El amor prohibido de la hija de Mussolini

El amor prohibido de la hija de Mussolini

El amor prohibido de la hija de Mussolini

ROMA, 15 (EUROPA PRESS)

El amor no conoce de edades, razas, credos... ni tampoco de ideologías políticas. Lo demuestra el último amorío desenterrado de los anales de la historia, el de Edda Ciano, hija del dictador italiano Benito Mussolini, con un comunista llamado Leonida Buongiorno.

Poca o ninguna gracia le habría hecho al dictador, proclamado 'Duce' de Italia por el partido fascista, conocer el romance de su hija mayor con el activista comunista. No en vano fue Mussolini el que la dejó viuda en 1944, cuando ordenó la ejecución de su marido, el ministro de Asuntos Exteriores, el conde Galeazzo Ciano, por haber votado a favor de la destitución de 'Il Duce' al frente del fascismo italiano.

El escarceo amoroso de Edda Ciano no llegó a sus oídos porque había sido fusilado meses antes, el 28 de abril de 1945, por partisanos comunistas cerca del Lago de Como. Edda, que en aquel momento tenía 35 años, conoció a Leonida Buongiorno en la isla mediterránea de Lípari, donde él dirigía a los activistas comunistas y donde ella estuvo exiliada a partir de septiembre de 1945 a lo largo de nueve meses.

El primer encuentro amoroso de la pareja fue una noche de primavera en la terraza de la casa de la familia Timparozzo, denominada 'La Petite Malmaison', donde él la acarició las piernas, que ella consideraba, la parte más hermosa de su cuerpo. Se intensifica entonces una relación epistolar entre ambos en la que Leonida se enamora perdidamente de la hija mayor de Mussolini.

"Conocía a Ellenica. Al final de una violenta manifestación por las calles del pueblo en la que se podrían haber calmado los ánimos con pocas y simples palabras. Me pareció una golondrina herida con las alas quebradas", escribió entonces Leonida, que en otra ocasión le recitó a Edda los versos de 'La Odisea' de Homero en los que Circe le indica a Ulises los dos caminos imposibles que puede tomar para regresar a Ítaca.

"Querido amigo, si vuestros compromisos políticos y vuestras distracciones del domingo os lo permiten ¿podríais ser tan cortés de venir a hacerme una visita?", escribía en una ocasión Edda, que a lo largo del intercambio epistolar se identifica bajo el apodo de Ellenica. Fue Leonida el que ayudó escribir a Edda la carta que envió a las autoridades de Roma para eximirse de cualquier culpa en torno a los desmanes de la dictadura de su padre.

Tras aquella misiva, Edda pudo regresa a Roma con su hijo, en julio de 1946, pero con el tiempo la relación se fue enfriando y, aunque ella seguía escribiéndole cartas a su enamorado, las respuestas empezaron a escasear. Leonida -Baaiardo en las cartas- había conocido a Angela, su futura esposa, pero su antiguo amor nunca se apagó. De hecho, en 1971, cuando ambos rondaban la setentena, volvieron a encontrarse furtivamente en Lípari.

Toda esta relación de la hija del dictador italiano con un activista comunista fue llevada con la mayor discreción por parte de sus protagonistas -de ahí los apodos en las misivas- y la ha podido rescatar del olvido el escritor y periodista Marcello Sorgi, ex director del diario 'La Stampa' de Turín, gracias a que un hijo de Leonida Buongiorno guardó toda la correspondencia de su padre con aquella mujer.

'Edda Ciano y el comunista. La inconfesable pasión de la hija del Duce' ha sido publicado en abril en Italia, según informaciones de 'Corriere della Sera' recogidas por Europa Press, y narra esa historia de amor entre la hija mayor del dictador fascista italiano y el que bien podría haber sido uno de sus mayores enemigos, un líder comunista.