China pide a España que no anime a los separatistas tras la admisión de una querella sobre las revueltas en Tíbet

PEKÍN, 7 (De la corresponsal de EUROPA PRESS, Débora Altit)

El Gobierno chino pidió hoy a España que no dé voz a las "fuerzas separatistas" tibetanas permitiendo la admisión a trámite de querellas o la celebración de juicios de sucesos como los disturbios que se registraron en Tíbet el año pasado, en los que podrían haber muerto unas 200 personas.

"Solicitamos a las partes implicadas que respeten la leyes internacionales y de las relaciones diplomáticas y no inciten a las fuerzas separatistas", declaró hoy en una rueda de prensa regular Ma Zhaoxu, uno de los portavoces del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Ma tan sólo se limitó a agregar ante la prensa que los hechos ocurridos en Lhasa, la capital de Tíbet, en marzo del año pasado constituyeron un "grave crimen" de gran violencia. "El Gobierno chino tiene derecho a manejar el asunto de acuerdo con la ley", afirmó el portavoz.

La respuesta de Pekín se produce después de que el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz cursara una solicitud ante las autoridades judiciales chinas para interrogar a ocho responsables políticos chinos por su presunta responsabilidad en las violentas revueltas de Lhasa. Entre los imputados se incluyen tres ministros, los de Defensa, Seguridad del Estado y Seguridad Pública.

La querella fue interpuesta en agosto pasado por varias organizaciones tibetanas. Mientras que, según Pekín, en los disturbios de Lhasa sólo murieron 18 civiles, la mayoría asfixiados o abrasados en los fuegos iniciados por los agitadores, fuentes tibetanas en el exilio aseguran que en la campaña de represalia posterior llevada a cabo por el Gobierno chino en toda la región de población tibetana fallecieron dos centenares de personas.

El portavoz, no obstante, evitó señalar si tiene previsto algún tipo de actuación diplomática hacia España por la querella admitida por el juez, de forma similar a las medidas que impuso contra Francia por las muestras de apoyo del presidente galo, Nicolas Sarkozy, a la causa tibetana hasta que París se decidió a dar marcha atrás públicamente.