Expertos coinciden que sería difícil manipular elección presidencial en EEUU

USA District of Columbia Washington|

Donald Trump insiste en que la elección presidencial de noviembre en Estados Unidos será "manipulada" y con eso refuerza la idea de ilegitimidad en caso de una victoria de Hillary Clinton, pero los expertos dudan de la posibilidad de realizar un fraude.

"Hay muchas protecciones instaladas para impedir una eventualidad como esa, de leyes federales a legislaciones locales y de los Estados", dijo a la AFP la profesora Jo-Renee Formicola, que enseña ciencias políticas en la Universidad Seton Hall.

El sistema electoral estadounidense es a todas luces lejos de ser perfecto, como quedó demostrado en el escándalo por el conteo de votos en Florida en las elecciones presidenciales de 2000, que tenía como adversarios a George W. Bush y Al Gore.

La Corte Suprema, de mayoría conservadora, selló el pleito en favor de Bush pero nunca logró disipar la impresión de una elección robada a Gore, quien obtuvo mayor número de votos a nivel nacional.

Pero los especialistas indican que las posibilidades de que 16 años más tarde se presente nuevamente tal escenario son remotas.

En Estados Unidos la organización de los escrutinios -inclusive de una elección presidencial como la del 8 de noviembre- reposa casi exclusivamente en los Estados, que a su vez se apoyan en la tarea de los condados y ciudades.

Eso forma un mosaico en que los electores votan de formas muy diferentes, que van desde el voto electrónico hasta la hoja de papel, y en la visión de Formicola ello actúa como una garantía contra las trampas generalizadas.

"La hipótesis de un fraude involucrando a todas las circunscripciones es inviable precisamente porque hay todo tipo de circunscripciones", dijo.

Además, agregó, en la mayoría de los estados clave de esta presidencial el conteo de votos será supervisado por un funcionario republicano, el partido de Trump. Es el caso de Colorado, Ohio, Iowa, Michigan y Arizona.

Finalmente, en cada puesto de votos estarán presentes -por lo menos se supone que estén- representantes demócratas y republicanos para asegurar la transparencia de las operaciones.

Por su parte, Zach Clopton, de la escuela de leyes Cornell, señaló que "el fraude por sustitución de identidad -cuando una persona se hacer pasar por otra- es increíblemente raro".

Para Clopton, ese tipo de fraude "casi nunca ocurre y no hay ninguna prueba de que pueda alcanzar un nivel susceptible de tener un efecto, inclusive en una elección muy pareja".

Anclado en los sondeos detrás de Clinton, Trump no presenta pruebas y detalles sobre sus alegaciones sobre el fraude que estaría en el horizonte.

"Trump, por ejemplo, cita a Filadelfia como un lugar donde podría ocurrir manipulación. Pero no existe ninguna evidencia de fraudes cometidas por los electores allí", dijo Clopton.

Inclusive el presidente Barack Obama condenó las declaraciones de Trump.

"Yo nunca he visto en mi vida ni en la historia política moderna a un candidato buscando desacreditar el proceso electoral antes de que la votación tenga lugar", criticó el mandatario. Para Obama, tal gesto "no tiene precedentes" en la historia del país.

Entre las vulnerabilidades identificadas por especialistas se mencionan las invasiones de ciertas bases de datos de electores. Recientes casos, atribuidos a 'hackers' rusos, se verificaron en los estados de Illinois y Arizona.

Pero estos alertas han servido para que las autoridades federales reaccionen y ofrezcan soporte a las regiones menos protegidas en el plan informático.

Las urnas electrónicas, ligadas a una red que eventualmente puede ser invadida, podría ser considerada una fisura en la armadura.

"Es un eventual motivo de inquietud en las pequeñas ciudades que no disponen de la sofisticación técnica del Estado Federal", dijo Clopton.

En definitiva, los expertos se preguntan si Trump, al denunciar preventivamente un fraude, no busca crear un escenario que pueda utilizar en caso de una derrota ajustada.

"Es poco común denunciar la trampa antes de la apertura de los puestos de votación", dijo Pamela Smith, de la organización Verified Vote.

Para Smith, ese gesto es "profundamente inquietante, porque pone en cuestión el sistema democrático y la transferencia de poder a la que procedemos cada cuatro años".

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