¿Es Bruselas un cementerio para políticos?

Las elecciones europeas no suelen movilizar en masa a los votantes en España a tenor de los datos discretos de participación: un 54.6% en 1989, un 59.1% en 1994 o un 45.94% en 2004 son los mejores ejemplos. Sólo en dos ocasiones se registró una concurrencia más importante: en 1987, cuando un 68,9% del censo acudió a votar (era la primera vez que los españoles pudieron hacerlo) y en 1999, cuando un 63% de los votantes decidieron acortar la distancia entre socialistas y populares sólo un año antes de que José María Aznar consiguiera la mayoría absoluta en las elecciones generales.

Aunque en la mente de los ciudadanos el Parlamento Europeo pueda parecer algo lejano y poco influyente en su vida diaria, estos comicios sirven como termómetro para saber cómo evoluciona el ánimo de los votantes de cara a futuras elecciones nacionales. Las elecciones europeas de este año no son una excepción: los sondeos prevén un fuerte voto de castigo contra el Partido Socialista a causa de su gestión de la crisis.

Pero detrás de que a la gente le interesen o no estas elecciones no hay un motivo de perfil político: muchos de los representantes de los partidos en Europa son viejos conocidos de la política nacional que inician un viaje a las instituciones europeas, muchas veces sin retorno. Hay perfiles incómodos para los partidos por su perfil crítico a los que se ‘exilia’, personajes que se entiende que ya han cumplido un ciclo y a quienes se ‘premia’ con un cargo bien remunerado y curricularmente atractivo y otros que se preparan para dar un hipotético salto de regreso a España cuando la situación se vuelva más propicia.

Caras conocidas entre los socialistas

El caso más paradigmático dentro de los socialistas era, hasta el momento, Josep Borrell: de ser una de las cabezas visibles del partido (junto con Almunia) en aquella traumática transición que tuvo el PSOE tras la salida de Felipe González a saltar a la Comisión Europea y, después, al Parlamento Europeo.

El nuevo equipo propuesto por la Ejecutiva socialista para estas elecciones, amén de ser una apuesta de Zapatero para intentar minimizar el voto de castigo del electorado a base de caras conocidas, es un buen ejemplo de tres tipos diferentes de nombramientos. El cabeza de lista, Juan Fernando López Aguilar fue ministro de Justicia hasta que Mariano Fernández Bermejo, hombre clara línea política, le sustituyera. A López Aguilar, uno de los mejor valorados del gabinete, se le encargó la conquista electoral de su tierra, Canarias, en las autonómicas: consiguió ganar, pero un pacto le dejó en la oposición.

La designación de López Aguilar puede ser interpretada como la vuelta a la política ‘de peso’ de uno de los hombres más carismáticos del PSOE, quizá como paso previo a algo más, dada su juventud. Caso bien diferente es el de su ‘número dos’, Ramón Jáuregui: eterno ministrable, hasta ahora negociador de alianzas en el Congreso, el político vasco ha entrado ya en la sesentena, lo que hace difícil un regreso a la política nacional tras el periplo europeo. Otro ejemplo, la ‘número tres’, Magdalena Álvarez: la hasta hace poco ministra de Fomento salió entre duras críticas del Gobierno y su designación se interpreta como un agradecimiento al trabajo realizado.

Línea dura en el PP

En el lado popular también hay de todo. Desde presuntos implicados en tramas de corrupción, como Gerardo Galeote, hasta ex responsables policiales salpicados por la gestión de los atentados del 11-M que hizo el entonces Gobierno de Aznar, como Agustín Díaz de Mera. En medio, un periodista como Luis Herrero, que durante años sirvió como altavoz mediático a los postulados del partido o políticos como Carlos Iturgaiz que, tras dirigir la rama vasca del partido en los años más complicados ve ahora desde Bruselas cómo sus antiguos compañeros cobran una importancia vital en el primer Gobierno no nacionalista de Euskadi.

Pero los que más destacan, sin duda, son sus dos cabezas de cartel. Por una parte Jaime Mayor Oreja, también ex ministro, también ex cabeza de cartel en el PP vasco, conocido por ser de los más críticos en el seno del partido, especialmente tras la salida de María San Gil del mismo por discrepancias con Mariano Rajoy. Junto a él, Alejo Vidal-Quadras, un político de larga trayectoria y perfil duro que tantas veces se enfrentó como Josep Piqué en el seno del partido en Cataluña.

Nacionalistas con galones

No todo se dirime entre PSOE y PP: también PNV y CiU tienen a políticos conocidos representándoles en Europa. En el caso de los vascos se trata de Josu Ortuondo, ex alcalde de Bilbao, ex director de EiTB y uno de los eurodiputados más veteranos, con diez años de experiencia a sus espaldas.

Y no todo es ir a morir (políticamente hablando) a Bruselas. En el lado catalán, Ignasi Guardans abandonó recientemente su asiento para dirigir la Academia del Cine bajo propuesta de Mª Ángeles González Sinde, ministra de Cultura.