Sharif reemerge del olvido con posibilidades de convertirse en el gran refuerzo político de Pakistán

El regreso del ex primer ministro a un eventual gobierno de coalición es el objetivo de EEUU para apaciguar el país

MADRID, 10 (EUROPA PRESS)

A pesar de que el presidente estadounidense, Barack Obama, expresaba el pasado miércoles su apoyo total y absoluto al Gobierno paquistaní, pocos creen que la administración del presidente Asif Ali Zardari pueda recuperar su fuerza política sin la ayuda del ex primer ministro y líder opositor, Nawaz Sharif.

La intención de EEUU es alimentar las posibilidades para la formación de un gobierno de coalición que supondría para Sharif su regreso por todo lo alto a la cúpula política, tras haber sido derrocado hace diez años en el golpe de estado incruento que llevó al poder al entonces general Pervez Musharraf.

Tras el golpe, Sharif abandonó el país para exiliarse en Londres, y su antigua mayoría parlamentaria se vio reducida a unos míseros 16 escaños. Aún peor, incluso cuando Estados Unidos convenció a Musharraf para que dejara regresar a su rival, la fallecida Benazir Bhutto y su ahora viudo, el presidente Zardari, Sharif fue convenientemente olvidado por su relación con los elementos islamistas.

Al final, Zardari regresó a Pakistán sin ningún tipo de garantías. Su partido terminó segundo en los comicios que terminaron desbancando a Musharraf. Ahora, mientras la imagen de Zardari cae en picado, Sharif emerge como improbable salvador del país, mientras Estados Unidos le alienta a que forme un Gobierno de coalición capacitado para enfrentarse a la amenaza talibán.

"La percepción, ahora mismo, es que Zardari no puede gobernar el país", declaró el editor del diario 'Daily Times', Najam Sethi. La pieza fundamental para enfrentarse a los talibán, el Ejército, sólo planificará una ofensiva general si cuenta con el apoyo del público. Este hecho, junto con el enfriamiento de las tensiones étnicas en Karachi y los ligeros indicios de restablecimiento económico, son factores que alimentan la posibilidad de un Gobierno de unidad. Más aún, ambos líderes desean el establecimiento de relaciones normalizadas con India.

La administración Bush había condenado a Sharif al ostracismo, citando como motivo la relación entre el político y la derecha islamista, siguiendo las directrices de los enemigos internos de Sharif, que le acusaban de haber intentado autoproclamarse con el título islámico de "Comandante de los Fieles" y de introducir la Sharia (ley islámica) en el país. Ambos intentos fueron inutilizados por el senado. No obstante, Sharif ha negado en todo momento su relación con elementos fundamentalistas y ahora Washington parece querer emplearle como vínculo de aproximación con los elementos teocráticos de Pakistán.

NEGOCIACIONES DIFÍCILES

De esta forma, el magacín 'Time' apunta que las negociaciones auspiciadas por Reino Unido y Arabia Saudí, animan en privado a los lugartenientes de Zardari a entablar relaciones con sus homólogos de Sharif. Hasta ahora, no obstante, parece que la rivalidad tradicional entre ambos grupos está siendo un importante obstáculo para los acercamientos.

Algunos analistas políticos indican, en este sentido, que el escepticismo es la nota predominante. "Va a ser un ejercicio político muy difícil", afirma el ex diplomático Riaz Kojar. "Es como mezclar agua con aceite porque el nivel de desconfianza entre estos dos grandes líderes, Sharif y Zardari, es muy alto. Ideológicamente hablando, se encuentran en frecuencias de ondas distintas".

Las divisiones que terminaron con el débil Gobierno de unidad formado tras las elecciones del año pasado se tradujeron en violentas protestas callejeras el pasado mes de febrero cuando la oposición política se dio cuenta de que Zardari no tenía intención de restituir a gran parte de la Adjudicatura --entre ella a jueces del Supremo, incluyendo al presidente Iftijar Chaudry-- depuesta por Musharraf.

"Es un secreto a voces que muchos amigos de Pakistán desean un Gobierno de unidad", declaró el portavoz del partido de Sharif, la Liga Musulmana-N, Ahsan Iqbal. "Se han dado cuenta de que nuestro partido goza del apoyo popular, pero el caso es que ya hemos dejado muy claro que apoyamos completamente al Gobierno en todos los temas de interés nacional".

Iqbal, no obstante, considera que Zardari no ha demostrado "seriedad alguna" a la hora de poner en marcha las reformas constitucionales acordadas entre los dos partidos, y que devolverían el país a un modelo pre Musharraf, donde la Presidencia ostentaba un papel testimonia, y el Gobierno funcionaba a las órdenes del primer ministro.

Según un importante líder del partido de Sharif, el ex primer ministro está considerando los riesgos que comporta unirse a un Gobierno de por sí bastante mermado como es el de Zardari. "Si no nos unimos al Gobierno y el Gobierno fracasa, la alternativa somos nosotros. Si nos unimos al Gobierno, y el Gobierno resulta desacreditado, entonces ¿cuál es la alternativa?. Los extremistas", apunta la fuente anónima. "Si queremos que la democracia funcione, lo que hace falta es una oposición fuerte. Además hay que tener en cuenta que seríamos un socio menor de coalición: no podemos dictar una agenda", declaró.

El equipo de Zardari se muestra dividido. "Me parece una buena idea que Nawaz se incorpore al Gobierno y comparta nuestra carga", explica un alto miembro del Gobierno, también bajo el anonimato. Sin embargo, algunos asesores de Zardari critican la "presión" injustificada que Sharif está ejerciendo para incorporarse al Gobierno, con Washington tras la cortina, intentando manipular la política del país entre bambalinas.

Washington había recibido duras críticas en Afganistán por intentar salvar la cara de Musharraf, considerado por gran parte de la comunidad internacional como un dictador militar. Lo mismo está sucediendo con la posición actual de Sharif. "La solución duradera tiene que partir de Afganistán. Cualquier solución manufacturada en Washington, Londres o Riad tendrá un éxito limitado", indicó Kojar.