Soledad Ramírez: "Nuestros niños se están matando, pero el Gobierno venezolano no me hace caso"


  • El Rincón Infantil San Edmundo, fundado por esta ex ejecutiva, acoge a más de 250 niños.

  • "Lo que pretendo es que cuando vayan a pegar a alguien se acuerden de cuando estuvieron aquí".

-¿Tú dónde naciste?

- En una piedra.

Cuando Kelly llegó al Rincón Infantil San Edmundo estaba completamente desnutrida. Tenía 7 años. No sabía leer ni escribir y no tenía ningún tipo de documento. Era como si aquella niña con apariencia de “animalillo salvaje” no hubiese existido jamás. Cuando alguien preguntaba ella decía que había nacido en una piedra…

Ahora Kelly está casada, tiene una hija, estudios y trabaja. Cada fin de semana vuelve al que fue su hogar durante más de 7 años para felicidad y orgullo de “su profe”, Soledad Ramírez.

Una alta ejecutiva industrial y sus 3002 hijos

En el año 2002 el boom petrolero de Venezuela sufrió un parón. Soledad tenía entonces un puesto de ejecutiva “de alta nómina”: “Me quedé sin posibilidades de encontrar un nuevo empleo en mi sector. Era básicamente una cuestión de edad. Con lo que me pagaban a mí podían pagar a tres personas recién graduadas. Así, toqué piso”.

La búsqueda de una nueva realidad con la que alimentar y mantener a sus dos hijos, ambos estudiantes, le llevó hasta un peligroso barrio de Caracas. En un rincón de Las Minas de Baruta unos sacerdotes estadounidenses de la parroquia Prados del Este guardaban un proyecto para ella:

“Quería mantenerme ocupada, sostener a mi familia y ayudar a la comunidad. Al principio la idea para el edificio que me cedieron fue montar una escuela de computación, o una ensambladora de clones...Era lo único que yo sabía hacer.” Pero desde el momento en el que entró en aquel agujero de Caracas le invadieron los niños. Cambió de idea y pensó que tenía que hacer algo para ellos.

11 años después de aquello, el rincón infantil San Edmundo acoge a 250 niños y madres adolescentes. En una década han pasado más de 3.000.

“A veces algún vecino denuncia que un niño tienen hambre o le están pegando. Cuando entran aquí les hacemos un estudio social, verificamos sus condiciones y empezamos el trámite legal para acogerlo”.

Otros llegan solos cuando hay hambre o duelen los golpes. “Desde muy pequeños los niños andan por la calle en este tipo de barrios. Llaman a la puerta diciéndome ‘profe tengo hambre, ayúdeme’. Y yo nunca me puedo negar. Pero la verdad es que el espacio y los recursos son muy limitados. Tengo una lista de espera de 200”. Para Soledad los niños son como las estrellas, dice riendo, nunca se ven suficientes.

“Mis profesores han sido Google y Don Bosco”

“Desde el primer día que se me acercaron me llamaron 'profe'. ¡Y no sé de dónde lo sacaron! No sé nada de magisterio ni de niños más allá de las cosas que pude enseñar a mis hijos. Mis 'profes' fueron Google e internet y mi inspiración, como exalumna salesina, los valores de Don Bosco”.

El Rincón San Edmundo funciona como cualquier familia que ahora concentra todos sus esfuerzos en la vuelta al 'cole'. Cuadernos, libros, uniformes…Todo sin un céntimo estatal.

“No quiero que me vinculen con ningún partido porque en años anteriores ya he sufrido amenazas e incluso han intentado matarme para robarme el sitio. Además, no quiero que se utilice mi centro como propaganda electoral. Aun así pocos se acuerdan de nosotros. Mi obra no representa votos porque los niños no votan de momento”.

La ayuda privada y la incansable labor de las parroquianas de Prados del Este posibilitan atención médica, medicinas y cinco comidas al día para los pequeños.

“Nuestra casa es básicamente de alimentación. Alimentación física y alimentación en valores. Cada día hacemos una actividad de buenos días y en ella enseñamos un valor que reforzamos con teatro, canciones y juegos a lo largo de la jornada. Hoy tocaba `tolerancia´ porque estamos en un contexto tenso por las elecciones”.

Pero Soledad no habla de política. Sólo le pide al próximo gobernante que deje de hablar y que haga más por los niños que son los futuros ciudadanos del país.

“Si tú miras la lista de muertos semanal todos son de 14 a 18 años. Nuestros niños se están matando. Si hubiera más casas como esta por todo el país evitaríamos la delincuencia, niños mal alimentados que no avanzan en las escuelas y acaban desertando y en la calle. Pero el Gobierno no quiere escuchar nuestro proyecto”.

Cuando vayan a pegar a alguien que se acuerden de lo que han vivido aquí

Aun así, Soledad no pierde de vista su principal objetivo:

“Lo único que quiero es que siempre recuerden el olor, el sabor, el calor..todo lo que han vivido aquí estos años. Así, cuando esten frente a situaciones críticas de desesperanza, cuando vayan a pegar a alguien o a drogarse, que estos recuerdos les revuelvan, les paren y piensen: es posible una vida mejor porque yo lo conseguí una vez en San Edmundo”.

Para ella, el amor es la energía que permite a la persona enferma -en cualquier sentido- querer salir adelante, "mientras consigue otra cosita que lo ayude", subraya con cierta pena Soledad:

“Hay casos que se nos escapan de las manos. Los niños tienen carencias o traumas  que necesitarían un psicólogo. Guardo la esperanza de que aparezca alguno, pero a la gente le da mucho miedo entrar en el barrio”, se lamenta ante la falta de recursos.

Con un promedio de 35000,00Bf (Bolívares fuertes) mensuales en gastos, el dinero aprieta el incansable liderazgo maternal de “la profe”. Pero después de hacer equilibrios, todo acaba funcionando.

“Nada es nuevo. Los niños siempre llevan ropa usada y la comida nunca es un bistec ni nada parecido. Pero están tan unidos como una familia. Cuando cumplen 18 años el 70% se queda colaborando. No ofrezco sueldo porque no tengo recursos, pero viven aquí siendo mamás y papás del resto.”

Así, día a día, 24 horas y sin vacaciones, 250 niños salen adelante.

*Vídeo reaizado por UN noticias.