Skármeta rinde en un cuento un homenaje a los niños que aman a sus padres

  • Barcelona, 30 abr (EFE).- El escritor chileno Antonio Skármeta rinde en su cuento "Galletas chinas" un homenaje a todos los niños que aman a sus padres, a los padres que aman a sus hijos y a las pequeñas empresas, que son las que sostienen la economía.

Skármeta rinde en un cuento un homenaje a los niños que aman a sus padres

Skármeta rinde en un cuento un homenaje a los niños que aman a sus padres

Barcelona, 30 abr (EFE).- El escritor chileno Antonio Skármeta rinde en su cuento "Galletas chinas" un homenaje a todos los niños que aman a sus padres, a los padres que aman a sus hijos y a las pequeñas empresas, que son las que sostienen la economía.

Publicado por Serres e ilustrado por Emilio Urberuaga, "Galletas chinas" explica la historia de unos trabajadores mapuches que trabajan en una pequeña panadería de Chile, que, tras el éxito de ventas en unas navidades, son invitados por el dueño a comer a un restaurante chino.

En la presentación del libro, Skármeta ha comentado que "en Santiago es tradición que los mapuches, que son nuestros indígenas, trabajen como panaderos y se instalen en grandes empresas panificadoras o en pequeñas panaderías".

Precisamente en uno de estos pequeños negocios es donde transcurre la historia de "Galletas chinas", regentada por un emigrante andaluz, que invita a Pedro Collihuinca, su mujer y el hijo de ambos a un restaurante chino.

Al finalizar la comida les entregan a cada uno un dulce envuelto en celofán en cuyo interior encuentran un papelito con un mensaje o un proverbio chino con relación al futuro.

En su dulce el niño descubre con sorpresa el mensaje "serás un empresario" y aquello, de la mano de Skármeta, enciende la imaginación del niño que hará que llegue a convertirse en el panadero más famoso de todo Chile.

El propio Skármeta se reserva un papel en este cuento-fábula, el de un inspector de sanidad que al final dictamina a favor del niño cuando éste ingenia unas nuevas galletas con papelitos en su interior: "no es un problema sanitario, es una nueva variante del arte de la repostería, las chilean cookies".

Para el autor chileno, "los motores de la economía son las pequeñas empresas, las pymes, y dentro de estas, las microempresas, en las que no existe la relación autoritaria entre un gran jefe y un grupo grande de obreros".

Por esa razón, Skármeta quería "celebrar esos micromundos" y además "dibujar un gesto de cariño hacia esos chicos que aman a sus padres y al amor al trabajo, que es para mí siempre fuente de inspiración y poesía".

El autor de "El cartero de Neruda" ha aclarado que su actitud "no difiere en nada de lo que hago cuando escribo para adultos: no acudo a diminutivos, no trato de enternecer ni hermosear el lenguaje, sino que voy al hecho factual, y si hay una palabra con dificultad, la pongo sin escrúpulo porque el padre podrá asistir al niño lector o éste podrá acudir a Google".

Skármeta asegura que "los niños son un fuente absoluta de posibilidades, por el tipo de preguntas que hacen y por sus inquietudes, que pueden dejar descolocado a los adultos".

"¿Cuánto de alto es arriba? ¿de qué es propaganda la luna? o ¿qué puede hacer una aspirina a la que le duele la cabeza", son algunas de las preguntas que le han formulado los niños y que Skármeta ha incorporado a algunas de sus obras.

Aunque en otras ocasiones, como en su novela "No pasó nada", sobre el exilio latinoamericano en Alemania, utilizó la voz de un joven de 16 años para evitar lugares comunes, en "Galletas chinas" prefirió su propia voz en tercera en la piel de ese inspector de sanidad, con un lenguaje muy próximo al del informe del funcionario.

Como en otras obras de Skármeta, el humor tiene un protagonismo especial: "es una actitud ante la vida que brota espontáneamente en mí" y que el autor chileno ha heredado de "autores muy trágicos" por los que de siempre ha sentido admiración, como Shakespeare.

En la actualidad, Skármeta trabaja en una nueva novela, de la que no ha querido revelar nada, y está a punto de estrenar una pieza teatral en el Festival de Nápoles, ciudad en la que escribió esta obra, que habla sobre "el arte de actuar" y en la que "el protagonista, por un mandato histórico, debe actuar, pero no tiene ningún talento".