Terremoto en Japón: "El país se resiente, pero no es el fin"

  • Fernán Izquierdo es un ingeniero, bloguero y aventurero afincado en Tokio. 48 horas después del terremoto que asoló al país, cogió su moto y llegó a solo 100 kilómetros de la central nuclear de Fukushima. La entereza de los japoneses es lo que más le asombra.

Españoles en Japón narran su experiencia tras el terremoto

Fernán Izquierdo cogió su moto en Tokio solo 48 horas después de que el peor terremoto de Japón asolara al país. Quería ver de primera mano lo que estaba ocurriendo al noreste de la capital, la más afectada. "Salí de Tokio a las 6 de la mañana cuando estaba amaneciendo y llegué de vuelta a las 9 de la noche. Estuve a 100 kilómetros de la central [nuclear] de Fukushima", cuenta ahora este ingeniero español que desde hace seis meses vive y trabaja en la capital nipona. Ya hace un par de días que los teléfonos vuelven a funcionar y, aunque la cobertura falla, puede conversar sin necesidad de recurrir al correo electrónico para realizar esta entrevista. Asegura que "Tokio está intacto". Sí, allí se sintió también el temblor y hubo destrozos, pero nada que ver con lo que ha sufrido el noreste del país, donde el tsunami se ha llevado pueblos enteros y las vidas de varios miles de personas. "Es cierto que se ve menos gente hoy, se nota la [alarma por la central nuclear]. Pero yo creo que los primeros que se están yendo son lo extranjeros", opina tranquilo. "Según te vas acercando [a la zona más cercana al epicentro del terremoto], ves agujeros en los techos de las casas, algunos postes doblados o alguna grieta en la carretera", vuelve a referirse a su excursión hacia Fukushima este motero que se confiesa amante de las aventuras. No tuvo miedo cuando se decidió a hacer esta peculiar excursión, que también ha relatado en su blog Los Ojos de Ella. Dice que las carreteras no estaban en tan mal estado y que la zona a la que llegó, a solo 100 kilómetros de la central nuclear que más problemas está teniendo desde que el tsunami se llevara por delante su sistema de refrigeración, "no estaba devastada". "No había casas arrasadas, sí se veían unos coches encima de otros, las calles embarradas, grietas…", recuerda. "La gente deambulaba con la mirada perdida, estaban ausentes. Hablé con un hombre que vigilaba una planta de coches y casi se le ponen las lágrimas en los ojos". Sin embargo, Izquierdo destaca la entereza con la que están reaccionando desde el primer momento los japoneses. "Con todo el follón que se les viene encima, están reaccionando de manera ejemplar. [El día del terremoto con las líneas de metro y tren cerradas] se pusieron a andar tranquilamente a sus casas cuatro, cinco, seis horas. Aunque vivieran a más de 30 kilómetros. Ni una mala cara ni una bronca ni una exaltación", describe asombrado este empleado de la oficina comercial en la Embajada española de Tokio. "Aquí prima la sociedad antes que el individuo".El lunes "todo el mundo" fue a trabajar en Tokio, "una ciudad con coches, luces encendidas y gente saliendo a cenar como en cualquier otra ciudad del mundo". Subraya que los japoneses están luchando por volver a la normalidad sin una sola queja. "Ya ves excavadoras, trabajadores asfaltando, las abuelillas limpiando las puertas de sus casas. Ha sido hace nada y ya están diciendo 'tenemos que salir hacia adelante'". Afirma que la situación no es tan mala como la pintan en el extranjero y se queja de que se esté "creando un clima de apocalipsis" con la alerta nuclear. "El país se resiente, pero no es el fin de Japón ni la isla se va a hundir".