La Junta restaura tres torres campanario de Zamora con una inversión de más de 156.000 euros

ZAMORA, 16 (EUROPA PRESS) La Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León dio hoy por concluida la campaña de restauraciones en tres de las torres campanarios más emblemáticas de la provincia de Zamora, como son la de Santa María de Tábara del siglo XII, la barroca de San Miguel de Vezdemarbán del siglo XVIII y la de Santa María del Castillo de Fuentesaúco de comienzos del siglo XVIII, interviniendo en esta última conjuntamente con el Obispado de Zamora, según informaron fuentes de la Delegación Territorial de la Junta en Zamora. Cada una de las torres presentaba unas condiciones diferentes, lo cual ha supuesto que también se han seguido métodos distintos a la hora de actuar en ellas. Aún así, tienen la característica común de tratarse de obras que por sus dimensiones y por estar expuestas directamente a los agentes ambientales y biológicos implican intervenciones complejas desde el punto de vista técnico y económico. En la torre de Santa María de Tábara el estado de deterioro generalizado de la estructura de madera obligó a su sustitución total por otro sistema idéntico ejecutado con piezas nuevas. El presupuesto de la obra fue de 47.650 euros. En los cuerpos superiores de iglesia de San Miguel de Vezdemarbán, ejecutados con ladrillos y con revocos de cal perdidos a lo largo de los años, se optó por mantener la imagen actual llevando a cabo labores de reintegración de las piezas cerámicas desintegradas y la recuperación de la rica decoración de sus molduras a través de la utilización de morteros de cal tradicionales. La inversión realizada fue de 41.591 euros. En el caso de Santa María de Fuentesaúco la situación de las fábricas de piedra de los cuerpos superiores de la torre era alarmante debido a los desperfectos provocados por fallos estructurales y por las numerosas cigüeñas y palomas que allí anidan y se posan. En este caso se optó por la eliminación de los nidos, la restauración de grietas y fisuras, el anclaje de la balaustrada y el repaso de la cubierta de remate, lo que implicó una inversión de 67.000 euros. Durante las obras se comprobó que el reloj se había dispuesto empotrado en una pared de ladrillo que recortaba los remates de piedra lo que llevó a tomar la decisión siempre controvertida de la disposición de uno nuevo en un cuerpo inferior con el fin de recuperar la imagen que la torre tendría hace casi trescientos años. Finalmente se dispusieron mallas de cierre en los huecos del campanario para frenar el acceso de aves al interior.