Seis años de cárcel para el árbitro que abandonó a dos compañeros que fallecieron en un accidente

Por los delitos de homicidio imprudente, conducción temeraria, lesiones imprudentes y omisión del deber de socorro

SANTANDER, 11 (EUROPA PRESS)

El Juzgado de lo Penal número Dos de Santander ha condenado a un total de seis años de prisión y a una indemnización de casi 160.000 euros al árbitro de fútbol que dejó abandonados a dos compañeros que fallecieron tras sufrir un accidente de tráfico con el coche que conducía en diciembre de 2006.

La sentencia, que se ha conocido hoy, condena a Adrián G.B. a cuatro años de cárcel por dos delitos de homicidio imprudente en concurso con otros dos de conducción temeraria y lesiones imprudentes, y a la retirada del carnet de conducir durante seis años.

Además le impone otros dos años de prisión por un delito de omisión del deber de socorro. En concepto de responsabilidad civil, el condenado y la aseguradora del coche que conducía, propiedad de su madre, deberá abonar cuatro indemnizaciones de 36.532 euros y otra de 13.284 a los familiares de las víctimas.

Con la condena por este último delito, el juez atiende a las peticiones de dos de las tres acusaciones particulares ejercidas por los padres de uno de los fallecidos y la madre de otro, pero en la pena más baja de las solicitadas, al optar por imponerle dos años de cárcel, como proponía una de las acusaciones, en lugar de los cuatro que pedía la otra. El Ministerio Fiscal, sin embargo, no contemplaba este delito.

Para el juez José Hoya Coromina, que ha dictado el fallo, la conducta del acusado al ocultar la existencia de los fallecidos e impedir su "auxilio y socorro", dejó a las víctimas en el "más absoluto desamparo y les privó de las escasa posibilidades de salvar la vida".

Añade que las lesiones que sufrió uno de los fallecidos eran "incompatibles con la vida" y su muerte "no fue instantánea, pero sí próxima" al accidente, y para el otro existió una "posibilidad real" de prestación de ayuda, dado que hubo una "mayor dilación temporal" entre el accidente y su fallecimiento, por lo que la asistencia hubiera "podido posibilitar su tratamiento".

Para el juez, el delito se consumó desde el momento en que el acusado ocultó la existencia de las víctimas a los miembros de los servicios de asistencia, aún cuando posteriormente se les hubiera prestado a éstas los servicios necesarios, cosa que no ocurrió.

"VELOCIDAD TEMERARIA"

Destaca además que Adrián G.B. conducía a una velocidad "no sólo excesiva, sino temeraria", realizando adelantamientos prohibidos y creando situaciones "de riesgo evidente" para otros conductores, y recuerda que hacía sólo dos años que había obtenido el carnet de conducir y en ese tiempo había tenido al menos seis accidentes.

La sentencia considera probado que el acusado conducía el vehículo por la autovía S-10, en dirección a San Salvador, tras haber ingerido alcohol, y al llegar al kilómetro 2,500, cuando circulaba a 150 kilómetros por hora en lugar de a los 80 a los que estaba limitada la velocidad, se vio sorprendió por la presencia de otros vehículos que intentó sortear, perdiendo el control del coche, que colisionó contra una vionda de separación y salió despedido, elevándose en el aire hasta detenerse en un riachuelo de la marisma de Alday.

Los dos ocupantes de la la parte trasera del vehículo, Fernando A. y Jaime M., de 26 y 19 años, respectivamente, que no llevaban el cinturón de seguridad, salieron despedidos del coche y fallecieron, el primero en el acto, y el segundo a una hora no determinada. Por su parte el copiloto, Jorge G., sufrió diferentes lesiones.

Tras el accidente, el acusado, que dio positivo en alcoholemia, ocultó la presencia de los ocupantes del vehículo fallecidos, lo que "impidió que fueran asistidos y auxiliados" por los sanitarios y asistencias que acudieron al lugar. Sus cadáveres aparecieron un día después en las marismas de Alday.

El acusado, que permaneció en prisión desde el 15 hasta el 30 de diciembre de 2006, aseguró en el juicio que no recordaba nada de lo ocurrido esa noche. El co-piloto del coche sufrió distintas lesiones, aunque renunció al ejercicio de acciones penales y civiles al haber sido ya indemnizado por la aseguradora.