alternativa para Alemania. Es sencillamente una vergüenza para la República Federal", dijo en alusión a unas polémicas declaraciones de un dirigente de la agrupación que calificó de "monumento de la vergüenza" el sitio recordatorio del Holocausto en Berlín.

La candidatura de Schulz ha resucitado al SPD, que languidecía en torno al 20 por ciento en la intención de voto y ahora está en el 32 por ciento, pisándole los talones a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merkel. Además le ha deparado más de 12.000 nuevos afiliados.

Necesaria alianza con los Verdes y el Partido de la Izquierda

En Alemania no se vota directamente al jefe de Gobierno. A nivel de partidos, Schulz podría desplazar a Merkel únicamente al mando de una alianza de izquierda con los opositores del Partido La Izquierda y Los Verdes, con un 48 por ciento de los votos, precisa el sondeo.

Pero antes de la gran cita en septiembre, Schulz y sus socialdemócratas deberán superar tres pruebas a nivel regional, con elecciones en el estado del Sarre (26 de marzo), Schleswig-Holstein (7 de mayo) y Renania del Norte-Westfalia (14 de mayo).

“Al enarbolar la bandera de la justicia social, Schulz ha conseguido que los ciudadanos que se sienten abandonados por las élites tengan otra alternativa que los populistas. Ha devuelto a su partido un discurso clásico socialdemócrata”, asegura el politólogo alemán Hajo Funke.

Pese a todo, el panorama sigue siendo desolador

Pero el panorama de la socialdemocracia en el resto del continente, pese a estas lucecitas al final del túnel es desolador. Y una buena muestra de ello la dio el líder saliente del SPD. En su discurso de este domingo, Sigmar Gabriel glosó la posibilidad de que el independiente Emmanuel Macron sea el próximo presidente de Francia, obviando a Benoît Hamon, el candidato oficial del Partido Socialista, teórico aliado del SPD. Pero los problemas de la socialdemocracia van más allá de Francia. Hundidos en la irrelevancia en Grecia o Holanda, inmersos en luchas intestinas en España e Italia, y con posibilidades cercanas a cero de reconquistar el poder en Reino Unido, el hecho de que no sea descabellado pensar en Schulz como próximo canciller alemán supone ya de por sí un revulsivo para una familia política en horas bajas.

Macron, el tercer hombre

Después de semanas de especulación, el ministro de Defensa galo, Jean-Yves Le Drian, anunció este jueves que apoyará a Emmanuel Macron en las presidenciales francesas, de dentro de un mes. La decisión es un regalo caído del cielo para el ex ministro de Economía del gabinete socialista de Hollande y Valls, habitualmente criticado por su poca experiencia en cuestiones de seguridad, de importancia máxima en esta campaña electoral. Le Drian es el cuarto miembro del Gobierno de François Hollande que deja la candidatura de Benoît Hamon por la de Macron, precedido por los secretarios de Estado Barbara Pompili y Thierry Braillard, y Bernard Poignant, consejero cercano al presidente socialista.

Socialista moderado, que puede contar con el apoyo de Valls

Le Drian es, como Macron, aunque éste ya no pertenezca al PSF, uno de los socialistas más moderados de la primera línea política gala. Según una fuente de Le Monde cercana al Elíseo, la cuestión no es si el Gobierno apoyará o no al líder de En Marcha!, sino cuándo: antes o después de la primera vuelta electoral. "Pero al final, la mayoría acabará por escoger a Macron", confesó. El anuncio vino un día después de que la alta autoridad de las primarias socialistas publicase un comunicado reprendiendo a Manuel Valls por "faltar a su palabra" y no respaldar a Hamon, el ganador de los comicios. El ex primer ministro, que publicó una tribuna criticando el programa del candidato el pasado domingo "contradice gravemente al principio de lealtad y al espíritu de las primarias".

Macron se consolidó como favorito tras el debate del lunes.

Pero Macron -que se consolidó tras el debate televisivo de este lunes como el favorito ante Le Pen e incluso algunas encuestas le dan ya en cabeza en la primera vuelta electoral y no solo en una hipotética ronda final frente a la líder del Frente Nacional- es, en realidad, un desconocido que despierta lógicos recelos.

Pretende superar los esquemas de la política tradicional -a falta de partido, se apoya en un movimiento que cuenta ya con 200.000 simpatizantes- y las etiquetas de derecha e izquierda. Así, de su pasado socialista mantiene el acento en políticas sociales y libertades individuales, pero su discurso económico es netamente neoliberal. Una ambigüedad, aunque él mismo se sitúa en la socialdemocracia, que, en todo caso, pasa a un segundo plano cuando la que se sitúa enfrente es Le Pen.

Macron aboga por el reforzamiento de la integración comunitaria. Su compromiso de emprender una política valiente de reformas estructurales y de esforzarse para que se cumpla el objetivo de mantener el déficit por debajo del 3% no puede sonar mejor a las autoridades europeas.

Un panorama, en fin, el de la socialdemocracia europea, que era gris, más bien cárdeno oscuro casi negro, hace unas semanas, pero en cuyo erial aparecen algunos brotes verdes. Habrá que ver si sus raíces arraigan en la tierra movediza que es actualmente la Europa del 'Brexit' o se quedan en meros 'hierbajos' aplastados por la bota inmisericorde de los populismos, tanto de derechas como de izquierdas, y los nuevos tiempos que trae la globalización del siglo XXI a la que a los viejos socialistas les está costando adaptarse.