"The International", un thriller flojo sobre la maldad de los bancos

  • Redacción Internacional, 23 abr (EFE).- En medio de una crisis económica como la que vivimos en la actualidad y con un protagonista como Clive Owen, una película que culpa de todo a los bancos debería tener un cierto éxito, pero con un guión tan flojo como el "The International. Dinero en la sombra", el resultado es bien incierto.

"The International", un thriller flojo sobre la maldad de los bancos

"The International", un thriller flojo sobre la maldad de los bancos

Redacción Internacional, 23 abr (EFE).- En medio de una crisis económica como la que vivimos en la actualidad y con un protagonista como Clive Owen, una película que culpa de todo a los bancos debería tener un cierto éxito, pero con un guión tan flojo como el "The International. Dinero en la sombra", el resultado es bien incierto.

El director alemán Tom Tykwer, que se dio a conocer con la excelente y original "Corre, Lola, corre" (1998), se mete esta vez en los grandes negocios entre las multinacionales y los bancos que sin escrúpulo utilizan al tercer mundo como base de sus negocios.

Louis Salinger (Owen) trabaja para la Interpol y trata, con la ayuda de una fiscal estadounidense, Eleanor Whitman (Naomi Watts), de destapar los sucios negocios de un banco, el IBBC, con sede en Luxemburgo, que quiere controlar la deuda de los países pobres para así tenerlos dominados y poder hacer y deshacer a su antojo.

Una película a priori interesante por el tema que trata -a todos nos gusta estos días echar la culpa de todo a los bancos- y con un cartel con nombres tan solventes como los de Owen, Watts, Armin Mueller-Stahl o Ulrich Thomsen.

Pero ni los actores tienen personajes definidos ni la historia profundiza en las viciadas relaciones entre banqueros y empresarios.

Tykwer se limita a realizar un recorrido por medio mundo (hay que hacer honor al título), con paradas en Lyon, Milán, Berlín, Estambul o Nueva York.

Y a utilizar un par de maravillosos escenarios -el museo Guggenheim de Nueva York y un mercado callejero de Estambul- para situar las dos principales persecuciones de la historia.

Dos persecuciones llenas de tiros y poco más, especialmente la del museo, que hasta parece ser la escena central de la película y su rodaje la única razón de haber puesto en pie este proyecto.

Y más allá del contenido, tampoco destaca el continente. Correcta pero fría, la película no destaca ni por su planificación, ni por su fotografía y muchísimo menos aún por una terrible música en la que omnipresentes tambores parecen anunciar la salida de los gladiadores a la arena de un circo.

Una película con demasiados elementos que se tropiezan unos con otros -otra curiosidad incomprensible es la elección de los nombres de los protagonistas, quizás un homenaje a dos genios de la literatura, Salinger y Whitman- y una historia que se desarrollan con poco interés.