Alberto Fujimori deja un grupo tan personalista que se llama "fujimorismo"

  • Lima, 7 abr (EFE).- El ex presidente Alberto Fujimori, condenado hoy a 25 años de cárcel tras un largo proceso de quince meses, ha dejado como herencia un movimiento político tan deudor de su persona que no tiene tapujos en llamarse "fujimorismo".

Fujimori recibe la máxima pena de 25 años de cárcel en un juicio histórico

Fujimori recibe la máxima pena de 25 años de cárcel en un juicio histórico

Lima, 7 abr (EFE).- El ex presidente Alberto Fujimori, condenado hoy a 25 años de cárcel tras un largo proceso de quince meses, ha dejado como herencia un movimiento político tan deudor de su persona que no tiene tapujos en llamarse "fujimorismo".

En estas circunstancias, el heredero espiritual del ex presidente no podía ser más que alguien que llevara su mismo apellido, y ha sido su hija Keiko Fujimori la que tomó el relevo político al frente del Grupo Parlamentario Fujimorista y del partido Fuerza 2011.

No lo ha hecho público todavía, pero los mentideros políticos limeños dan por seguro que Keiko se presentará a las próximas elecciones presidenciales de 2011, y lo cierto es que las encuestas la sitúan entre las mejor valoradas por los votantes (fue también la congresista más votada en las últimas legislativas).

No se puede decir que Keiko haya querido desprenderse de la imagen de su padre; antes al contrario, en sus entrevistas enarbola los logros de la época de Alberto Fujimori (1990-2000) como la mejor tarjeta de presentación de su movimiento, sin molestarse en utilizar etiquetas ideológicas.

"El fujimorismo es un movimiento político compuesto por técnicos, por gente que no cree en los partidos políticos tradicionales, personas con convicción de servir a nuestro país y, sobre todo, a los sectores más alejados y populares", dijo recientemente en una entrevista con Efe.

Se dice Keiko amiga de la discreción y las grandes obras públicas, y no duda en reconocer el carácter asistencialista de sus propuestas sociales, necesario "en un primer momento en un país pobre como el Perú".

Lo cierto es que el nombre de Fujimori despierta comentarios de reconocimiento y admiración más en las provincias y en las clases bajas urbanas que en los segmentos de clase media y acomodada, donde pesa más el recuerdo de la extendida corrupción y los abusos contra los derechos humanos cometidos en aquellos años 90.

En el extrarradio limeño y en las provincias ya proliferan desde hace meses grandes pintadas que rezan "Fujimori inocente" junto a llamamientos a votar por su hija: "Adelante Keiko" o "Fuerza 2011", otro síntoma de cómo sus seguidores ven ligados los destinos políticos de padre e hija.

El Grupo Parlamentario Fujimorista cuenta con trece diputados, con Keiko como jefe de bancada, y en su quehacer político se han aliado una u otra vez con la multitud de grupos y grupúsculos que pululan en el centro-derecha, pero evitando siempre la coincidencia con los nacionalistas de Ollanta Humala.

Curiosamente, Keiko reconoce que el electorado al que dice representar, las clases empobrecidas del interior, son las que pueden sentirse llamadas por el discurso nacionalista de Humala, por eso no duda de que es él el enemigo a batir.

En los últimos meses, ha corrido el rumor de una alianza secreta entre el Partido Aprista del presidente Alan García y los fujimoristas, para que estos últimos apoyen al aprismo en el Congreso a cambio de que el mandatario peruano indulte a Alberto Fujimori, un pacto negado una y otra vez por el fujimorismo.

Keiko ya ha admitido sin ambages, que indultará a su padre si algún día llega a la jefatura del Estado.

En todo caso, la estrella de Keiko es ascendente en el monótono paisaje político peruano donde es difícil apreciar las diferencias entre unas propuestas políticas cortadas por el mismo patrón: liberalismo económico y alejamiento de las fórmulas populistas que defiende el incómodo vecino venezolano.

Keiko se ha dejado querer mientras todos esperaban con expectación, los que han sido sus primeros cinco minutos de gloria, cuando el mundo entero estaba pendiente de su reacción ante la condena de su padre.