El Vicecustodio de Tierra Santa dice que el Papa dará esperanza a "iglesia enferma"

  • Jerusalén, 10 may (EFE).- El papa Benedicto XVI viaja mañana a Israel y Cisjordania para "dar esperanza a una iglesia enferma" tras décadas de reducción del número de católicos en la región, asegura el vicecustodio de los Lugares Santos, Artemio Vítores.

Jerusalén, 10 may (EFE).- El papa Benedicto XVI viaja mañana a Israel y Cisjordania para "dar esperanza a una iglesia enferma" tras décadas de reducción del número de católicos en la región, asegura el vicecustodio de los Lugares Santos, Artemio Vítores.

"Su misión como padre y pastor es encontrarse con una iglesia empobrecida" y "mostrar que continuar viviendo en Tierra Santa merece la pena, porque es un símbolo para todos los cristianos", argumenta Vítores en una entrevista con Efe en el Convento de San Salvador en Jerusalén, la sede central de los franciscanos en la zona, de la que fue superior durante tres años.

El vicecustodio insiste en que el jefe de la Iglesia Católica y el Estado Vaticano "viene a Tierra Santa como cristiano" porque "un papa es ante todo un cristiano".

"Trae también una esperanza de paz, de que se puede convivir", así como una "visión muy positiva del mundo judío, no por cuestiones políticas, sino bíblico-teológicas", pues el cristianismo encuentra sus raíces en la religión hebrea.

Vítores es la segunda autoridad franciscana en Tierra Santa, tras el Custodio, el italiano Pierbattista Pizzaballa, y no ha parado en los últimos días con los preparativos de la visita de Benedicto XVI a Jordania, Israel y Cisjordania hasta el próximo jueves.

Se trata del tercer peregrinaje papal a Tierra Santa en los dos milenios de historia de la Iglesia Católica, tras el de Pablo VI en 1964 y el de Juan Pablo II en 2000.

Cada uno encontró la zona más vacía de cristianos y, por tanto, de católicos.

Vítores, nacido en la ciudad española de Palencia el mismo año de la creación del Estado de Israel (1948), ha sido testigo de esta tendencia desde que se estableciera en Jerusalén en 1970.

En la ciudad santa, por ejemplo, los cristianos -en su inmensa mayoría árabes- eran aproximadamente un quinto de la población en 1948, mientras que ahora apenas suponen el 1,4 por ciento.

La situación es similar en las otras dos localidades en Israel y los territorios palestinos que recorrerá el sumo pontífice: Nazaret (un 57% de cristianos hace 61 años, ahora un 32%) y Belén (del 70% de 1967 al 15% actual).

Los demógrafos atribuyen esta pérdida de peso porcentual a la expulsión, huida y posterior emigración de la población palestina, tanto de la minoría cristiana como de la mayoría musulmana, sumada a las oleadas de emigración judía al Estado de Israel.

Además, la comunidad cristiana empequeñece década tras década porque la media de fertilidad entre las familias musulmanas en Cisjordania ronda los siete hijos, mientras que los hogares cristianos se contentan con traer al mundo unos tres o cuatro descendientes.

Vítores echa de menos, sin embargo, un pequeño empujón por parte del mundo cristiano.

"Estados Unidos ayuda a Israel, los países árabes ayudan a los musulmanes, ¿por qué los países cristianos no ayudan a los cristianos?", lanza haciéndose eco de una pregunta frecuente entre los seguidores de Jesús en Tierra Santa.

A eso se une que "Israel ha hecho poco por ayudar a los cristianos", lamenta Vítores, doctor en Teología Dogmática por la Universidad Gregoriana de Roma, quien calcula en 300.000 el número de cristianos que han dejado la zona desde 1948.

La solución, propone, es "fomentar la presencia cristiana local y el cristianismo de origen judío, así como las peregrinaciones, porque en Jerusalén nos miramos todos y la presencia del peregrino da un apoyo moral".

Vítores se muestra escéptico sobre la posibilidad de que el futuro del cristianismo en la región pase por el más de un millón de habitantes de la extinta Unión Soviética que emigraron a Israel al tener al menos un abuelo judío pero que, en un número indeterminado de casos, profesa en realidad el cristianismo, a veces a escondidas.

"No espero mucho de ellos porque están de paso, pues vinieron huyendo del hambre", señala tras exclamar preocupado: "¡Esto se acaba!".