Davos 2017: el mundo al revés. Comunistas de mercado y Capitalistas de jerarquía


  • Trump ha sido encumbrado por los excluidos del mercado en un país capitalista y Jinping por las élites favorecidas por su política en un país comunista.

  • Sorprende que el presidente de un país capitalista sea partidario de restringir la libre circulación de mercancías para proteger la creación de puestos de trabajo en su país. 

Xi JInping y Shinzo Abe

Xi JInping y Shinzo Abe

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El mundo al revés: el representante de la comunista República Popular China, Xi Jingpin, ha dicho que si se perturba el mercado global habrá consecuencias graves para la estabilidad económica y geopolítica del mundo; ha sido en la reunión de Davos, donde se juntan los líderes mundiales de la economía y la política. Por otra parte el Presidente electo de EE. UU. Donald Trump, el país del capitalismo, es partidario de restringir la libre circulación de mercancías, para proteger la creación de puestos de trabajo en su país. 

En el siglo XIX las dinastías gobernantes en el extremo oriente quisieron mantener sus países (China y Japón) alejados de la influencia occidental. En el siglo XVII sólo los holandeses tenían autorización para comerciar en los puertos nipones. La guerra del opio entre Inglaterra y el imperio de Pekín se hizo para abrir sus puertos al comercio. Hong Kong y Shanghái fueron las áreas donde se permitió el establecimiento de extranjeros con motivos comerciales. El norteamericano Comodoro Perry en 1853, al frente de una flotilla de barcos, consiguió el tratado que abría Japón al comercio con Occidente.

No han pasado dos siglos y China y Japón son dos protagonistas mundiales en el comercio internacional. El crecimiento de sus economías depende de sus exportaciones e importaciones. Paradojas de la historia. Japón es capitalista y democrático, su defensa del comercio internacional parece lógica. Pero China es un país comunista, en teoría sujeto a la planificación centralizada, ahora partidario del comercio mundial para sacar una parte importante de su población de la pobreza y en beneficio de sus élites.

¿Qué pasaría si en NY o San Francisco apareciese una flotilla de barcos chinos para exigir la apertura del mercado estadounidense a sus exportaciones? Probablemente la III guerra mundial de acontecimientos inimaginables. Ni la más calenturienta de las plumas escritoras de novelas se le ocurre esa posibilidad. No ha habido flotilla naval, pero en Davos ha habido un cambio significativo de papeles.

El economista Williamson en sus escritos define dos formas de ordenar las organizaciones y la economía: mercados (libre y competitiva) y jerarquía (planificada y autoritaria). Cada una de ellas tiene su aplicación a un tipo de problemas. La primera permite la asignación “natural” de los recursos a los lugares donde son más productivos. Muy útil para hacer eficientes las transacciones entre diversos agentes libres. La segunda, la jerarquía, es adecuada a sistemas planificados por una parte de la transacción y aceptada por la otra; se podría aplicar en situaciones en las que los mercados pueden tener efectos perversos.

Las teorías americanas eran partidarias del mercado como forma eficiente de organizar la economía. La creación de bolsas de desempleados y la desaparición de una añorada industria tradicional han sido efectos notorios de la globalización en USA. Esa globalización ha creado mucha riqueza y buenos puestos de trabajo en EE.UU; pero ha marginado una parte de los obreros tradicionales, muy numerosos. En un país democrático eso ha encumbrado a políticos como Trump votados por los excluidos del mercado. En China eso no existe, porque Xi Jimgpin no es elegido por las masas de pobres sino por las élites favorecidas por su política.

POR ESO TENEMOS COMUNISTAS DE MERCADO Y CAPITALISTAS DE JERARQUÍA