El escritor Khaled Hosseini destaca la "dignidad humana" de los refugiados sursudaneses en Uganda


MADRID|

El autor de 'Cometas en el cielo' alaba el espíritu de quienes han visto "lo peor de la humanidad"

La violencia que desde diciembre de 2015 sacude Sudán del Sur ha obligado a cientos de miles de personas a abandonar el país para escapar de una barbarie que en muchos casos puede costarles la vida. Al otro lado de la frontera, retoman una vida marcada por la barbarie pero en la que aún hay hueco para la solidaridad.

El escritor Khaled Hosseini, de origen afgano, visitó a principios de este mes la frontera norte de Uganda, hasta donde han llegado ya 800.000 de los 1,5 millones de sursudaneses que han abandonado su país. Recorrió varios distritos y habló con algunos de estos refugiados, algunos de ellos llegados sólo "unos minutos antes".

"Las historias que me contaban eran horribles", ha recordado Hosseini en una entrevista para Europa Press. Casos de violencia, abusos sexuales, secuestros, incautación de bienes salpican las vidas de un colectivo conformado, "en su mayoría", por mujeres y niños.

Sin embargo, el autor de 'Cometas en el cielo' se queda también con el ejemplo que representa una comunidad que pese a haberlo perdido todo sigue mantienen la "dignidad humana". Personas "que lo han perdido todo" y se han enfrentado "a lo peor de la humanidad" y que, aun así, dan "ejemplo".

"Es algo que he visto una y otra vez cuando he visitado campos de refugiados, da igual donde vaya", ha destacado Hosseini, que como embajador de buena voluntad del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha podido conocer sobre el terreno la labor de esta agencia en Chad, Irak y Jordania.

En el caso de Uganda, Hosseini ha destacado ejemplos de superación como el de Aisha, que escapó de Sudán del Sur junto a dos hijos el año pasado, después de que su marido la abandonara. La huída no fue fácil y "casi mueren al ser interceptados en un puesto de control" en el que los militares les robaron todas sus pertenencias "a punta de pistola".

Aisha y sus hijos llegaron a Bidibidi, un enclave en expansión que no era entonces el "enorme" campamento que es hoy --actualmente alberga a unas 270.000 personas--.

"A pesar de las cosas horribles que vio en su país", esta joven aún tenía "hueco en su corazón" y aceptó ser la madre de acogida de un niño discapacitado al que su familia había abandonado. Este niño, de tres "o como mucho" cuatro años, no camina ni come solo y tiene paralizada la parte derecha de su cuerpo, ha contado Hosseini.

FRONTERAS ABIERTAS

Uganda está, en palabras del máximo responsable de ACNUR, Filippo Grandi, "al límite", en la medida en que se ha visto afectada por la que ya está considerada como la mayor crisis de refugiados de África. Sin embargo, su política de puertas abiertas es vista como un modelo de solidaridad y desarrollo.

"Hay que aprender del ejemplo de Uganda", ha reclamado Hosseini, que sólo tiene buenas palabras para un país que ha sido capaz de ser consciente de su propia historia. De hecho, en su reciente visita al país africano pudo conocer a un refugiado hijo a su vez de un ugandés que escapó a Sudán del Sur a mediados de la década de los ochenta del siglo pasado.

Como otros refugiados, se beneficia de un enfoque de acogida que el novelista ha descrito como "sostenible". Les permite "iniciar un camino para ser autosuficientes" sin dejar de lado la "dignidad", gracias a una política "muy progresista" que combina el enfoque humanitario y de desarrollo.

Las autoridades ugandesas han variado los habituales campos de refugiados por asentamientos cedidos donde los sursudanesas tienen no sólo "libertad" para vivir y moverse, sino donde también pueden seguir vinculados al sistema educativo o iniciar sus propios negocios. Para Hosseini, es "inspirador" a la par que "inteligente".

VOLVER A CASA

El caso de Uganda contrasta con el enfoque adoptado por países desarrollados, si bien Hosseini ha hecho hincapié en que ningún refugiado busca llegar a Estados Unidos o Europa como primera opción. "Todos los refugiados a los que he conocido en algún momento de mi vida, sean de Sudán del Sur, de Darfur, de Afganistán o de Siria, lo que quieren es volver a casa", ha recordado.

"No están ansiosos por ser reubicados en un país como Estados Unidos o Canadá o cualquiera de Europa, prefieren volver a casa". Hasta entonces, ha añadido, necesitan "un lugar al que puedan llamar hogar" y donde "reiniciar la vida con algo de dignidad y autosificiencia".

Por este motivo, ha instado a todos los países a no plantear como "excluyentes" los debates sobre "seguridad" y "compasión" cuando se trata de refugiados, especialmente en países occidentales. El 86 por ciento de los refugiados viven actualmente en países en desarrollo que "ya tienen sus propios problemas".

Para el escritor, como telón de fondo subyace una pregunta: "¿Qué tipo de sociedad quieres ser y dejar para tus hijos?". "Espero que la respuesta sea que una en la que se respete el principio de solidaridad y dignidad humana, algo que en gran medida he visto al visitar el norte de Uganda", ha apostillado.

El propio Hosseini se vio obligado en 1979 a "empezar de cero" en un país extranjero. La invasión soviética de Afganistán les sorprendió a él y a su familia en París, donde su padre trabajaba como diplomático, y se vieron obligados a pedir asilo en Estados Unidos.

El autor de 'Mil soles espléndidos' ha admitido que su situación no es la misma que la de los sursudaneses, en la medida en que él no vivió en un campo de refugiados y pasó de vivir en Europa a hacerlo en Estados Unidos, pero sí que es consciente de lo que supone "dejar todo lo que tienes atrás y empezar una nueva vida".

LABOR "INDISPENSABLE"

Es "complicado" abandonar "todo con lo que estabas familiarizado", ha reconocido, por lo que ha llamado a ayudar a quienes luchan por salir adelante en contextos hostiles. ACNUR realiza en Uganda tareas de protección, refugio, registro y ayuda de primera necesidad, una labor "absolutamente indispensable" en opinión del escritor.

En este sentido, ha subrayado que los refugiados llegan "exhaustos" y ya en un primer momento ACNUR les da "una comida caliente y un lugar donde pasar la noche". Al día siguiente, son sometidos a un examen "exhaustivo" para conocer no sólo de dónde vienen, sino también cuál es su situación nutricional y médica.

ACNUR sólo ha recibido el 6 por ciento de los 1,2 millones de dólares requeridos para atajar la emergencia relativa a Sudán del Sur. Hosseini ha advertido del riesgo de "fallar a millones de personas" y ha instado a la comunidad internacional a preguntarse si ésta es la sociedad de la que estamos "orgullosos".

La consigna de "éste no es mi problema" no debería servir para este tipo de situaciones, a su juicio, toda vez que considera que la presión migratoria "es una carga que toda la comunidad internacional debe compartir". Para el escritor, es "injusto" que países como Uganda se vean prácticamente solos.

Hosseini ha señalado también que, en este caso concreto, la situación es especialmente volátil, con ciclos de violencia "impredecibles". El año pasado hubo días en los que llegaron a cruzar la frontera entre Sudán del Sur y Uganda alrededor de 6.000 personas.

Su mensaje coincide con el de Grandi, que también afeó recientemente la escasa relevancia de una de las principales crisis humanitarias que están teniendo lugar en todo el mundo: "La falta de atención internacional hacia el sufrimiento del pueblo sursudanes supone fallar a las personas más vulnerables del mundo cuando más necesitan nuestra ayuda".