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EPA: ¡Virgencita, virgencita, que me quede como estoy!


  • El Congreso español se empeña en aprobar leyes que van contra la política económica de los últimos años: salario mínimo, 35 horas... ¿por qué derrumbar lo que funciona?

  • En el exterior Trump aprieta y demuestra que es un ejecutivo dispuesto a cumplir aquello de: América First.

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Rajoy se muestra dispuesto a recibir a las familias del Yak 42 y suscribe el "perdón" de Cospedal MADRID | EUROPA PRESS

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El paro, según la EPA ha bajado por tercer año consecutivo, y la creación de empleo ha subido, también, por cuarto año consecutivo. Estamos en el 18,6% de desempleo, casi 6 puntos menos que en el pico de la crisis y en más de dieciocho y medio millones de ocupados.

Si se mantuviera este ritmo de descenso de parados y aumento de empleados, en tres años habríamos bajado a un 12% el desempleo dejándolo en tres millones frente a los cuatro y medio actuales. Una buena noticia, incluso para los jubilados, porque eso supondría además llegar a los viente millones de ocupados y que aliviarían las cuentas de la seguridad social con sus cotizaciones. Cuentas que con un poco de ayuda de los Presupuestos del Estado estarían equilibradas. Se podría hablar de milagro económico español.

Pero ante esta situación optimista hay que plantear los factores internos que pueden impedirla. En primer lugar la imprevisible situación de la política española. Las negociaciones para aprobar los presupuestos no avanzan; más bien retroceden. El partido socialista sigue deshojando la margarita en espera de su Congreso (largo me lo fiáis para un país sin grandes recursos).

La Generalitat, ajena a la solidaridad con los trabajadores, sigue erre que erre empeñada en mantener un referéndum que añade incertidumbre al conjunto. El Gobierno sigue hablando de diálogo en ambos temas pero los que tienen que dialogar no se mueven.

Los sindicatos están presionando por subir salarios a nivel general, algo absurdo cuando hay que aumentar la productividad del factor trabajo para crear empleo en una economía globalizada que compite con empresas foráneas. Para poder competir hay que elevar los salarios de los que añaden valor y mantener los que aún compiten, pero que si se les sube el salario dejan de hacerlo. Si se sube la retribución a todos se expulsa del trabajo a los menos preparados. De eso ya tenemos experiencia en las crisis españolas.

En el exterior Trump aprieta y demuestra que es un ejecutivo dispuesto a cumplir aquello de: América First. Los Bancos Centrales (RF y BCE) empiezan a pensar que hay que subir los tipos de interés lo que supondrá dificultades de financiación para la Administración pública española y nuestras empresas. El Brexit añade incertidumbre a las estructuras europeas, atacadas desde dentro por los euro-escépticos que se acercan al poder en sus respectivos países.

Y ante este panorama el Congreso español se empeña en aprobar leyes que van contra la política económica de los últimos años: ya ha aumentado el Salario Mínimo Interprofesional, que socava la competitividad de las empresas y crea desempleo; pide la derogación de una Reforma Laboral que ha permitido la flexibilidad en los convenios y, en consecuencia, aumentar la competitividad de las empresas. Por si fuera poco, las Administraciones autonómicas se empeñan en reducir las horas semanales de sus empleados a treinta y cinco amenazando, aún más, el equilibrio presupuestario.

La pregunta es: ¿si el mercado de trabajo, que es el principal problema de los españoles, da visos de arreglarse con la actual situación, por qué empeñarse en derrumbar las políticas que nos han llevado hasta aquí? Y es que muchas veces hay que decir como en el chiste: ¡virgencita, virgencita que me quede como estoy!