Los 'halcones' israelíes aspiran a la victoria en las elecciones legislativas de hoy

JERUSALÉN, 10 (OTR/PRESS) Hoy los israelíes elegirán una nueva Knesset (Parlamento) en la que los partidos derechistas como el Likud o Yisrael Beiteinu (YB, Nuestro Hogar es Israel) esperan lograr una importante representación que les permita liderar un gobierno de coalición. La dudosa eficacia de las ofensivas militares del Gobierno de Ehud Olmert (Kadima) en Líbano y la Franja de Gaza parecen haber propiciado una deriva derechista en la sociedad israelí. Las últimas encuestas publicadas antes de la votación conceden al Likud 25 escaños, 23 para el Kadima, y 19 para YB. El Partido Laborista se haría con 16 escaños, y formaciones como el Shas o el Partido de los Pensionistas acumularían aproximadamente 10 escaños cada una. El nuevo gobierno que se forme tras los comicios anticipados convocados a raíz de la dimisión de Olmert por un escándalo de corrupción tendrá el reto de reforzar al presidente palestino, Mahmud Abbas, único interlocutor actualmente válido para Israel con vistas a la firma de un acuerdo de paz definitivo. Sin embargo, la derecha israelí ha hecho de su negativa a aceptar ciertas reivindicaciones históricas de los palestinos una bandera electoral y ningún dirigente palestino, ni siquiera Abbas, aceptará un Estado palestino sin Jerusalén Este, sin el retorno de los refugiados o con unas competencias exteriores y de seguridad reducidas. El principal candidato a la jefatura del Gobierno es Benjamín Netanyahu, líder del Likud, quien se ha pasado los últimos días de la campaña intentando frenar la fuga de votos de su partido al YB del ahora ministro Avigdor Lieberman con significadas visitas a los Altos del Golán o al Monte de los Olivos, región cercana a Jerusalén en la que la mayoría de los habitantes son árabes con ciudadanía israelí. El discurso es claro: las concesiones a los palestinos y la retirada de la Franja de Gaza sólo ha provocado un fortalecimiento de los grupos islamistas radicales que aspiran a la destrucción de Israel como Estado judío. Netanyahu promete "paz y seguridad", una política que ya pudo poner en práctica cuando ocupó el puesto de primer ministro, entre 1996 y 1999. Entonces tuvo que lidiar con el líder histórico de los palestinos, Yasir Arafat, a quien entregó la casi totalidad de la ciudad cisjordana de Hebrón, rompiendo así la promesa del Likud de no entregar ningún emplazamiento bíblico. Pero, el inicio de la construcción en 1997 del asentamiento de Har Homa, a las afueras de Jerusalén, en territorio conquistado por Israel durante la guerra de 1967, desencadenó una crisis en el proceso de negociación que concluyó con la salida del Gobierno de Netanyahu y la entrada de otro de los candidatos de las elecciones de mañana, Ehud Barak. ASCENSO DE YISRAEL BEITEINU Precisamente el hundimiento del histórico Partido Laborista ahora liderado por Barak ha dado protagonismo a Avigdor Lieberman, de YB, un candidato que ha sabido aglutinar a los judíos de origen ruso y de Europa Oriental y a los más escépticos con el proceso de paz. Su propuesta para la paz con los palestinos, explicitada en varias ocasiones, consiste en la entrega de zonas de Israel de mayoría árabe al futuro estado palestino a cambio de los terrenos que ya ocupan las colonias judías de Cisjordania, donde él mismo vive. El propio Lieberman nació en Kishinev, en la desaparecida URSS, hoy Chisnau, capital de Moldavia. Su padre, militar del Ejército Rojo, fue prisionero de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial y también estuvo encarcelado en Siberia en un gulag stalinista. Llegó a Israel en 1978, a los 20 años, y allí se integró en el Likud, con el que llegó a dirigir la oficina del primer ministro Netanyahu entre 1996 y 1997. En 1999 fundó Yisrael Beiteinu, un grupo que le permitió ocupar distintos cargos ministeriales en sucesivos gobiernos de coalición. En enero de 2008 abandonó el Gobierno liderado por Ehud Olmert en protesta por el proceso de paz iniciado en la Conferencia de Paz de Annapolis (noviembre de 2007) bajo el auspicio del entonces presidente estadounidense, George W. Bush. Si se cumple la tradición, el presidente israelí, en este caso Simón Peres, encargará la formación de gobierno al líder del partido con más escaños en la Knesset. Sin embargo, la forja de una coalición de gobierno será difícil. Si gana el Likud deberá lograr el apoyo de YB, del Kadima o del Partido Laborista. Lieberman y el laborista Barak parecen los más dispuestos a apoyar a Netanyahu, pero exigirán contrapartidas. La alternativa a Netanyahu sería la líder del Kadima, Tzipi Livni, quien sin embargo ya dejó patente hace semanas, tras el anuncio de dimisión de Olmert, su incapacidad para articular una mayoría de gobierno estable. Así pues, todo apunta a que el próximo jefe de gobierno israelí será un antiguo miembro de las fuerzas especiales militares, Netanyahu; una ex espía del Mossad, Livni; un ex jefe del Estado Mayor del Ejército, Ehud Barak; o un ultraderechista antiárabe, Lieberman. UNA SOCIEDAD HETEROGÉNEA En Israel viven 7 millones de personas --5,3 millones con derecho a voto-- de origen muy diverso. La mayoría son judíos de origen europeo, africano, asiático o de la propia región de Oriente Próximo, pero los drusos y los árabes constituyen un 20 por ciento de los ciudadanos con pasaporte israelí. En consecuencia, la mayoría se consideran de religión judía, pero los árabes son cristianos o musulmanes, importantes minorías que también esperan contar con una parte de los 120 escaños de la Knesset. Además, Israel no se libra del impacto de la crisis económica global. El ministro de Hacienda israelí, Roni Bar-On, reconoce que Israel podría estar ya en recesión --el PIB israelí creció una media del 5 por ciento anual entre 2003 y 2007-- y las previsiones apuntan a un incremento del paro hasta el 7,6 por ciento.