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Vivir bajo la mirada de las cámaras de seguridad en el Reino Unido


Obra del famoso artista británico Banksy, cercana a una cámara de seguridad

Obra del famoso artista británico Banksy, cercana a una cámara de seguridad

“¡Te hemos pillado!” Prácticamente en cualquier parte de Gran Bretaña se puede oír esta frase. Donde quiera que vaya, haga lo que haga, lo más probable es que alguien escondido en un búnker esté supervisando las cámaras de seguridad de la calle donde va a cometer la falta: "¡Te hemos pillado!".

Gran Bretaña tiene más cámaras de circuito cerrado que ningún otro país del mundo. Hay tantas que el número exacto no se sabe, pero las estimaciones las situán en torno a los 4,8 millones, es decir, casi una por cada 12 personas.

Sólo en Londres, existe medio millón de cámaras. La cifra es fiable porque hace un año la policía de Londres la mencionó cuando anunciaba los planes de seguridad para los Juegos Olímpicos de 2012. Los agentes cuentan con 10.000 cámaras instaladas en la capital británica. Las otras 490.000 son propiedad de tiendas, ciudadanos particulares, consejos municipales y el servicio de transporte de Londres, que opera el metro y las líneas de autobuses. Si la policía mantiene sus planes para 2012, será la primera vez que se integren todas las cámaras de la ciudad.

Esto es lo que preocupa a los defensores de las libertades individuales. Existe una enorme infraestructura de vigilancia y, en realidad, nadie es responsable de ella, indica Guy Herbert, uno de sus miembros. No hay prácticamente ninguna normativa sobre las cámaras de circuito cerrado. Por ejemplo, no hay una legislación que regule el uso de las grabaciones, argumenta Herbert, y esto ha dado lugar a algunos abusos. "Hay situaciones en que se han vendido las imágenes para entretenimiento público".

Venta de imágenes domésticas

La gente que supervisa las cámaras ha vendido imágenes de todo, desde parejas en actitud romántica en el salón de su casa o hijos de famosos saliendo de sus coches en estado de embriaguez, hasta cintas con las acrobacias al volante más descabelladas. Aquellos cuyas imágenes han sido vendidas son claramente identificables y nadie ha sido consultado. Según Herbert, es una invasión de la intimidad.

Otra preocupación: la policía puede exigir las grabaciones a cualquiera que tenga una cámara y no hace falta una orden judicial. "No tienen nada de malo las imágenes que graba una tienda o la policía", afirma Herbert. "Pero se deben usar con un propósito y las cintas no se deberían mantener a perpetuidad".

El auge de las cámaras de seguridad como herramienta policial se remonta a los años 80, cuando la violencia en los estadios estaba fuera de control. Con el apoyo de la policía, los equipos de mayores recursos, como el Manchester United, comenzaron a instalarlas en sus estadios y en los vestíbulos exteriores, donde normalmente se producían incidentes. Las cámaras eran vistas como un triunfo en los estadios.

Punto de inflexión

Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, el uso de las cámaras se extendió drásticamente. La lucha contra el crimen y el terrorismo son las principales justificaciones del incremento de las cámaras de vigilancia. Sin embargo, según las cifras del gobierno británico, el 80% de las imágenes captadas son de mala calidad y no ayudan a la investigación policial. Herbert destaca que "las cámaras no son útiles para prevenir ataques terroristas, sólo sirven después del hecho para tener un documento visual de lo sucedido".

De hecho, la verdadera razón detrás del crecimiento de las cámaras parece ser bastante más mundana: el dinero –mucho- de los conductores que infringen la ley.

El año pasado, el distrito londinense de Camden, con sólo 130 cámaras, recaudó 26,3 millones de libras (alrededor de 29 millones de euros) en multas captadas por las cámaras. Esta cifra se logró en un único distrito de los 32 que conforman la capital británica. El consistorio no dice cuánto cuesta operar el sistema de cámaras ni los salarios de las docenas de personas que revisan y envían las multas, pero es una manera eficiente de recaudar más dinero sin subir los impuestos. Camden no pierde dinero con el sistema de circuito cerrado de televisión.

Pero Camden no está solo. Otros distritos de Londres usan las imágenes de la misma manera: para mantener mi integridad periodística, debo decir que he recibido tres notificaciones en los últimos años, recogidas con cámaras de televisión. Sólo una de ellas era legítima, las otras tenían circunstancias atenuantes, pero no se puede luchar contra el ayuntamiento o las pruebas fotográficas.

Jacqui Smith, la ministra británica de Interior, ha pedido "normas de sentido común" para el uso de las cámaras. Herbert quiere algo más: legislación que establezca las normas de funcionamiento de manera que no se infrinja la intimidad, y la creación de una "autoridad responsable" de la red de circuito cerrado.