Barómetro del CIS, intención de voto: ¿Acaso la situación económica no cuenta?


  • Las últimas noticias económicas y el resultado del barómetro del CIS parecen contradictorias. Cuanto mejor va la economía, peor la intención de voto del PP.

  • Es la falta de "pedagogía económica" del Partido Popuar la que produce este efecto: la economía sólo cuenta electoralmente si va mal.

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Las últimas noticias económicas y el resultado del barómetro del CIS parecen contradictorias. Cuanto mejor va la economía, peor la intención de voto del PP ¿Es que la economía no cuenta?

Un análisis de las series históricas de índices económicos indica que la percepción sobre la evolución de la economía es cada vez mejor. El de Confianza Económica está en 44,5. El segundo mayor desde diciembre de 2015 (45,1). El de la Situación Económica en el 33,6, cifra que sólo se dio en mayo de 2008 antes de que la crisis fuera percibida por la población en general. El indicador de perspectivas económicas lleva varios meses por encima de 50 puntos. Las noticias sobre el crecimiento del PIB son buenas. Los expertos nacionales e internacionales no le dan menos del 3% para 2017 y algunos aseguran que se superará el 3,2% de 2016. El desempleo ha bajado notablemente y las cifras han sido difundidas ampliamente por los medios de comunicación.

Entonces ¿Por qué disminuye la intención del voto del partido del Gobierno? Desde noviembre de 2016 hasta julio de 2017 el PP ha bajado del 34,5% de intención de voto, al 28,8%. Si se le suman los votos de ciudadanos, los dos partidos que apoyan al Gobierno sumaban 45,9% en abril y en julio sólo 43,3%. Mientras, la izquierda en su conjunto (PSOE+Podemos) ha subido desde el 39,6% de abril de este año al 44,2% de julio. Cuanto mejor parece que son los datos económicos, pero la intención de voto de los partidos que los gestionan.

Es como se los ciudadanos dieran por descontado el saneamiento de la economía. Cómo si el PP, por ser un partido de centro-derecha, tuviera la misión de recomponer la economía. Es decir hacer crecer la tarta. Una vez realizado este crecimiento, luego sería la izquierda, concretamente el PSOE, el encargado de repartir esa tarta. En la alternancia del voto, arreglada la economía, habría llegado el momento de cambiar un Gobierno de centro-derecha por otro de izquierdas.

Cómo el PSOE lo sabe, ataca. Pedro Sánchez ya anuncia que quiere un “salario mínimo” de 1.000 euros. La izquierda, apoyada por los sindicatos, quiere revertir la reforma laboral en lo que se refiere a la verticalidad de la negociación sindical. Es decir, dos propuestas, con tinte social, pero con un profundo desconocimiento del mercado laboral. Sólo con esas dos medidas volveríamos a una estructura de empresas en las que las crisis se resolverían aumentando el desempleo, y no adaptando los salarios a las condiciones de la economía. Lo que ocurría antes de 2012 y vino a cambiar la Reforma laboral.

Es la falta de “pedagogía económica” del PP la que produce este efecto: la economía sólo cuenta electoralmente si va mal. Cuando empieza a remontar los electores utilizan otros criterios para votar. Unos son los deseos de repartir la tarta, cosa que se adjudica a políticas de izquierda. Otros son temas puramente político, como es la corrupción, en la que el PP lleva informativamente todas las de perder.

Si el PP quiere contrarrestrar su caída en las encuestas y la subida del PSOE tiene que realizar políticas claras: a) convencer a los votantes de que su gestión económica no es fruto del azar, sino de políticas rigurosas, que si se revierten pueden acabar con las buenas expectativas e ese campo; b) dar la imagen de que ellos también están por la distribución de la tarta, no sólo por hacerla crecer; c) alejarse de imágenes cómo la de la corrupción. Lo último exige separar de la actividad partidaria o gubernamental a cualquiera que, con razón o sin ella, esté salpicado por esa imagen. Algo muy difícil pero necesario.

¿Serán capaz el Gobierno e hacerlo y sus comunicadores de trasmitirlo? De momento la Secretaria de Estado de Información ha pasado de la Vicepresidencia a la Presidencia de Gobierno. Es decir, de Santamaría a Rajoy ¿Señal de que están siendo conscientes de que hay que realizar una política informativa económica más pedagógica, un mayor acento social y separarse de la corrupción? ¿Señal de que han descubierto que la tecnocracia aséptica no entusiasma a nadie, y menos aún al votante español?