España figura entre los países de la UE menos exigentes con China en Derechos Humanos, según un centro de estudios

Los autores piden a los Veintisiete una revisión de la política del compromiso incondicional con China ante la ausencia de avances

MADRID, 17 (EUROPA PRESS)

España figura entre los países de la UE menos exigentes con China en materia de Derechos Humanos y, sin embargo, esta actitud no ha impedido que su déficit comercial con el gigante asiático siga creciendo de forma "incesante", según revela un informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, en sus siglas en inglés), un centro de estudios paneuropeo.

El documento, publicado hoy y que recoge Europa Press, recomienda a los Veintisiete la adopción de una serie de medidas que eviten que China siga explotando a su favor las divisiones entre los Estados miembros y coopere más en cuestiones vitales como el cambio climático, la proliferación nuclear, la protección de la propiedad intelectual, el acceso al mercado chino o la promoción y garantía de los derechos humanos.

El ECFR analiza una a una las posiciones de cada socio de la UE en función de sus preferencias comerciales (más o menos librecambistas) y políticas (más o menos exigentes en materia de derechos humanos) y clasifica a los Estados en cuatro grupos.

España se incluye en el grupo más numeroso, el de los llamados 'mercantilistas complacientes', donde destaca por ser uno de los menos exigentes en materia de derechos humanos y, a la vez, el más preocupado por los desequilibrios comerciales.

Los 'mercantilistas complacientes', donde se incluye también a Italia, Portugal, Grecia, Rumanía, Eslovaquia, Chipre, Bulgaria, Hungría, Eslovenia, Finlandia y Malta, se caracterizan por pensar que una buena relación política con China conllevará beneficios comerciales y creen que los factores económicos deben dominar la relación bilateral con Pekín.

Suelen ser países especialmente vulnerables al crecimiento económico chino por tener sectores que se ven particularmente afectados por la competencia del gigante asiático, por lo que, para proteger sus economías, defienden la adopción de medidas contra la competencia desleal.

En esta situación se encuentran buena parte de los países sureños, con sectores industriales tradicionales como el textil, el calzado, los componentes electrónicos y automovilísticos, fuertemente afectados por la competencia china.

Como consecuencia, compensan esta disposición a recurrir a medidas proteccionistas evitando la confrontación con China por motivos políticos, una actitud que persigue a su vez no obstaculizar el acceso de sus empresas a este país.

Por este motivo los 'mercantilistas complacientes', en su gran mayoría, se niegan a reunirse con el Dalai Lama, apoyan la posición de China sobre Taiwan y bloquean o suavizan las críticas de la UE sobre el respeto de China a los Derechos Humanos.

DEBILIDAD DE LA UE

En opinión de los autores, John Fox y Francois Godement, esta negativa a presionar a Beijing en determinados asuntos políticos "debilita" un factor clave en la relación entre la UE y China al impedir a la UE mostrar una posición más firme en temas como el Tíbet u otros relaciones con los Derechos Humanos.

El resto de los países se dividen entre los más partidarios del libre comercio como Dinamarca, Países Bajos, Suecia y Reino Unido ( más dispuestos a presionar políticamente a China); los 'empresarios autoritarios' como República Checa, Alemania y Polonia, que defienden una posición firme ante China tanto en lo político como en lo económico y por último, los 'seguidores europeos', muchos de los cuales no ven la relación con China como un asunto prioritario de la política exterior de los Veintisiete.

Los autores concluyen que la política europea de "compromiso incondicional" con China, bajo la que se concede a China beneficios económicos con la esperanza de que esto favorezca una reforma democrática, ha fracasado a la hora de conseguir avances en este campo.

Por ello recomiendan a la UE que abandone esta política y se dedique a negociar más con China. Como ejemplo, proponen un levantamiento del embargo sobre la venta de armas a China a cambio de que Beijing acceda a endurecer las sanciones contra Irán.

Aconsejan también a los líderes de la UE que rechacen públicamente las restricciones sobre su derecho a reunirse con el Dalai Lama y que se sumerjan en una revisión de la política europea hacia China.

Abogan por que los europeos establezcan un sistema de troika abierta para sus reuniones con las autoridades chinas donde estén representadas la presidencia en ejercicio de la UE, las dos siguientes y la Comisión, pero que esté abierta a la participación de cualquier otro Estado miembro que pueda contribuir en un determinado asunto.

Defienden que se presione a Beijing para que garantice un acceso mayor de funcionarios europeos en la maquinaria del Gobierno chino y recomiendan que se proteja la propiedad intelectual europea comprando participaciones parciales en las tecnologías principales y patentes que ayuden a desarrollar.

Proponen asimismo ofrecer cooperación con gobiernos africanos para proteger las actividades e inversiones chinas de amenazas y colaboración en energías renovables si China se implica más en operaciones de mantenimiento de la paz en este continente.

Sugieren además ofrecer a China un paquete de transferencia tecnológica en materia de renovables a cambio de que Beijing acceda a fijarse objetivos de reducción de emisiones de CO2 y favorecer las inversiones chinas en infraestructuras, energía y telecomunicaciones si Beijing abre sus proyectos de grandes obras a empresas extranjeras y elimina las restricciones a la entrada de accionistas extranjeros en compañías nacionales.