Los presos de Soto del Real transforman la cárcel madrileña en una ópera

  • Madrid, 22 abr (EFE).- Proceden de diferentes países, son fruto de culturas dispares y han coincidido en la cárcel por distintos motivos, pero a estos 28 internos del centro penitenciario madrileño de Soto del Real les une una misma pasión: la música.

Los presos de Soto del Real transforman la cárcel madrileña en una ópera

Los presos de Soto del Real transforman la cárcel madrileña en una ópera

Madrid, 22 abr (EFE).- Proceden de diferentes países, son fruto de culturas dispares y han coincidido en la cárcel por distintos motivos, pero a estos 28 internos del centro penitenciario madrileño de Soto del Real les une una misma pasión: la música.

Por ello, decidieron apuntarse al Taller de Ópera organizado por el Teatro Real donde, desde octubre, además de aprender Historia General de la música, componen la ópera que interpretarán al finalizar el curso.

Aparte de las casi dos horas de clase que tienen todos los martes, los 28 presos inscritos en el taller -varios de ellos españoles y otros de países como Rumanía, Colombia, Argentina, México o Guatemala- aprovechan sus ratos libres para componer.

Lo hacen todo ellos: componen el libreto, la música y la puesta en escena. Según el responsable del departamento de Nuevos Proyectos del Teatro Real, Juan Marchán, encargado de impartir el taller, son "luthiers", ya que incluso son ellos mismos los que construyen los instrumentos que utilizarán.

Contar con algún aficionado a la física les ha ayudado a hacer flautas de pan con tubos y palos de lluvia con botellas de plástico, en las que han introducido garbanzos o arroz según el sonido que buscan.

La mayor parte de los reclusos que asisten al taller no cuentan con ningún tipo de formación musical académica, aunque algunos de ellos sí han tenido contacto con el mundo de la música.

Es el caso de Paul, que fue cantante durante diez años y, aunque luego lo dejó, asegura: "siempre te queda el gusanillo y cuando te dan la oportunidad de cantar, escuchar música o ver a la gente actuar, hay que aprovecharlo".

Pese a que son mayoría los que se inician en la música con este taller, Marchán apunta, con orgullo, que el nivel de la clase es "maravilloso".

"Lo que más nos ha sorprendido es el interés que muestran, las preguntas tremendamente inteligentes que hacen y la cultura musical que tienen o buscan tener", explica.

Y es que entre los muros de la cárcel, los presos encuentran en la música "mucho descanso". Es una forma de "evadirse", apuntan.

"Cuando escucho música no estoy preso", explica Marco, que reconoce que ha aprendido que también en la cárcel se pueden hacer "cosas bonitas".

Para este recluso, hay dos cosas en la vida que son "el reflejo del alma": la poesía y la música, y por eso combina las clases de ópera con la participación en concursos de poesía carcelaria y la escritura de su página web.

"Me han alimentado la vanidad y el interior", asegura Marco, y por ello, aspira a seguir en contacto con la música y la literatura cuando dentro de tres meses y medio salga de Soto del Real.

Para su compañero Mario, que de pequeño cantaba en un coro, la música es la mejor manera de distraerse y por eso, dice, en la cárcel "mucho gimnasio para cuidar el físico y música para cuidar el espíritu".

Marchán coincide con ellos: la música "dulcifica" una estancia en prisión que ya es "suficientemente dura", explica, y por eso, además de impartir el taller de ópera, ha llevado a los presos que tienen permiso para salir de la cárcel al Teatro Real a ver el ensayo general de "Don Pasquale" y está programando otra salida para ver "Rigoletto" o "Las bodas de Fígaro".

Como no todos pueden sentarse en una butaca del teatro, en ocasiones organizan conciertos en la cárcel, como el que interpretó la orquesta de Córdoba "Presjovem Ciudad de Lucena" el pasado viernes.

"Les traemos todo lo que podemos, pero lo que podemos ofrecerles siempre es menos de lo que queremos", señala Marchán.

Aunque a veces sienten que entre los estudios universitarios y las aficiones les faltan horas, los internos de Soto del Real aprovechan cualquier oportunidad para acercarse a la música clásica porque, como dice Valentino, "te quita media condena o más".

Clara González y Davinia Suárez