Primaveras y otoños más largos y sequía, un cóctel letal para el Mediterráneo

  • Barcelona, 14 may (EFE).- La primavera y el otoño son cada vez más largos debido al cambio climático y los árboles de hoja caduca prolongan también su período de actividad, un hecho que, junto a la escasez de agua, agravará la situación medioambiental en el área mediterránea, según un estudio de investigadores del CSIC y la UAB.

Primaveras y otoños más largos y sequía, un cóctel letal para el Mediterráneo

Primaveras y otoños más largos y sequía, un cóctel letal para el Mediterráneo

Barcelona, 14 may (EFE).- La primavera y el otoño son cada vez más largos debido al cambio climático y los árboles de hoja caduca prolongan también su período de actividad, un hecho que, junto a la escasez de agua, agravará la situación medioambiental en el área mediterránea, según un estudio de investigadores del CSIC y la UAB.

En los últimos cincuenta años, sobre todo a partir de la década de los setenta, se ha comprobado que debido al calentamiento, la primavera llega antes y el otoño acaba más tarde, una situación que está generando que las hojas de muchas especies de árboles broten más pronto y, por el contrario, caigan tardíamente.

Según un trabajo del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales de la UAB y de la Unidad de Ecología Global del CSIC, que hoy publica la revista Science, aunque estos cambios pueden ser positivos -la hojas verdes aumentan así su labor de "secuestro" de CO2 por la fotosíntesis, lo que reduce los gases de efecto invernadero-, esta situación sería contraproducente en la cuenca mediterránea, debido a la escasez de agua.

En su trabajo, el equipo, formado por Josep Peñuelas, This Rutishauser y Iolanda Filella, explica que cuando las plantas captan CO2 expulsan agua en forma de vapor, por lo que un requisito indispensable para que se dé el proceso de secuestro de dióxido de carbono es la presencia de agua en el subsuelo.

En las zonas húmedas, los bosques pueden acumular mucho vapor y se forman nubes que refrescan el ambiente e incrementen las lluvias, lo que a su vez prolonga la vida de las hojas en especies como el fresno o el manzano.

Sin embargo, en las regiones mediterráneas, en los períodos de sequía estivales, y aunque los árboles reciban mucha radiación, no disponen de agua suficiente para transpirar y refrescar el ambiente o generar esa misma nubosidad.

El resultado es que el clima de estas áreas es más cálido. Además, una presencia prolongada de hojas verdes en las copas de los árboles incrementa a su vez la posibilidad de que el agua del subsuelo disminuya antes, lo que afectará a la ecología del bosque y su pervivencia.

En declaraciones a Efe, Iolanda Filella ha recalcado que, no obstante, "es difícil hacer predicciones claras", ya que en cada región el balance entre beneficios y perjuicios provocados por este fenómeno serán diferentes y dependerán de múltiples factores.

Filella incide en que, aunque no ha sido objeto de este estudio, es evidente que una mayor "vida" de las hojas tendrá una repercusión en algunas especies animales, cuyos ciclos vitales, de migración, alimentación o reproducción, están unidos a determinadas plantas, y se pueden ver alterados.

"Los cambios fenológicos se producen tanto en plantas como en animales, y son distintos en cada especie. Pueden producirse asincronías en las interacciones entre polinizadores y plantas, es decir, que una planta nutricia de un insecto florezca antes de lo previsto", señala la investigadora del CSIC.

Por otro lado, el incremento de actividad de las plantas provoca mayores emisiones de compuestos orgánicos volátiles (COV) que también pueden tener efectos sobre el cambio climático, ya que forman aerosoles que reducen la radiación incidente y llegan a condensadores de nubes.

Aunque los COV ayuden a "refrescar", una emisión demasiado elevada conllevaría un aumento de la presencia de ozono y de metano, gases invernadero que, paradójicamente, provocan un calentamiento del ambiente.