La ambigüedad ideológica y la falta de concreción, claves del discurso de Sánchez

  • Su estrategia ha sido más que presentar un programa, hacer oposición a la oposición, al Gobierno del PP.

  • Sánchez ha hecho un ejercicio muy difícil: pedir la investidura cuando sabe que está perdido. Ha intentado pactar con las antípodas del Congreso, Ciudadanos y Podemos, situándose en la centralidad.

Sánchez aprovecha su último turno para tender de nuevo la mano a la izquierda y agradecer su apoyo a C's

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Han sido 12.000 palabras en las que cada detalle importaba y mucho. Su estrategia ha sido más que presentar un programa, hacer oposición a la oposición, al Gobierno del PP.

Comenzó nervioso pero mejoró considerablemente tras los primeros 30. Y pasó a la acción, "con un odio del que no puede librarse. Hoy no era un discurso de censura, pero él ha cargado contra Rajoy en todo su discurso", explica a lainformacion.com el sociólogo Amando de Miguel

El objetivo de estos ataques eran claros: salir reforzado en clave interna socialista. Pero dejar a un lado el propositivismo y pasar al ataque es una gran equivocación, fruto la inexperiencia política. El sentido de Estado impone una salida digna para Rajoy, imprescindible para que haya Gobierno este año en España.

Las palabras más repetidas forman parte, eso sí, del símbolo que quería transmitir: "Gobierno" (76), "cambio" (57), "España" (45), "Diálogo" (31) y "pacto" (19).

"Sánchez ha hecho un ejercicio muy difícil: pedir la investidura cuando sabe que está perdido. Ha sido sorprendente que intente hacer la cuadratura del círculo: pactar con las antípodas del Congreso, Ciudadanos y Podemos, situándose en la centralidad", resume el periodista Graciano Palomo.

Sin embargo, la estrategia real de Sánchez era otra: dividir a los 350 diputados en dos grupos los partidarios del sí y el no, que los ciudadanos vieran quiénes quieren cambio o continuidad. Empleo, desigualdad, regeneración democrática, corrupción, España ante la Unión Europea y el mundo y la crisis de convivencia que se sufre en Cataluña, han sido los ejes sobre los que ha rotado su programa.

Temas arriesgados en los que "se le ha visto falto de información en temas básicos, con grandes contradicciones, como con el tema del déficit", apostilla Graciano Palomo.

En definitiva, un discurso elástico, pero extraordinariamente inconcreto en la dotacion presupuestaria de sus propuestas, lo que no es habitual en una sesión de investidura. Sin asumir apenas riesgos y relatando casi en exclusiva lo que ya se conocía del acuerdo con Ciudadanos, Sánchez ha estado, sin embargo "muy habilidoso". "Me ha sorpredido su capacidad para responder a todos, sin grandes gazapos, sin errores", opina el experto en comunicación política Luis Arroyo. "Ha estado realmente presidencial", remata.

La muletilla "la próxima semana" por la que será recordado en esta sesión fue, por el contrario, un acierto. Ha servido como puente para organizar el calendario político y para demostrar que el PSOE no es el problema para el cambio porque estas propuestas son las que "podemos poner en marcha, insisto, la próxima semana".

Esta sencilla frase le sirvió también para abrir la puerta a todos los escenarios, algo básico en su estrategia, y alimentó la idea de que éste no es el fin de Pedro Sánchez, sino que es el principio de su plan, guiño nuevamente a su propio partido.

Quizá por ello no hubo 'coqueteos' claros con Podemos que pongan en cuestion los 40 votos favorables logrados con los de Albert Rivera. "Ha estado flojo, soso, como es él", reflexiona Amando de Miguel.

Y a pesar de sus fallos cubrió los tres niveles estratégicos para consolidar su liderazgo. En primer lugar, el del personaje político que está construyendo, en segundo lugar, el de su partido, para reforzarse entre las bases, recordando "la consulta sin consulta" y recuperando una bandera de su partido: la Ley de Memoria hisórica, y en tercer lugar, el de una mirada a España en la que se compromete muy tímidamente, eso sí, con Cataluña.