Kosovo celebra el primer aniversario de una independencia que únicamente han reconocido 54 Estados

MADRID, 15 (EUROPA PRESS) El próximo 17 de febrero, los kosovares celebrarán el primer aniversario de su declaración unilateral de independencia. Aquel día, el Parlamento aprobaba mayoritariamente una resolución por la cual Kosovo se convertía en el séptimo, y se supone que último, hijo descarriado de la desaparecida Yugoslavia. En estos doce meses, la situación ha sido menos conflictiva de lo que se esperaba, pero la economía del país se tambalea, más de la mitad de la población está en el paro y, pese a las euforias iniciales, sólo 54 Estados han reconocido a Kosovo, entre los que no figura España. De momento, el primer año de existencia de Kosovo como Estado independiente, de hecho o de derecho, ha despejado los peores augurios. Se esperaba que la independencia abriera la caja de los truenos, con enfrentamientos étnicos entre la comunidad albanesa, que constituye el 90 por ciento de sus dos millones de habitantes, y el resto de comunidades étnicas, una huida masiva de serbios y un auge desaforado del nacionalismo. En lo que se refiere a Serbia, a pesar de persistir el firme rechazo de Belgrado a la independencia de Kosovo --un territorio al que los serbios siguen considerando la "cuna" de la identidad patria--, los ultranacionalistas no obtuvieron los réditos que esperaban de la separación de Kosovo en las elecciones legislativas de mayo de 2008 y el país cuenta en la actualidad con el Gobierno más europeísta de su historia. En el propio Kosovo, no sólo no se ha producido el éxodo masivo de serbios, sino que la situación se mantiene relativamente tranquila en los enclaves de población serbia. Los serbios y sus recintos religiosos cuentan con la protección de los 15.000 efectivos de la misión de la OTAN (KFOR) y, de momento, la misión policial y judicial desplegadas el pasado mes de diciembre por la UE (EULEX) parece controlar la situación en todo el país, incluidas las zonas mayoritariamente serbias. No obstante, en el norte sigue habiendo bolsas de conflictividad y aún se registran de vez en cuando enfrentamientos armados entre serbios y albaneses y atentados con bomba en la ciudad de Mitrovica, una situación que, según las autoridades, podría descontrolarse en el futuro a causa de los graves problemas a que se enfrenta la población, en especial los económicos. CRISIS ECONÓMICA Lo cierto es que, entre las asignaturas pendientes a las que se enfrenta Kosovo, aparte de la debilidad de sus instituciones --la antigua administración de la ONU (MINUK) ha perdido un peso considerable, pero no ha desaparecido del todo--, destacan los desfases económicos del nuevo país, particularmente graves en el actual contexto de crisis internacional. A lo largo de este año, la economía experimentó un crecimiento del 5,2 por ciento y el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que este año sea de un 6,6 por ciento. No obstante, este crecimiento se asienta sobre bases extremadamente inestables. La mayoría de los kosovares --serbios o albaneses-- dependen de las ayudas o de los fondos procedentes de otros países, como Alemania. De hecho, el Banco Mundial ha advertido de que el 45 por ciento de los kosovares vive por debajo del umbral de la pobreza y el 15 por ciento puede calificarse de "extremadamente pobre". La media de los salarios es de 220 euros al mes. Aparte, el temor latente a una reanudación de los conflictos étnicos ha detraído las inversiones extranjeras y las autoridades han admitido que se necesitaría un crecimiento anual de dos dígitos para reducir ligeramente la tasa de desempleo, que en la actualidad es superior al 50 por ciento. Obviamente, esta situación podría conducir a una nueva conflictividad en el país. Cientos de miembros desmovilizados de las milicias de protección se manifestaron recientemente en Pristina para pedir trabajo en una nueva fuerza armada formada mayoritariamente por antiguos guerrilleros del Ejército para la Liberación de Kosovo (ELK). Por otra parte, el territorio de Kosovo sigue siendo una importante ruta del tráfico de drogas y alberga --junto a su vecina y "hermana" Albania-- a algunos de los cárteles más importantes del narcotrático europeo. RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL El otro gran problema del país lo constituye su reconocimiento internacional. En virtud de la independencia "tutelada" propuesta en el plan del enviado especial de la ONU, Martti Ahtisaari (premio Nobel de la Paz de 2008), Kosovo es un Estado 'sui generis' que no tiene representación en Naciones Unidas, no cuenta con Ejército propio --las únicas tropas son las de la OTAN-- y sus policías y jueces son los que aporta la UE. Ello quiere decir que, a diferencia de los otros seis países egresados de Yugoslavia --Serbia, Montenegro, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia y Eslovenia--, Kosovo sigue siendo, legalmente, una provincia serbia. Esta circunstancia ha contribuido a que, hasta la fecha, sólo haya sido reconocido por 54 Estados del total de 192 que conforman Naciones Unidas y a que Rusia siga vetando cualquier resolución de la ONU en favor de la independencia. De los 27 Estados miembros de la UE, sólo cinco se mantienen firmes en su decisión de no reconocer la independencia del país, entre los que figura España, que considera que la separación de Kosovo "no respeta la legalidad internacional". Los otros países son Grecia, Rumanía, Chipre y Eslovaquia. LA BATALLA DE KOSOVO La historia de la independencia de Kosovo comenzó realmente en junio de 1989, cuando el entonces presidente de Serbia, Slobodan Milosevic, aprovechó el 600 aniversario de la 'Batalla de Kosovo' para advertir en un discurso de que los serbios nunca renunciarán al control de la provincia. Ese mismo año, estableció la ley marcial en Kosovo. El día de San Vito de 1389 (el 28 de junio), las fuerzas serbias perdieron ante las tropas del sultán turco en la llamada 'Batalla de Kosovo', en la que perdió la vida casi toda la nobleza serbia y el país pasó a formar parte del Imperio Otomano. Desde entonces Kosovo constituye un símbolo para la mitología serbia, que como sucede en otros casos, ha hecho de una derrota su "bautizo de fuego" nacional. En julio de 1990, los diputados albanokosovares declararon la independencia de Kosovo y Milosevic respondió anulando la autonomía de que disfrutaba en el seno de la entonces república yugoslava de Serbia. La crisis kosovar sirvió de disparadero para el terrible conflicto que puso fin a Yugoslavia. Después de casi diez años infructuosos de desobediencia civil pacífica, entre marzo y septiembre de 1998 se alzó en armas el grupo armado ELK. Fue el inicio de una guerra civil durante la cual se cometieron gravísimas violaciones de Derechos Humanos en los dos bandos. Tras el fracaso de las negociaciones de paz y de 78 días de bombardeo masivo de la OTAN, Milosevic --por entonces presidente de la República Federal de Yugoslavia-- accedió en junio a retirar sus tropas de Kosovo. Por temor a venganzas, 200.000 serbios huyeron de la provincia. Desde ese año, Kosovo estuvo administrado por la ONU hasta que, en virtud de la Resolución 1244, en marzo de 2007 comenzaron las negociaciones sobre el futuro de la provincia, durante las cuales Ahtisaari propuso su plan de independencia "supervisada", inmediatamente rechazado por Serbia. Las conversaciones concluyeron en diciembre de 2007 sin que se llegase a ningún acuerdo debido al enrocamiento de las dos partes y después de que, por una parte, Rusia dejase bien claro su oposición a cualquier resolución que anulara la 1244 y de que, por la otra, Estados Unidos y otras potencias occidentales no ocultaran su apoyo a la independencia. Tras el definitivo colapso, las autoridades kosovares anunciaron su intención de declarar unilateralmente la secesión si no se llegaba a un acuerdo con la ONU.