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La precariedad económica, rasgo común de las víctimas de violencia machista que piden ayuda pública en Santa Cruz

SANTA CRUZ DE TENERIFE, 30 (EUROPA PRESS) La Concejalía de Mujer del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, dirigida por Ángela Mena, ha presentado el informe final de resultados de los datos obtenidos en la intervención especializada a mujeres víctimas de violencia de género en el municipio. Según éstos, la edad media de las víctimas es de 39 años y el 45 por ciento de las mismas sólo había cursado estudios básicos, aunque la diversidad es la nota predominante en ambos rangos de estudio, según informó el Consistorio. Un 45 por ciento de las mismas trabajaba en empleos de tipo manual no cualificado, tales como pinches, empleadas de limpieza u operarias y hasta un 13 por ciento carecía de trabajo y se autocalificaba como "ama de casa". Los datos expuestos muestran que, al igual que sucede en los estudios realizados en otros países, el maltrato a la mujer por su pareja es un fenómeno universal ya que se da en países con características sociodemográficas y educativas diferentes. Al analizar la edad, los datos demuestran que había desde adolescentes hasta ancianas, encontrando así que el maltrato se da en mujeres de todas las edades aunque es más frecuente que se trate de adultas. Aunque predominan las mujeres con bajo nivel de estudios y laboral hay que tener en cuenta la selección muestral que implica el hecho de que las mujeres hayan acudido en busca de ayuda a un servicio público y, por tanto, gratuito, siendo más probable que las que disponen de más recursos económicos vayan a servicios privados. Todo confirma que no hay un perfil único de mujer en riesgo de ser maltratada por su pareja y que, el único factor, es, simplemente, ser mujer. Aún así, destaca la precariedad laboral y económica de muchas de ellas, lo que supone unas condiciones de vida aún más difíciles y mayor dependencia del agresor. Al estudiar su estado civil también encontramos, según indica el comunicado, gran diversidad, aunque la mayoría lo constituyen el grupo compuesto por aquellas que están en trámites de separación (23 por ciento) o ya separadas (17 por ciento), mientras que las divorciadas constituyen sólo el 8 por ciento. También aparecen dos grupos importantes entre las solteras (26 por ciento) y las casadas (23 por ciento). En la época en que fueron entrevistadas, la cuarta parte aún convivía con su agresor, el 7 por ciento vivía en algún piso tutelado para mujeres maltratadas y, el resto, ya no residía con la pareja que le maltrataba. Al preguntarles por su nacionalidad, observamos que la mayoría de las mujeres eran españolas (78 por ciento) que habían nacido y vivían en Canarias o en la Península. El 22 por ciento restante tenía hasta 11 nacionalidades diferentes, siendo lo más común que su país de origen fuese Bolivia o Colombia. En el 80 por ciento de los casos los agresores también eran españoles. En relación al nivel de estudios de los agresores, algo más de la mitad sólo habían cursado estudios básicos y algo más de la décima parte ni siquiera había terminado el Graduado Escolar. Sus profesiones también eran muy diversas, aunque lo más común es que realizasen trabajos de tipo manual no cualificado tales como peón. Sólo el 8 por ciento tenía empleos para los que era indispensable la formación universitaria. DUDAS RAZONABLES "Queda la duda, de nuevo, al interpretar estos datos socioeconómicos, sobre si el condicionante de que el acceso a la muestra fuese a través de un servicio público y gratuito ya que, quizá, si hubiese sido a través de centros privados, se podrían encontrar más agresores con niveles educativos y laborales altos. Otro dato interesante es que el 67,2 por ciento no consumía drogas y el 61,2 por ciento no tomaba bebidas alcohólicas a diario", añade la nota. Con todo, los datos demuestran que trabajar la prevención es fundamental para erradicar la violencia de género. Por eso, informan, desde la Concejalía de la Mujer del Ayuntamiento de Santa Cruz se han puesto en marcha diferentes acciones destinadas tanto a grupos de mujeres como a la población en general. Mena defendió la necesidad de informar y formar para cambiar la conciencia social y estima que únicamente "desde el esfuerzo común podremos hacer frente a este grave problema social que obstaculiza e impide, con demasiada frecuencia, una convivencia de paz e igualdad en nuestra comunidad", añadiendo que erradicar "esta lacra social es cuestión de todas y todos".