Lo que los políticos catalanes deben aprender de los políticos vascos

  • Están demostrando –comparados con los vascos, por ejemplo- que son mediocres y no saben defender los intereses de los catalanes.

  • Es cierto que el concierto económico vasco es especial y ventajoso, pero los políticos de Cataluña podrían jugar mejor sus cartas para conseguir sin tanto jaleo algunas ventajas

Carles Puigdemont e Iñigo Urkullu

Carles Puigdemont e Iñigo Urkullu

Cuando los vascos (y la policía) detuvieron el terrorismo y la violencia de ETA, el País Vasco retomó la senda de su prosperidad económica, social y política. Ahora, a pesar de que los radicales filoetarras siguen pululando en algunas órbitas políticas, los vascos viven en paz y sacan pecho económico bajo el paraguas de un PNV que lo controla todo y domina las apuestas de futuro.

Gracias a su habilidad negociadora y a las múltiples necesidades de Mariano Rajoy, el Gobierno vasco sacará una buena “tajada” económica por apoyar los presupuestos del Gobierno de la nación. Además de dinero –varios miles de millones en cinco años- y de infraestructuras como la llegada ¡por fin! del AVE, el Gobierno del PNV se aseguró además ya en marzo el apoyo recíproco –en forma de abstención- de los populares para aprobar sus Presupuestos.

En esta negociación destaca el empeño de Rajoy por tener una legislatura estable dentro de las posibilidades de un Gobierno en minoría. No olvidemos que podría convocar ya nuevas elecciones si quisiera, algo que, según sus palabras, evitará a toda costa por el bien de España y de los españoles. Y quizá no le falte razón. Más allá de las mociones de censura propagandistas de Podemos, la tremenda sangría de corrupción que aflora en el PP, y el desnortado PSOE, España y los españoles precisan, tras la dura crisis, un periodo de productiva estabilidad.

Estabilidad y prosperidad que en Cataluña no huelen ni de lejos. Antes deberían desactivar esa especie de “terrorismo” independentista que impide toda prosperidad. Los políticos catalanes están demostrando –comparados con los vascos, por ejemplo- que son mediocres y no saben defender los intereses de los catalanes.

Es cierto que el concierto económico vasco es especial y ventajoso, pero los políticos de Cataluña podrían jugar mejor sus cartas para conseguir sin tanto jaleo soberanista, que no produce ninguna mejora social, algunas ventajas reales. La imagen que están dando desde hace años los políticos que gobiernan en Cataluña es de lo más decepcionante y penosa. No consiguen mejoras económicas ni sociales, más bien lo contrario, y sólo han logrado como gran hito histórico dividir a la sociedad por culpa de la ruinosa quimera secesionista.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero en este caso son necesarias. Íñigo Urkullu ha sabido sacar –negociando y pactando- grandes beneficios para el País Vasco, respetando la Constitución y las reglas del juego democrático de un Estado de derecho, y sin abandonar por ello sus “nacionalistas” aspiraciones. Mientras tanto, Cataluña, por culpa de la ceguera y la mediocridad de las fuerzas políticas independentistas, se ha visto rebajada y mal representada, y por ende perjudicada en todos los frentes. La obsesión soberanista ha trastocado a gran parte de los políticos catalanes que ya no son capaces de distinguir cuáles son las verdaderas necesidades del pueblo catalán, y para lo que han sido elegidos. Que tomen buena nota de los políticos vascos si quieren que Cataluña vuelva a ser “rica i plena”.