Bolívar funciona también con hermosas expresiones artísticas

  • Sevilla, 22 abr (EFE).- Una oreja cortó el colombiano Luis Bolívar hoy en La Maestranza de Sevilla, en una tarde marcada por el nulo juego de los toros, en la que acertó a superar ese inconveniente a base de buena técnica y oficio, de entrega, y también, muy importante, de hermosas expresiones artísticas.

Bolívar funciona también con hermosas expresiones artísticas

Bolívar funciona también con hermosas expresiones artísticas

Sevilla, 22 abr (EFE).- Una oreja cortó el colombiano Luis Bolívar hoy en La Maestranza de Sevilla, en una tarde marcada por el nulo juego de los toros, en la que acertó a superar ese inconveniente a base de buena técnica y oficio, de entrega, y también, muy importante, de hermosas expresiones artísticas.

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Peñajara, aceptablemente presentados aunque con notables desigualdades entre los seis, descastados y deslucidos. Se movieron más tercero y, sobre todo, sexto, pero con idéntica falta de clase que los otros.

Antonio Barrera: estocada (silencio); y estocada (silencio).

Juan Bautista: estocada corta tendida (silencio); y estocada desprendida (silencio).

Luis Bolívar: estocada casi entera (palmas); y estocada (una oreja).

En cuadrillas, un buen par de Gustavo García "Jeringa" al sexto, muy aplaudido aunque sin llegar a saludar.

La plaza tuvo más de media entrada, con lleno prácticamente en sombra (el abono), en tarde primaveral.

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FINAL FELIZ

Festejo rápido en el tiempo, y vacío de contenido, hasta que salió el sexto. El origen del fracaso, los toros. Un tostón de corrida. Aunque valió mucho la pena esperar.

Había reservada una agradable sorpresa. La segunda faena del colombiano, brillante por la forma de plantearla y de llevarla a cabo. De actitud atacante en todo momento, desde el principio y hasta el final de más a más.

Bolívar, que ya había firmado un pasaje muy notable con el capote en su toro anterior, lanceando ceñido y con arrebato, volvió a saludar al sexto con un ramillete de verónicas preciosas.

Apenas se picó al toro -la única manera de apostar por el triunfo dada su escasa consistencia de bravura-, que así llegó al último tercio al menos moviéndose. Pero no había clase alguna.

En las dos primeras series a derechas, muy cortas, de tres y uno, al menos hubo limpieza y cierta ligazón. Y a la siguiente encarriló Bolívar la faena, construida desde la estética a la profundidad, pasando inexcusablemente por la despaciosidad, y aumentando ostensiblemente el número de pases por tanda.

Funcionó el temple, ese arma infalible que unas veces quita fuerzas de más y otras vigoriza lo endeble. Y a todo esto también una buena aportación del toro, la única, la movilidad. Pasaba y pasaba, aunque sin terminar de humillar. Por eso más mérito del torero, gustándose y gustando.

Lo fundamental tuvo sello de naturalidad. Erguido, pausado y muy sentido, el hombre creyó mucho en su obra, recreándose en un epílogo de "alegrías" muy a modo a base del molinete invertido, trincheras, cambios de mano y otros remates con gracia sandunguera.

Alegra comprobar expresiones tan artísticas en un torero cuya personalidad hasta ahora viene definiéndose por el valor puro y duro. Bolívar, también virtuoso, y nada menos que en La Maestranza.

Una contundente estocada puso en sus manos la oreja. Impensable final teniendo en cuenta cómo se había desarrollado la tarde.

El manso tercero no tuvo continuidad en la muleta. Tragó Bolívar lo suyo en el toreo sobre la diestra hasta el punto de hacer sonar la música. Pero acabó siendo fugaz.

Barrera no tuvo opciones en su lote. El toro que abrió plaza, que cogió de muy mala manera al peón Paco Peña, zarandeándole a la salida de un par de banderillas, aunque salió milagrosamente indemne, desarrolló después peligro en la muleta. Bastante hizo Barrera con no arrugarse. El cuarto, descastado y sin brío, tampoco funcionó.

Bautista cargó igualmente con un lote no apto para el lucimiento. Quebrantado en un volatín su primero, también soso de más, y tardo y topón el otro, en ambos el torero francés hizo más de lo que pudo, que realmente no fue mucho.