El Supremo ratifica las penas a los condenados por el incendio de Rota donde murió un padre y su hija

CÁDIZ, 22 (EUROPA PRESS)

El Tribunal Supremo (TS) ratificó las penas de cárcel impuesta por la Audiencia Provincial de Cádiz para los condenados por un incendio originado en Rota en el año 2005 que le costó la vida a un hombre de 21 años y su hija de once meses.

La sentencia, a la que tuvo acceso Europa Press, desestima los recursos de casación puestos por dos de los tres condenados por estos hechos, concretamente los planteados por los dos que recibieron mayor condena.

La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Cádiz condenó a 18 y 14 años de cárcel a dos de los acusados por el incendio originado en una vivienda de Rota (Cádiz) en septiembre de 2005 y que ocasionó la muerte de dos personas (un hombre de 21 años y su hija de once meses), mientras que al tercero de ellos lo condenó a dos años de prisión por un delito de omisión del deber.

La Audiencia, que celebró el juicio el pasado en junio de 2008, condenó a J.C.L. en concepto de autor de los delitos de incendio, concurso en dos asesinatos y tres de lesiones a la pena de prisión de 14 años. Además, con la eximente incompleta de enajenación mental, le impusieron medidas de seguridad de internamiento por un tiempo máximo de 20 años, por lo que deberá ingresar en un psiquiátrico.

Por su parte, A.F.G. fue condenado por los mismos delitos a una pena de 18 años de prisión, mientras que a J.F.P.S. fue condenado a dos años de prisión por omisión del deber de impedir detener los delitos. Además, J.C.L. y A.F.G. fueron condenados a no poder entrar en el término municipal de Rota por el tiempo de 19 y 23 años.

Según el escrito de calificación al que tuvo acceso Europa Press, los hechos ocurrieron en septiembre de 2005 cuando los tres acusados fueron a comprar cocaína, por lo que se desplazaron en un coche a la calle Virgen de las Nieves en Rota, donde encargaron a I.B.B. que se la consiguiera, para lo que le dieron 60 euros.

Según declararon los acusados en el juicio, les entregó una bolsa con una sustancia que finalmente no era cocaína, por lo que uno de los acusados propuso ir a comprar gasolina para prender fuego al bloque de pisos donde había visto entrar a I.B.B. Así, fueron a la gasolinera más cercana y adquirieron gasolina, dirigiéndose luego otra vez al bloque de pisos citado.

Allí, vaciaron la bolsa de gasolina sobre unos ciclomotores que había en los bajos de la escalera y encendieron la gasolina, lo que provocó un incendio que causó la muerte del hermano de I.B.B. y su hija de once meses, así como lesiones a tres de los inquilinos.

Por su parte, durante la celebración del juicio, A.F.C. relató los hechos ocurridos ese día y señaló que tras haber salido por la zona de los bares fueron a comprar cocaína porque uno de ellos quería adquirirla. Así, se dirigieron a una barriada, en la que ocurrieron los hechos, y se encontraron con I.B.B. al que dos de ellos (A.F.C. y J.C.L.) le entregaron 60 euros y le bajó una bolsa que luego resultó no ser la sustancia requerida.

Según indicó, esto hizo que J.C.L. se "cabreara porque lo habían estafado". Asimismo, señaló que cuando "parecía que se le había pasado" fueron a una gasolinera "a comprar tabaco" y manifestó que fue J.C.L. el que compró la gasolina. Posteriormente, según relató A.F.C. volvieron a la zona donde habían intentado comprar la droga y aunque intentó quitarle la bolsa con gasolina a J.C.L., porque "no sabía las intenciones que tenía", éste le dijo que "sólo quería asustarlo".

EN TRATAMIENTO PSIQUIÁTRICO.

A.F.C. aseguró que al no conseguir arrebatarle la bolsa de gasolina a su compañero se fue de la casa y después siguió a su compañero que salio corriendo hasta el coche. Asimismo, aseguró que no escuchó a nadie gritar ni pedir auxilio y que se enteró de lo que había sucedido al día siguiente por las noticias. Además, declaró que no dijeron nada a la Policía por "miedo" a lo que les pudiera pasar, así como que desconocía que J.C.L. tenía "problemas" y estaba con tratamiento psiquiátrico.

Por su parte, J.F.P.S. coincidió en la declaración del primer acusado en que él no estaba presente cuando encontraron al hombre que le vendió la droga, así como que se quedó dentro del coche, al estar "cansado", tanto en la gasolinera como cuando fueron a prenderle fuego a la vivienda.

El tercero de los acusados (J.C.L.) declaró que el día de los hechos había consumido antes de salir (durante el día) cocaína y que además ingirió bastante alcohol durante la noche. Esto le provocó, según relató, que después de salir de la zona donde habían estado tomando copas ya no recordara "nada" de lo que sucedió, aunque reconoció que era él quien conducía el coche.

En este sentido, aseguró que no recordaba nada de la gasolinera ni de volver para prenderle fuego a la vivienda y señaló que se enteró de los hechos al día siguiente por las noticias. Asimismo, declaró que le habían contado que A.F.C. fue quien echó la gasolina y él quien le prendió fuego.

J.C.L. manifestó que cuando se enteró de los hechos llamó a sus padres para decirles que tenía un "problema muy grande", que se encontraba "muy mal anímicamente", porque además su "mejor amigo" se estaba muriendo en Madrid por una sobredosis. Por ello, finalmente se dio de baja del Ejército por depresión. El acusado afirmó también que en el momento de los hechos se encontraba en tratamiento psiquiátrico y señaló que con anterioridad lo habían echado del ejército y lo habían readmitido posteriormente tras haberle hechos unas pruebas.

J.C.L. declaró que desde los 13 años había tenido problemas con las drogas, lo que le había llevado incluso a "agredir" a sus padres y a intentar suicidarse en una ocasión. Además, aseguró que le habían diagnosticado trastorno de personalidad y trastorno ansioso depresivo severo. Asimismo, indicó que actualmente tiene aplicado en prisión, donde afirmó que seguía consumiendo drogas, el protocolo de suicidio.

Una de las personas que pasó por el estrado en calidad de testigo fue la madre de J.C.L. que aseguró que desde los tres años su hijo "se salía de los parámetros normales" y señaló que le diagnosticaron hiperactividad y trastorno de personalidad. Asimismo, manifestó que era "un niño triste y solitario" y aseveró que "no tenía amigos".

Asimismo, tras indicar que había sido sometido a tratamiento psiquiátrico, manifestó que era consumidor de drogas y relató algunos episodios de agresividad que había sufrido su hijo. Además, señaló que era una persona "compulsiva en todo", ya que "o no se toma ninguna cerveza o si lo hace, no se toma una sino siete".

Durante la declaración de la madre de J.C.L. se vivieron los momentos más tensos del juicio, ya que familiares de las víctimas abandonaron la sala para no seguir escuchando el testimonio de la mujer y salieron por la puerta increpándole que "no estaba muy loco cuando entró en el ejército" y acusando a los imputados de "asesinos".