La izquierda parte como favorita en las elecciones islandesas

  • Reikiavik, 24 abr (EFE).- La Alianza Socialdemócrata y el Movimiento de Izquierda Verde, que gobiernan en coalición minoritaria desde febrero, afrontan como claros favoritos las elecciones anticipadas de mañana en Islandia, en las que las encuestas les auguran la victoria.

La izquierda parte como favorita en las elecciones islandesas

La izquierda parte como favorita en las elecciones islandesas

Reikiavik, 24 abr (EFE).- La Alianza Socialdemócrata y el Movimiento de Izquierda Verde, que gobiernan en coalición minoritaria desde febrero, afrontan como claros favoritos las elecciones anticipadas de mañana en Islandia, en las que las encuestas les auguran la victoria.

Por primera vez desde la independencia del país en 1944, la izquierda puede lograr mayoría absoluta y arrebatar al conservador Partido de la Independencia su condición de formación hegemónica y árbitro de la política islandesa hasta que la crisis puso hace seis meses al país al borde de la bancarrota.

El último sondeo, difundido hoy por la cadena de televisión RUV, otorga el triunfo a los socialdemócratas con el 29 por ciento de los votos, seguidos por los verdes, con el 27, lo que les daría 37 de los 63 escaños del Parlamento, una cifra similar a la que todas las encuestas han apuntado desde hace semanas.

Los conservadores serían terceros con el 24 por ciento, 12 puntos menos que en 2007, un resultado "desastroso" para Ólafur Hardarson, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Islandia.

"Alguien tiene que pagar la culpa por la crisis, y los conservadores, que han impulsado una política neoliberal en las dos últimas décadas, aparecen como principal responsable", explica Hardarson.

Pese a ser socio minoritario en el Gobierno liderado por los conservadores hasta su dimisión en enero, la Alianza ha aprovechado su oportunidad y se ha beneficiado de la popularidad de la primera ministra, Jóhanna Sigurdardóttir.

Si los sondeos se confirman, los otros grandes triunfadores serán los verdes del ministro de Finanzas, Steingrimur Sigfusson, que vería duplicados sus votos y recompensada su crítica al neoliberalismo y la "política de la avaricia" que llevó a Islandia a asomarse al abismo de la bancarrota tras el colapso de sus sistema bancario hace seis meses.

El descontento también puede impulsar al Movimiento Ciudadano (que bordea el 5%), salido de las protestas contra el antiguo Gobierno, con la defensa de un sistema más participativo y la denuncia de los métodos "mafiosos" de la clase política.

La "revolución de las cacerolas", bautizada así por la prensa, no ha tenido continuidad en la campaña: la protesta más grave la protagonizaron activistas enmascarados que embadurnaron los locales de los principales partidos en el área metropolitana con una mezcla de leche, bayas y "skyr", el tradicional yogur islandés.

Ante posibles incidentes, la policía reforzará la seguridad en algunos colegios electorales, aunque muy ligeramente, porque en un país de apenas 320.000 habitantes con un índice de delincuencia casi nulo, "nos conocemos todos", señaló hoy el presidente de la Comisión Nacional Electoral, Ástrádur Haraldsson.

El otro grupo político que logrará representación parlamentaria será el centrista Partido del Progreso, al que los sondeos atribuyen un porcentaje similar al 11,7 que logró hace dos años.

En la campaña han salido a la luz casos de donaciones ilegales de grupos económicos, que han salpicado sobre todo al Partido de la Independencia, pero también a la Alianza, de ahí que la primera ministra haya propuesto una reforma legal y una investigación de las finanzas de todos los partidos entre 2002 y 2006.

Con un paro del 9 por ciento, la moneda devaluada, una deuda de gigantescas proporciones y unas previsiones de crecimiento negativo del 10 por ciento para este año, la crisis económica ha actuado de trasfondo, aunque la disputa entre partidos se ha mantenido más en el plano de las generalidades que en el de las soluciones concretas.

Lo novedoso ha sido la importancia que ha cobrado el ingreso a la UE, tema marginal hasta ahora por el escepticismo islandés hacia Bruselas y el miedo a su política pesquera; y, aunque sólo los socialdemócratas apoyan abiertamente la entrada a la Unión, todos los partidos han aceptado la celebración de un referendo sobre la cuestión, si bien difieren en el número de consultas a celebrar.

La crisis también ha alimentado el desencanto hacia la clase gobernante: tres cuartas partes de la población están en desacuerdo con cómo funciona su sistema político, según un estudio reciente.

El temor a la abstención, en un país con porcentajes de participación nunca inferiores al 80 por ciento, ha multiplicado el alquiler de coches por los partidos para llevar a los votantes a las urnas hasta el punto de que el Partido del Progreso ha agotado la flota de modelos Smart en Reikiavik.