Expertos en interrogatorios repudian las tácticas de la CIA y defienden un trato humano con el detenido

MADRID, 30 (EUROPA PRESS)

Algunos de los expertos estadounidenses encargados de llevar a cabo los interrogatorios de los presuntos implicados en los atentados del 11 de septiembre de 2001 consideran que la comprensión de la mente del interrogado es la mejor forma de obtener información de los detenidos en lugar de recurrir a la tortura física y a la violencia psicológica.

En un momento en el que se ha intensificado el debate sobre la eficacia y moralidad de las técnicas de interrogatorio empleadas por la CIA, portavoces como el ex vicepresidente estadounidense Dick Cheney han defendido el empleo de técnicas de interrogatorio que ponen en peligro la integridad de los acusados, como la simulación por ahogamiento o 'waterboarding'. Sin embargo, los interrogadores consultados por el magazine 'Time' argumentan que el uso de la tortura es, en el mejor de los casos, "de efectividad limitada". En el peor de los casos, es contraproducente.

EL CASO DE ABÚ JANDAL

Abú Jandal estaba detenido en una prisión yemení cuando los interrogadores Ali Sufan (del FBI) y Robert McFadden (del Servicio de Investigación Criminal de la Marina) se presentaron ante él para interrogarle sobre su presunta implicación en los atentados del 11-S, una semana después de la matanza. El objetivo era conseguir información sobre la estructura de la red terrorista Al Qaeda. Jandal había ejercido como chófer de su líder, Usama bin Laden.

Jandal, sin embargo, se mostraba completamente reacio a dar información, escudado en la teoría de que el servicio de Inteligencia exterior israelí (el Mossad) había sido el organizador de los atentados contra las Torres Gemelas.

En lugar de presionar al detenido mediante la amenaza de la violencia, Sufan decidió emplear la observación para conseguir la información necesaria. El investigador del FBI descubrió que Jandal era diabético, por lo que en los siguientes encuentros ordenó que el yemení sólo recibiera alimentos sin azúcar. "Le mostramos respeto, y en ese momento dejó de sermonearnos y comenzó a hablar con nosotros", indicó Sufan. "Ya no pensaba en nosotros como malvados americanos, sino como seres humanos". Jandal comenzó a proporcionarles la información deseada.

Ocho años después, Sufan trabaja ahora como especialista para una firma de seguridad internacional privada, pero mantiene su idea sobre el uso de las técnicas de interrogatorio empleadas por la CIA. "Es algo completamente antiamericano y roza la tortura", indicó. Durante sus comparecencias ante el Senado estadounidense sobre las investigaciones contra las prácticas de interrogatorio de la CIA, Sufan defendió que los métodos tradicionales de interrogatorio siguen siendo la mejor manera de quebrar la voluntad del detenido.

"No hay nada de inteligente en torturar a otra persona. Si te ves obligado a infligir daño a otros, entonces has perdido el control de la situación, del sujeto y de ti mismo", puntualiza el sargento Eric Maddox, autor del libro 'Misión: Lista Negra nº1', donde detalla los interrogatorios que finalmente llevaron a la captura del ex presidente y dictador iraquí, Sadam Husein.

EL MEJOR MÉTODO

El manual de campo del Ejército estadounidense, actualizado en 2006, detalla 19 técnicas de interrogación, desde aquellas que ofrecen "una recompensa emocional por respuesta satisfactoria" hasta las que pasan por preguntar al detenido la misma cuestión una y otra vez hasta que termina cediendo.

Algunas de las más interesantes son las clasificadas en la categoría "aproximaciones emocionales": son aquellas en las que los interrogadores elogian alguna característica del detenido o bien le acusan de incompetencia para ponerle a la defensiva. En cualquer caso, el manual especifica que "no se podrá cruzar jamás la línea a la hora de humillar y degradar a los detenidos".

Para el interrogador militar estadounidense con el seudónimo de Matthew Alexander, lo mejor es recurrir a las tácticas policiales de toda la vida. "De vez en cuando empleo recursos que no forman parte del Ejército pero que conoce todo el mundo", afirma Alexander. "Coges a dos sospechosos, les metes en habitaciones separadas y ofreces un trato al primero que hable".

Se trata de un juego del gato y el ratón. Por lo general, se trata de destruir la confianza del interrogado. A largo plazo, la clave es desarmar sus defensas recopilando la mayor cantidad posible sobre él. "Si puedes convencerles de que lo sabes absolutamente todo sobre ellos --sus amigos, su familia, sus movimientos-- entonces tienes la ventaja", indicó Sufan. "porque piensan 'Bueno, si este tipo sabe tanto sobre mí, resistirse no tiene sentido'".

Cuando el operativo de Al Qaeda Abú Zubayda intentó ocultar su identidad tras su captura, Sufan logró dominar el interrogatorio con sólo una palabra: el apodo cariñoso con el que le llamaba su madre. "En el momento en el que le llamé 'Hani', supo que el juego se había terminado", indicó Sufan.

EMPATÍA

A la hora de interrogar a un individuo, se corre el peligro de empatizar con el interrogado hasta tal punto que resulta complicado seguir trabajando. Pero un buen especialista no sólo es capaz de sentir compasión por el interrogado sin nublar su buen juicio y sino que puede emplear esa conexión emocional en su provecho.

En este sentido, Alexander recuerda el caso de un imán suní relacionado con Al Qaeda en Irak, que se presentó a su interrogador diciendo: "Si tuviera un cuchillo ahora, te rajaría la garganta". El imán denunció que su familia había sido expulsada de su hogar por "matones chiíes" respaldados por las fuerzas estadounidenses que habían invadido Irak. Ante este panorama, Alexander no tuvo más remedio que adoptar un trato más personal.

"Mira, soy estadounidense y quiero decirte cuánto lamento que hayamos cometido tantos errores en tu país", respondió Alexander al imán, que se deshizo en lágrimas, y terminó abriendo la conversación hacia lo que consideraba era el enemigo común de estadounidenses y suníes: Irán, la gran potencia chií en Oriente Próximo.

SENTIDO DE LA URGENCIA

El ex vicepresidente Cheney defendió el uso de las técnicas de la CIA especialmente en el caso de que el país esté bajo una amenaza inminente. El peor escenario es el de "la bomba en suelo estadounidense que está a punto de estallar", al más puro estilo de las series de TV.

Cheney no es el único a favor del empleo de estas técnicas si la situación lo requiere. El juez Richard Posner, una de las principales autoridades judiciales del país, escribía en 'The New Republic' que "si la tortura es necesaria para impedir que una bomba nuclear estalle en Times Square, entonces que se use la tortura".

Pero los interrogadores profesionales no sólo consideran este escenario como "experimental" sino que creen que, llegado el caso, un buen especialista sería capaz de emplear el factor tiempo a su favor. El sargento Maddox pone el ejemplo de los insurgentes iraquíes capturados en mitad del combate. "Les digo: 'Si no me dices inmediatamente todo lo que sabes, en dos horas no tendrás nada con lo que negociar, porque en el momento en el que tus amigos sepan que te han capturado, se darán a la huída y no podremos encontrarles'".

Esa línea de acción llevó a Maddox a su "momento de gloria" el 13 de diciembre de 2003 con el interrogatorio del miembro del partido Baaz de Sadam Husein, Mohamed Ibrahim. Más de 40 familiares de Ibrahim, relacionados con la insurgencia iraquí, estaban bajo custodia. "Tenía que conseguir rápidamente la información porque Sadam podría moverse con rapidez, así que le dije a Ibrahim que podría salvar a sus 40 familiares, o de lo contrario él se convertiría en el número 41". Esa misma noche, Ibrahim daba a Maddox el paradero del dictador.