El yin y el yang de las elecciones primarias: se gana imagen, pero también peleas


Simpatizantes de Trinidad Jiménez

Simpatizantes de Trinidad Jiménez

Este martes finalizó el plazo y hoy toca verificar la documentación. Todos los precandidatos socialistas que manifestaron su intención de presentarse a las elecciones autonómicas y municipales en aquellas plazas donde existe algún competidor tenían que presentar sus avales. A falta de que se verifique la documentación presentada, el próximo día 3 de octubre se celebrarán ocho procesos internos, lo que puede suponer un riesgo y una oportunidad.El proceso que más ha llamado la atención de los medios de comunicación ha sido el que disputarán Tomás Gómez y Trinidad Jiménez para conseguir competir con Esperanza Aguirre por el gobierno autonómico madrileño, pero otras provincias como Murcia o Canarias vivirán idénticos procesos. No sucederá lo mismo finalmente en la Comunidad Valenciana, donde se ha confirmado que el 66% de los avales presentados por el exministro Asunción no son válidos, lo que deja al desconocido Jorge Alarte como estilete socialista contra el indestructible Camps.Pero, ¿qué supone para un partido mirarse en el espejo de un proceso de primarias? Supone, o puede suponer, un riesgo evidente: el de dividir a las propias bases entre dos candidatos que luchan entre ellos pero que, en apenas un par de semanas, tendrán que darse la mano y hacer ver que son una piña para poder enfrentarse al oponente real: el representante del otro partido político al que se pretende derrotar.En el lado positivo de la balanza, llevar a cabo un proceso de primarias supone ganar imagen. El Partido Socialista exporta una imagen de limpieza democrática al hacer ver que son las propias bases del partido las que eligen a sus representantes. También supone notoriedad. No es casual que los grandes procesos de primarias se vayan a llevar a cabo en regiones en las que los socialistas son incapaces de mojarle la oreja a los populares: el citado proceso de Madrid, el malogrado intento de la Comunidad Valenciana, el bastión popular de Murcia o las Canarias, que se enfrentan a las primeras elecciones después de que Juan Fernando López Aguilar estuviera a punto de conseguir una victoria que sólo una alianza entre Coalición Canaria y Partido Popular pudo evitar.Democracia sí, pero con condicionesPero a esa imagen de limpieza y esa notoriedad que ganan candidatos antes olvidados por los medios de comunicación puede no ser tan merecida. Aunque las primarias socialistas madrileñas se interpretaron como una lucha de poder entre la ejecutiva madrileña y la federación nacional, el resto de procesos han sido vistos como una estrategia destinada a emular el éxito que ha tenido en los medios de comunicación la pugna entre Jiménez y Gómez. Es más, algunos expertos describen carencias reseñables en el proceso: el partido no es neutral porque siempre muestra su preferencia por uno de los contendientes y, además, el proceso enfrenta modelos indistinguibles, casi clónicos, porque no se han dado debates internos que contribuyan a enfrentar posiciones.Los socialistas eligen a sus representantes mientras otros, como los populares, los designan a dedo o, en algunos casos, se autoproclaman ante el silencio de la sede nacional. Sí, pero el proceso está condicionado en todo momento por las pugnas internas entre familias socialistas, algunos líderes caídos del partido -como el caso de Ibarra, cuyo apoyo a Gómez responde a una oposición indisimulada a Zapatero- y, especialmente, al reparto de cargos y posiciones de salida en las listas electorales de los hipotéticos candidatos ganadores.Y la pugna interna no termina en los procesos autonómicos, ya que sucede lo mismo en las ciudades de más de 50.000 habitantes. Hasta en cinco ciudades los socialistas se enfrentarán a sí mismos para intentar plantar cara, algunas tan importantes como Valencia, Alicante, Guadalajara, San Sebastián de los Reyes o Torrejón de Ardoz. Será en mayo cuando tocará evaluar si los riesgos han valido la pena porque los beneficios hayan sido notorios.