¿Qué hay que hacer en una democracia cuando unos políticos radicales queman fotos del Rey?


  • Los separatistas de la CUP, moscas cojoneras que revolotean en todas las democracias que se precien, aunque sin tanto protagonismo como en Cataluña, no merecen esta atención mediática ni social.

  • Sí merecen duras críticas y respuestas inteligentes por sus lamentables comportamientos políticos y sus propuestas parlamentarias.

Los Mossos detienen a investigados por quemar fotos del Rey en la Diada

Los Mossos detienen a investigados por quemar fotos del Rey en la Diada BARCELONA | EUROPA PRESS

Lo del rompe y rasga y la quema de fotos del Rey me tiene comido el corazón tanto como la razón. Vaya por delante que según el Tribunal Constitucional, en sentencia firme de julio de 2015, este tipo de hechos suponen una injuria grave a la Corona, y pueden ser castigados con penas de prisión. Bien, la ley es la ley, y quien juega con fuego sabe que puede quemarse. Y si no lo sabe es que es tonto.

Entiendo que el juez de turno llame a declarar a los pirómanos o rompedores de fotos, y que los listillos que no se presenten sean perseguidos policialmente, aunque les moleste ser incordiados por la Ley. Pero convertir a los independentistas en protagonistas mediáticos con fotos a todo trapo en portadas de diarios nacionales por destrozar fotos del Rey, me parece un excesivo favor para ellos. Y para colmo, se les da protagonismo pero luego se minimizan los actos llamándolos “gamberradas”.

Si alguien comete un delito, la Justicia debe actuar. Pero mostrar rechazo al Jefe del Estado, no con lenguaje verbal, que parece que está más aceptado, pero sí gestual, no puede ser tampoco la gran hecatombe nacional. Los separatistas de la CUP, moscas cojoneras que revolotean en todas las democracias que se precien, aunque sin tanto protagonismo como en Cataluña, no merecen esta atención mediática ni social. Sí merecen duras críticas y respuestas inteligentes por sus lamentables comportamientos políticos y sus propuestas parlamentarias, pero darles tanta propaganda gratuita por unas provocaciones adolescentes es, sin duda, excesivo.

Ellos rompen y queman fotos del Rey para fustigar el ánimo del Estado de derecho y para que el personal se escandalice. Y la prensa española, tan propensa al alboroto, se alborota de lo lindo y les dedica portadas, Telediarios y grandes aspavientos mediáticos. Y esta actitud, de aparente repulsa pero mal planteada y desequilibrada,  les engrandece injustamente a ellos. Si a cada acción hay una respuesta proporcional, los  majaderos de la CUP no tendrán tantas ganas de quemar reyes ni banderas porque verán que ese hecho ridículo sólo les excita a ellos, y al juez de guardia.

La democracia incluye que los demás, los que no piensan como nosotros, nos puedan fastidiar con sus opiniones, sin que por ello deban pagar peaje. La quema de una foto del monarca no deja de ser un gesto de libertad de expresión, que no compartimos la inmensa mayoría, pero no debemos por ello impedir que haya otros ciudadanos que puedan expresar libremente sus ideas, aunque sea de un modo pueril y exhibicionista.

Es cierto que los independentistas, principalmente los de la CUP, no respetan casi nunca la legalidad, pero el hecho de destruir imágenes del Rey no debe entenderse como el peor de sus actos; hay otras acciones y decisiones que ellos toman que son menos vistosas y menos ruidosas pero resultan mucho más dañinas para el Estado de derecho y el sistema democrático. Y esos actos, más perniciosos legalmente, no tienen un eco ni una repulsa tan amplia en los medios de comunicación.

Que quede muy claro que no digo que la Justicia no actúe contra los pirómanos reales, todo lo contrario; pero los medios de comunicación no deben entrar al trapo de la provocación. En España, cuando la mayoría de la sociedad oye o lee una opinión que no coincide con la suya, se siente ofendida. Nos falta una mayor cultura del respeto a las opiniones discordantes, incluso con los gañanes y rufianes que no saben hacer otra cosa que pinchar los ánimos, porque lo suyo no es la política, sino el activismo radical.