El Papa pide a los hombres que abran su corazón a Cristo para que "nos limpie del veneno del pecado"

MADRID, 12 (EUROPA PRESS)

El Papa Benedicto XVI pidió a los hombres hoy, Domingo de Resurrección del Señor, durante la Homilía pronunciada en el marco de la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, que abran su corazón a Cristo para que "nos limpie del veneno del pecado".

Durante el rito, en el que participaron fieles romanos y peregrinos procedentes de todas las partes del mundo para celebrar la fiesta pascual, el Santo Padre dijo: "Queridos hermanos y hermanas, acojamos la invitación del Apóstol (San Pablo); abramos el corazón a Cristo muerto y resucitado para que nos renueve, para que nos limpie del veneno del pecado y de la muerte y nos infunda la savia vital del Espíritu Santo: la vida divina y eterna".

El Romano Pontífice explicó que Jesús transformó la antigua Pascua del pueblo judío, memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto, que prescribía el rito de la inmolación del cordero, porque en su pasión y muerte, se reveló como "el Cordero de Dios 'inmolado' en la cruz para quitar los pecados del mundo".

"Fue muerto justamente en la hora en que se acostumbraba a inmolar los corderos en el Templo de Jerusalén. El sentido de este sacrificio suyo, lo había anticipado Él mismo durante la Última Cena, poniéndose en el lugar -bajo las especies del pan y el vino- de los elementos rituales de la cena de la Pascua", añadió.

Así, relató, se comprende también la interpretación de san Pablo sobre los 'ázimos', ya que el Apóstol se refiere a una antigua costumbre judía, según la cual en la Pascua había que limpiar la casa hasta de las migajas de pan fermentado como recuerdo de lo que había pasado con los antepasados en el momento de su huída de Egipto, que, con prisa, sólo llevaron consigo panes sin levadura.

Pero, puesto que al mismo tiempo, los 'ázimos' eran un símbolo de purificación: eliminar lo viejo para dejar espacio a lo nuevo, ahora, como explica san Pablo, también esta antigua tradición adquiere un nuevo sentido, a partir del nuevo 'éxodo', que es el paso de Jesús de la muerte a la vida eterna.

Con todo, reclamó el Papa, puesto que Cristo se sacrificó por nosotros, también nosotros, "podemos y debemos ser 'masa nueva', 'ázimos', liberados de todo residuo del viejo fermento del pecado: ya no más malicia y perversidad en nuestro corazón".