El espectáculo de la Justicia no cesa: del caso Urdagarín al caso Homs


  • Los trapecistas y domadores serán de más o menos calibre, pero todos atraviesan la cuerda floja y pasan por el aro legislativo.

  • Lo peor de los nacionalistas exacerbados es que cuando se ven acorralados por las leyes y la Justicia elevan el tono de sus improperios y desatinos y pierden el sentido de la realidad.

Mas reitera en el TS que sin los 42.000 voluntarios el proceso participativo del 9-N no se hubiera celebrado

Mas reitera en el TS que sin los 42.000 voluntarios el proceso participativo del 9-N no se hubiera celebrado MADRID | EUROPA PRESS

En España vivimos una época en la que la Justicia se ha convertido en un espectáculo que nunca se detiene. 'The show must go on'. Los trapecistas y domadores serán de más o menos calibre, pero todos atraviesan la cuerda floja y pasan por el aro legislativo. Acabamos de superar en primera instancia y con vendaval mediático la sentencia Urdangarín, que ha dado mucho juego a expertos y profanos. Es verdad que las sentencias hay que acatarlas, pero también son susceptibles de crítica. Y aquí, en “Celtiberia show”, la crítica se nos da muy bien. Tanto nos gusta criticar que nos da lo mismo si la opinión está avalada o no por razonamientos judiciales o, tan siquiera, racionales.

Por ejemplo, si alguien cree que la Infanta Cristina “se ha ido de rositas”, no habrá argumentación que le haga cambiar de opinión. Da lo mismo ofrecer tecnicismos legales, si la opinión mediática dice que Urdangarín merece más años de cárcel, es que los merece aunque el argumento que dé sea que es el cuñado del Rey, y que por eso merece doble ración de castigo. En España, según lo visto y oído en tele, radio y prensa, los jueces y fiscales prevarican de lo lindo cuando sus sentencias no se ajustan a nuestra idea del derecho ni a nuestro criterio vengativo.

Pero el espectáculo de las togas no descansa. Que pase el siguiente. No se amontonen, hay sentencias para todos. Ahora le toca el turno a la butifarra catalana. Y el señor Quico Homs, abogado de sí mismo y actual portavoz del PDeCAT, en otro tiempo consejero de Presidencia de la Generalitat, monta el show para que no decaiga la fiesta de la Justiciay la independencia. Según Homs la providencia dictada por el Tribunal Constitucional el 4 de diciembre de 2014 y que prohibía la celebración de un referéndum en Cataluña, no era clara y no sabían cómo acatarla, “era una providencia muy inconcreta”, señaló con voz suave el acusado. Y ante la duda hay que hacerse el sueco y seguir pa lante.

El chico de los recados de Artur Mas, ha llegado a decir que si le condenan “será el fin del Estado español”. Aquí habría que poner ahora el emoticón ese de “El grito” de Munch. ¡El fin del Estado español! Yo me conformaría con que lo redujeran un tercio o lo reordenaran un poco.

Está claro que Homs y los separatistas, incluido Puigdemont, tienen que decir barbaridades para que alguien les haga caso. Pero decir que el Estado puede caer en desgracia, es no saber como se las gasta el Leviatán de Hobbes. Papá Estado puede ser lento a la ira y perezoso para los asuntos importantes, pero cuando se viste la toga pocas bromas. ¿O será que Homs se siente intocable? ¿O quizá que el Estado de derecho no va con él, aunque por si acaso se somete a los tribunales españoles mientras llega la soñada independencia?

Lo peor de los nacionalistas exacerbados es que cuando se ven acorralados por las leyes y la Justicia elevan el tono de sus improperios y desatinos y pierden el sentido de la realidad. Pero el victimismo, como la mala pana, se desgasta de tanto usarlo. El argumento de que cualquier gesto del Gobierno central es un ataque a Cataluña y a los catalanes ya lo explotó hasta la saciedad Jordi Pujol, ídolo caído por la codicia y el 3%, y símbolo de una clase política nacionalista que siempre ha utilizado al de fuera como el gran enemigo y como coartada para robar a manos llenas y, lo que es peor, para destrozar a una sociedad que hasta ahora siempre fue próspera en lo económico, vitalista en lo cultural y unida en lo social.