Admite agarrar a su hijastra en Lanzarote "por el cogote" y apretar "un poco" para que dejara "testigos de Jehová"

Fiscalía pide para el acusado 20 años de cárcel y la acusación particular le tacha de "auténtico cínico"

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 20 (EUROPA PRESS)

Antonio Luis Ferreira Machado, acusado de presuntamente asesinar a su hijastra, Yuliza Pérez, de 18 años, admitió hoy que agarró a la joven "por el cogote" (cuello) y apretó "un poco" hasta que ella perdió el conocimiento y cayó al suelo durante una discusión en su domicilio en Arrecife (Lanzarote), en la que él le pedía que "dejara a los testigos de Jehová".

Durante el juicio celebrado hoy con Tribunal de Jurado en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas, el procesado, de nacionalidad portuguesa, reconoció que la joven dominicana le parecía "guapa", si bien negó que la "controlara" y la "agobiara". "No tenía celos de otras relaciones que ella pudiera tener con otros hombres", afirmó Ferreira, para quien la Fiscalía y la acusación particular solicitan imponer 20 años de cárcel, mientras que la defensa pide una pena de cinco años de prisión por un presunto delito de homicidio con el atenuante por obcecación.

El procesado, que incurrió en numerosas contradicciones en su declaración, dijo que quería a Yuliza "como a una hija". Sin embargo, reconoció que el 8 de noviembre discutió con ella, la estranguló y trasladó el cadáver hasta una escombrera, donde la enterró. Tras acompañar a su pareja para denunciar la desaparición de la joven, participó en las batidas para su búsqueda, aunque días después abandonó el domicilio familiar en cuanto supo que había pruebas de ADN de la Policía Científica y Judicial que le inculpaban en el crimen y temiendo por un posible linchamiento por parte de la comunidad dominicana. La acusación particular, que representa a la madre de la víctima, describe a Ferreira como un "auténtico cínico" y pide justicia.

Desde la llegada de la joven a Lanzarote el 7 de mayo de 2007 el acusado, que residía en un domicilio de Arrecife con su pareja con la que llevaba cerca de 9 años de relación, pasaba "mucho tiempo con Yuliza mirando la televisión, yendo a pasear, a pescar o al supermercado". "Yo quería pasar tiempo con ella, era una buena chica", admitió el procesado, que, si bien, en un principio, negó que le pareciera "atractiva", luego se retractó y dijo que sí, que le "resultaba guapa". Además, negó saber que Yuliza tuviera pareja y que pensaba casarse con ésta.

CONTRARIO A SUS CREENCIAS RELIGIOSAS

Además, manifestó que él la llamaba "algunas veces al día para saber dónde estaba". Rechazó haberla encerrado el 1 de noviembre de 2007 en su habitación para impedir que fuera a una entrevista de trabajo, aunque admitió que mantenía discusiones con ella por las creencias religiosas que profesaba en el domicilio familiar, la última de ellas el 7 de noviembre de 2007.

Al día siguiente, el acusado, entre las nueve y las diez de la mañana, tras continuar la discusión del día anterior con Yuliza, y ante el rechazo de ésta, aprovechando la privacidad del domicilio, acometió a la joven y le pidió que le perdonara por intentar impedirle que "dejara a los testigos de Jehová". En ese instante, ella intentó abandonar la casa y él le apretó el cuello con sus manos mientras, según él, ella se resistía hasta que cayó al suelo.

"Para mí era muy importante que Yuliza me perdonara", señaló Ferreira, que dijo no recordar cuánto tiempo estuvo apretando el cuello, además de que "no creía que estaba muerta". "No sabía qué hacer", señaló el procesado, que dejó el cuerpo en el suelo del salón, bajó a la calle y volvió a subir a la vivienda. Así, bajó el cuerpo de Yuliza "en brazos" y lo introdujo en su vehículo.

Negó que se desprendiera de los zapatos del bolso, del sujetador y de la camiseta de la víctima arrojándolos en un contenedor cercano, al igual que no recuerda si ató las manos y los antebrazos del cuerpo a la espalda con cinta de embalar marrón, trasladándolo en su vehículo hasta le escombrera de Argana Alta, donde enterró el cadáver cubriéndolo "con un poco de tierra", a pesar de que también dijo que no conocía el lugar donde se encontraba el vertedero. Según el acusado, enterró a la chica vestida y dijo que no usa cinta de embalar marrón, a pesar de que ésta se encontró en su coche.

Relató que tras enterrar el cadáver, se dirigió a su casa y permaneció allí hasta las 19.00 horas, cuando bajó a la calle y, posteriormente, regresó al domicilio familiar junto a su mujer, que le preguntó dónde estaba Yuliza y él le dijo que no sabía. Sobre las 20.00 horas la madre de la víctima se empezó a preocupar y la buscaron en diversos puntos.

APORTÓ DATOS FALSOS

En todo momento él no dijo "nada" a su pareja. La desaparición de la joven fue denunciada el 8 de noviembre de 2007, el acusado participó en varias batidas en su busca y confesó que aportó datos datos falsos a la Policía y a la familia para no encontrar el cuerpo de la chica.

No obstante, negó que durante una de las primeras búsquedas dijera a las personas que le acompañaban que "no pasaran por el vertedero donde estaba el cuerpo porque si alguien la había matado allí no la iban a dejar". Asimismo, rechazó que su actitud ante la desaparición de la chica fuera "totalmente pasiva".

Finalmente, el hombre fue detenido el día 10 de abril de 2008 meses después de que se hallara el cuerpo de la adolescente en el citado vertedero.

La fiscal Laura Jordaz y la abogada de la acusación particular, Rosa Callero, reclaman para él 20 años de prisión e inhabilitación absoluta por un presunto delito de asesinato. Además, el Ministerio Público reclama que indemnice a la madre de la víctima en la cantidad de 120.000 euros, mientras que la acusación pide 400.000 euros. El letrado de la defensa, Sergio Lorenzo, pide para su cliente cinco años de prisión por un delito de homicidio con atenuante de arrebato por obcecación.

"ESTABA OBSESIONADO" Y "ACTUÓ CON FRIALDAD"

La letrada de la acusación particular aseguró que Antonio Luis Ferreira estaba "obsesionado" con Yuliza, un comportamiento que "sigue él con las chicas más o menos de esa edad y que el propio acusado admitió sobre otra chica que vivió en el domicilio familiar y a quien seguía a todos lados y quería escuchar incluso sus conversaciones telefónicas con otras personas", manifestó Callero.

Criticó la "frialdad con la que actuó y sigue actuando" el procesado, por lo que cree que "es merecedor del castigo mayor que se le pueda poner". "Es un auténtico cínico porque hoy ha vuelto a cambiar su declaración, en una primera ocasión negó los hechos cuando no estaba la prueba de ADN de pelo en la cinta de embalar, primero alegó que Yuliza se había caído en la discusión, luego dijo que la estranguló sin querer y hoy ha variado" su intervención.

Según la abogada, el acusado no dio a Yuliza "ni la más mínima oportunidad de defenderse, ya que los arañazos que él dijo tener son de varios días antes de pelear con unos perros". Describió a la chica como una "niña muy confiaba, que se relacionaba con poca gente en la isla y muy creyente". Agregó que la madre de la chica "se siente fatal porque le hubiese encantado darse cuenta de lo que ocurría, pero las mujeres cuando se enamoran saben que uno está ciego, que se pone una venda, ella lo hablaba con él pero él lo negaba".

"Ella estaba completamente enamorada de él. Fue un doble golpe porque perdió a su hija que llevaba seis meses en la isla y a la que trajo, no para que la mataran, sino para todo lo contrario para que hiciese una vida mejor junto a ella, y lo que consiguió fue que la mataran y encima la persona que vivía con ella", apostilló Callero, que recalcó que el procesado "no se arrepiente en absoluto". Dijo que la casa de su cliente parece "un santuario lleno de fotos" de su hija y comentó la intención del acusado de huir a Portugal tras los hechos.