Ecuador apoyaría en las urnas seguir la "revolución" de Correa

Por Alexandra Valencia

QUITO (Reuters) - El presidente Rafael Correa podría afianzar el domingo su poder en Ecuador al obtener una histórica reelección, con la que ha prometido continuar su "revolución socialista" en la inestable nación andina pese a los embates de la crisis económica mundial.

Correa espera abrir con su triunfo un nuevo ciclo político-económico en uno de los países más pobres de Sudamérica, aplicando la nueva Carta Magna, que tras ser aprobada el año pasado lo convirtió en el presidente más poderoso de los 30 años de democracia de la nación petrolera.

Pero sus planes de dotar de más poder económico al Estado y avanzar en profundas reformas institucionales podrían verse trastocados si la caída de los precios del crudo y la disminución de las remesas afectan a sus programas sociales, base de su alta popularidad en un país en el que ningún presidente ha finalizado su mandato en la última década.

Aunque los sondeos pronostican su triunfo, el carismático economista busca también que su partido logre la mayoría absoluta en el legislativo, que ha sido fuente de constantes crisis políticas en el pasado.

"No queremos nada para nosotros, queremos todo para el pueblo. Necesitamos no sólo la presidencia, necesitamos esa mayoría en la Asamblea para continuar con el cambio", dijo Correa, de 46 años, en uno de sus multitudinarios mítines políticos, donde arenga con voz ronca a sus seguidores.

Tras dos años en el cargo y cuatro triunfos consecutivos en las urnas, Correa ya ha logrado superar a sus tres predecesores, que fueron derrocados en medio de fuertes protestas callejeras y parlamentarias.

Sin embargo, la desprestigiada oposición denuncia que el popular presidente está despilfarrando los recursos del país exportador de crudo y de banana con políticas populistas para comprar voluntades políticas.

La bonanza petrolera de los últimos años permitió al Gobierno reforzar el gasto público para construir escuelas, modernizar hospitales y mejorar la vialidad, asegurando que ni su ideología, ni la crisis global, pondrán fin a la dolarización, respaldada por la mayoría.

Pero analistas advierten que las cifras son preocupantes ya que la merma en los ingresos ha obligado al socio más pequeño de la OPEP a consumir la mitad de sus reservas en poco más de seis meses, mientras el dólar como moneda oficial limita el margen de maniobra para lidiar con la difícil situación.

ALGO CAMBIA, PERO NO PARA TODOS

Los últimos sondeos pronostican que Correa podría obtener más del 50 por ciento de los votos en los comicios del domingo, capitalizando el apoyo de quienes tienen "terror al pasado", marcado por décadas de recurrentes crisis económicas y políticas. De ellas culpan a "corruptas"élites tradicionales.

Bajo el estandarte del "socialismo del siglo XXI", Correa ha seguido la estela de generación de gobernantes izquierdistas que, liderados por el venezolano Hugo Chávez, ha atemorizado a inversores y cautivado a estratos humildes con una agresiva retórica antimercado y promesas de justicia social.

"Estoy con Correa desde que inicio su gestión. Necesitábamos una figura fuerte que señale las faltas que han tenido otros gobiernos. Hay cosas que se están haciendo realidad", dijo Ximena Echeverría, una madre de 33 años, que subsiste gracias a una ayuda estatal.

Más de 31.000 candidatos se han lanzado en búsqueda de votos prometiendo subir salarios, bajar precios y crear empleo para obtener alguno de los miles de cargos públicos en juego, incluyendo asambleístas y autoridades locales, en un país en el que más de la mitad de la población vive en la pobreza.

Pero no todos comulgan con este economista formado en Europa y Estados Unidos, que promete una y otra vez acabar con "la larga y triste noche neoliberal" que arruinó al mayor exportador mundial de bananas.

"Voy a votar por cualquiera en rechazo al presidente. Correa sólo trabaja por unos sectores y no se preocupa del resto de los ecuatorianos", dijo Fernando Vaca, un taxista de 40 años, que ve amenazado su trabajo por la apertura a la competencia del sector autorizada por el mandatario.

Este sentimiento de abandono hacia las clases medias y altas ha sido explotado por la desorganizada y dispersa oposición para denunciar que Correa es un peligroso autócrata comunista que acabará con la democracia.

Sin embargo, ni el ex presidente Lucio Gutiérrez, quien fue derrocado en el en medio de violentas protestas callejeras, ni el magnate bananero Álvaro Noboa, el hombre más rico del país, tendrían apoyo suficiente para forzar una segunda vuelta.

Pero, el partido de Gutiérrez podría obtener un número representativo de escaños en la nueva Asamblea Nacional de 124 miembros, desde la que enfrentaría al combativo mandatario apoyado en el complicado panorama económico que se avecina.