Un acusado de asesinar de un tiro a un rumano desde su ventana niega el crimen y asegura que el arma no era la suya

La Policía detuvo al acusado porque un mes antes había matado desde su ventana a un perro que no paraba de ladrar MADRID, 25 (EUROPA PRESS) El presunto homicida de Leonard Florín Mirón, un joven rumano que falleció en Año Nuevo de 2007 por un tiro que le descerrajaron desde una ventana en el barrio de Pan Bendito (Carabanchel), ha negado ser el autor del crimen y ha asegurado que la supuesta arma del calibre 22 con la que se perpetró el delito no era la suya porque esa misma noche se la robaron de su coche, informaron hoy fuentes jurídicas. Andrés B. G., de 36 años y entonces interino de la Audiencia Nacional, se sienta desde el pasado lunes en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial de Madrid por la muerte de Florín Mirón, un trabajador de 23 años. Un jurado popular será el encargado de emitir su veredicto el próximo martes por un delito de homicidio. El fiscal pide para él 12 años de prisión y una indemnización de 65.000 euros para su familia. La abogada Cynthia Favero, que representa a la acusación particular, solicita para el acusado 15 años de cárcel por homicidio agravado de lugar y tiempo. Además, reclama que indemnice con 85.000 euros a la familia del fallecido. El juicio continuará mañana con la prueba pericial de balística, fundamental para sustentar una posible condena. No obstante, el arma homicida nunca apareció, lo que podría permitir que el acusado quede en libertad. Esa noche, la víctima celebraba la llegada del año nuevo con unos compatriotas en una casa situada en el número 8 de la plaza de la Rendición de Breda. Alrededor de las 3.45 horas, el joven se asomó a la ventana para fumarse un cigarro. De repente, recibió un tiro en un dedo meñique y, segundos después, otro en el costado que le perforó el pulmón. A los pocos minutos, murió desangrado. Los agentes del Grupo V de Homicidios dieron con el presunto asesino tras un sondeo vecinal en el que averiguaron que un mes antes alguien había matado a un perro por sus ladridos en el portal de al lado de una forma similar. Así, la Policía pidió a la Guardia Civil que le informara sobre las personas con permiso de armas de ese bloque de pisos. De los vecinos, sólo dos tenían licencia, entre ellos Andrés B.G. El acusado, cuyo padre es militar, tenía licencia para escopetas de caza. Tenía tres con diferentes calibres, una de ellas del 22. La Policía estudió la trayectoria de la bala que mató a la víctima y al perro, proviniendo del piso del acusado. Tras conseguir una orden de registro, los agentes inspeccionaron la vivienda del sospechoso, encontrando sólo dos de las tres escopetas. Ninguna de ellas era el arma homicida. Tras su detención, el supuesto homicida aseguró que esa misma noche se había dejado la escopeta en el coche con la puerta abierta. Sostuvo que se la robaron. Pero decidió no denunciarlo. Se trata de la misma versión que ofreció el pasado lunes ante la Audiencia madrileña.