Una polémica reconstrucción vuelve a dar lustre a los barrios del sur de Beirut

  • Beirut, 10 may (EFE).- El "Dahia" o barrios del sur de Beirut, de mayoría chií, ha vuelto a levantarse sobre sus ruinas tras los bombardeos israelíes de 2006, gracias a un polémico proyecto de reconstrucción, que EEUU considera que apoya el terrorismo.

Beirut, 10 may (EFE).- El "Dahia" o barrios del sur de Beirut, de mayoría chií, ha vuelto a levantarse sobre sus ruinas tras los bombardeos israelíes de 2006, gracias a un polémico proyecto de reconstrucción, que EEUU considera que apoya el terrorismo.

Un paseo por esos barrios muestra edificios en construcción y otros restaurados, aunque todavía hay zonas como el distrito de Harek Hreik, una de las más castigadas por la guerra entre Israel y el grupo chií Hizbulá, que es un espejismo de lo que era antes del conflicto, ya que no consigue recobrar la actividad que tenía.

En todas las áreas del "Dahia" pueden verse carteles con el mensaje "Waed (promesa), la reconstrucción más bella que antes", que es lo que el jefe de Hizbulá, jeque Hasan Nasralá, prometió el 29 de julio de 2006 en el décimo octavo día de la ofensiva israelí, que causó 1.200 muertos, 5.000 heridos y casi un millón de desplazados.

Y WAED es el nombre del proyecto de reconstrucción del Dahia, que según su director general, Hasan Yachi, lleva ya 1.050 edificios restaurados, de los 1.300 que resultaron dañados de forma severa o parcial y los 281 destruidos, con un coste total de 400 millones de dólares.

Sin embargo, la iniciativa no ha estado exenta de controversia por su inclusión a comienzos de este año por EEUU en su lista de organizaciones que apoyan o participan en el terrorismo, al considerarla un ejemplo de "las tácticas engañosas de Hizbulá para apoyar su aparato terrorista y militar".

Ante estas imputaciones, Yachi se limita a responder:

"Dejen a la gente hablar (los vecinos de Dahia) sobre la inclusión de WAED en la lista terrorista de Washington y ellos le contestarán", sugiere sin dar más explicaciones, aunque EEUU acusa a los responsables del proyecto de esconder su afiliación a Hizbolá y de haber construido almacenes subterráneos de armas para el grupo.

Yachi aclara que fueron organizaciones y asociaciones civiles de los países árabes y musulmanes las que les dieron todo el material, y se queja de que el Estado no haya cumplido hasta ahora su promesa de ayudar a la población con 80 millones de libras libanesas (unos 53.000 dólares o 39.500 euros).

Sean ciertas o no las acusaciones, el proyecto sigue adelante y tiene ahora entre manos la reconstrucción de "241 edificios, de los cuales 20 ya han sido entregados y se espera que otros 22 lo sean próximamente", agrega Yachi.

Y es que "WAED no dejará ningún edificio destruido para recordar lo sucedido", asegura Yachi, para quien "el Dahia volverá a ser un área residencial y comercial al igual que lo era antes, y cuando regresen todos sus habitantes la vida también lo será".

Construido sin ningún plan de urbanización antes de la guerra, el Dahia era un laberinto de calles estrechas, con muchos comercios y vida en la calle y un tráfico bastante denso.

Aunque en la actualidad no ha variado mucho, el nuevo proyecto comprende calles bien alineadas con aceras y edificios modernos, ya que, según indica Yachi, el proyecto contempla un plan para ordenar la circulación.

Además, se está dotando a las nuevas edificaciones de un sistema antisísmico para que puedan resistir un terremoto de 7 grados Richter y se están siguiendo criterios medioambientales.

Sin embargo, no han previsto refugios para la población civil en caso de que Israel lance una nueva ofensiva, ya que para Yachi, "no tiene sentido porque las bombas israelíes penetran hasta al menos tres plantas bajo el suelo. El hecho de que no hubiera en el 2006 nos salvó porque se hubieran convertido en fosas comunes".

En el proyecto trabajan veinte ingenierías con más de cien profesionales de todas las comunidades religiosas y regiones libanesas.

Los vecinos están tan contentos cuando ven los nuevos inmuebles, que incluso aquellos, cuyas viviendas no resultaron afectadas por los bombardeos, les dicen en broma a los responsables de WAED que ojalá que sus casas hubieran sido destruidas para acceder a una moderna.

"Otros (vecinos) nos agradecen que les hayamos devuelto su sueño de volver a su casa y a su barrio donde se sienten en familia", señala Yachi.