Rouco asegura que la democracia no puede funcionar bien como mero juego de mayorías

  • Madrid, 20 abr (EFE).- El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), cardenal Antonio María Rouco, afirmó hoy, parafraseando a Juan Pablo II, que la democracia no puede funcionar bien como mero juego de mayorías y minorías con independencia de su sustrato ético.

Rouco asegura que la democracia no puede funcionar bien como mero juego de mayorías

Rouco asegura que la democracia no puede funcionar bien como mero juego de mayorías

Madrid, 20 abr (EFE).- El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), cardenal Antonio María Rouco, afirmó hoy, parafraseando a Juan Pablo II, que la democracia no puede funcionar bien como mero juego de mayorías y minorías con independencia de su sustrato ético.

El también arzobispo de Madrid hizo esta advertencia durante el discurso que pronunció en la sesión de apertura de la Asamblea Plenaria de los Obispos, que permanecerá reunida hasta el próximo viernes, y al referirse a la reforma de la ley del aborto.

Para Rouco, "cuando la crisis de la conciencia moral en la sociedad afecta a un bien tan decisivo como es la vida humana y el derecho a la misma, no es de extrañar que la crisis moral pueda extenderse, y de hecho se extienda, a otros aspectos de la existencia de las personas y de las sociedades".

En los regímenes participativos -dijo también el cardenal- "la regulación de los intereses se produce con frecuencia en beneficio de los más fuertes, que tienen capacidad para maniobrar no sólo las palancas del poder, sino incluso la formación del consenso. En una democracia así, la democracia se convierte fácilmente en una palabra vacía".

En su discurso, el presidente de la CEE se refirió también a la asignatura de Educación para la Ciudadanía y reivindicó de nuevo el derecho "fundamental e inalienable de los padres y de las escuelas en colaboración con ellos a educar a sus hijos en los principios morales y religiosos que libremente asumen y cultivan".

El Estado, agregó, "no puede ignorar tal derecho básico si no es cegando las fuentes de la sustancia moral capaz de configurar y de alimentar al sujeto moral y, en definitiva, al ciudadano responsable".

Y puntualizó que "se violan los derechos de los padres y de las escuelas cuando se impone legalmente a todos una determinada visión antropológica y moral, es decir una formación estatal de las conciencias".

Tras afirmar que algunas de las cuestiones que en materia de Educación son objeto de discusión entre la Iglesia en España y el Gobierno, podrían resolverse con voluntad de diálogo, el presidente de la CEE se refirió a la crisis económica, afirmando que también la crisis de la conciencia moral afecta no sólo a los campos de los derechos fundamentales, sino también el derecho al trabajo.

"Bastantes y cualificados especialistas consideran -dijo Rouco- que las muy graves dificultades que padece nuestra economía, en el marco de una crisis de carácter mundial, también tienen que ver con una crisis global de naturaleza ética".

Y añadió que "sin un cambio profundo de mentalidad y de actitudes, a la luz de una conciencia moral rectamente formada, es decir de una verdadera conversión personal y social, difícilmente se remontará esta grave crisis, cuyas dimensiones y horizontes se muestran tan inciertos e imprevisibles".

En su discurso, Antonio María Rouco habló también de los preparativos para la Jornada Mundial de la Juventud de agosto de 2011, en Madrid, y la decisión de Benedicto XVI de convocar un "Año sacerdotal" desde el próximo 19 de junio hasta la misma fecha de 2010.

En este punto, y en torno a la necesidad de la formación espiritual permanente del presbítero, dijo que es importante fomentar en los sacerdotes, sobre todo en las generaciones jóvenes, "una correcta recepción de los textos del Concilio Vaticano II, interpretados a la luz de todo el patrimonio doctrinal de la Iglesia".

Y, citando al Papa, aseveró que "si se piensa en nuevas estructuras u organizaciones pastorales no deben ser pensadas para un tiempo en el que se debería prescindir del ministerio ordenado, partiendo de una interpretación errónea de la debida promoción de los laicos".

"Porque en tal caso -precisó- se pondrían los presupuestos para la ulterior disolución del sacerdocio ministerial y las presuntas soluciones coincidirían dramáticamente con las causas reales de los problemas actuales relacionados con el ministerio".